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Opinión

PEDRO CAVIEDES: Una especie extinguida


El presidente de la FIFA, Joseph Blatter (der.) recibe la felicitación del vicepresidente de la entidad futbolística, Michel Platini, en Zurich, tras haber sido reelecto.
El presidente de la FIFA, Joseph Blatter (der.) recibe la felicitación del vicepresidente de la entidad futbolística, Michel Platini, en Zurich, tras haber sido reelecto. AP

Joseph Blatter, de 78 años de edad y actual presidente de la FIFA desde hace 17, acaba de ser reelegido para seguir en el cargo por 5 años más. No importó que apenas tres días antes fuesen encarcelados y pedidos en extradición desde Suiza hacia los Estados Unidos a 7 de sus más altos directivos, en una operación que destapó una red de corrupción a nivel mundial. El organismo que se encarga de regir y mantener el juego que distrae a cientos de millones de personas en el mundo, que crea héroes para la gran mayoría de los niños del planeta y que alimenta las ilusiones de otros tantos que ansían convertirse en profesionales, es tan corrupto como la peor de las dictaduras.

Sobornos caricaturescos como el del presidente de la Federación de la Concacaf que pidió a Inglaterra que para votar porque fuese sede del Mundial del 2018 tenían que hacerlo Lord, y cientos de millones de dólares repartidos para otorgar derechos de televisión, patrocinios y, sí, sedes de Copas América y Mundiales, son parte del menú de ‘diabluras’ que enlodan a la organización que antes de Blatter tuvo durante 25 años como director a Joao Avelange, quien también en su momento fue acusado de pedir sobornos a su favor.

El sistema funcionaba bastante sencillo; país que quisiera salir elegido o pagaba su cuota, o se olvidaba de ser sede, y que ni se le ocurriera denunciar, porque entonces su selección de fútbol podría ir olvidándose de participar en el Mundial. Y son estos personajes los encargados de sancionar y de velar por un sistema que es el sueño de miles que logran salir de la pobreza gracias a su talento deportivo. Me pregunto cuántos no habrán perdido su oportunidad, debido a que a uno de estos caníbales no se le pasó la suma que sus hambrientas fauces esperaba. Duele decirlo, pero estas prácticas de la FIFA cada vez son más comunes en todas las democracias y a todos los niveles, públicos y privados, más allá de países como Rusia o Venezuela, que parecen manejados desde y para la corrupción.

Un sistema como el de la FIFA se ve en muchas llamadas democracias, donde quien quiere contratar con el Estado tiene que obligatoriamente pagarle un soborno al alcalde, al gobernador, al ministro o al funcionario de turno. Se ve ya incluso hasta en la justicia de muchos países, donde los jueces dan y quitan sentencias de acuerdo al fajo de billetes que introduzcan en su toga. Y hasta se ha legalizado en las mejores, donde quien sale elegido ya no se le debe al pueblo que lo vota, sino a las corporaciones que pagaron sus campañas. De ahí que un senador de los Estados Unidos no crea en el cambio climático, simplemente porque quien más aportó para su campaña es una petrolera que quiere seguir quemando oro negro sin controles aunque el planeta se pudra.

Tiranos de décadas en las presidencias de los países cada vez hay menos, pero no así en las otras ramas del poder, donde los elegidos se eternizan; ni en las corporaciones; ni en los organismos como la FIFA, de los que depende el bienestar de tantos millones.

Parece que le estamos legando un mundo a nuestros hijos donde los que no paguen o reciban sobornos, serán, como los dinosaurios, una especie extinguida.

Me duele por el mundo que les espera.

www.pedrocaviedes.com

Esta historia fue publicada originalmente el 30 de mayo de 2015, 11:07 a. m. with the headline "PEDRO CAVIEDES: Una especie extinguida."

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