Opinión

RAMÓN A. MESTRE: ISIS representa un Islam verdadero

Combatientes del Estado Islámico desfilan por las calles de la ciudad de Mosul, en el norte de Irak, en esta imagen del pasado junio.
Combatientes del Estado Islámico desfilan por las calles de la ciudad de Mosul, en el norte de Irak, en esta imagen del pasado junio. AP

Ahora resulta que las doctrinas del infame Estado Islámico en Irak y al-Sham (ISIS por sus siglas en inglés) no son genuinamente “islámicas”. Lo afirman, entre otros, el presidente Barack Obama, el senador republicano Rand Paul y los defensores de un “Islam verdadero¨ que supuestamente está reñido con los pronunciamientos de ISIS y las barbaridades cometidas por estos criminales.¿De dónde sacan el presidente Obama y sus invidentes compañeros de viaje que existe un Islam verdadero y unívoco? Se equivocan. Hay mahometanismos para casi todos los gustos. El de Obama es un invento de liberales estadounidenses: es tolerante, pacífico, comprometido con la armonía universal. El de Abu Bakr al-Baghdadi, el megalómano sanguinario que encabeza ISIS, se acerca mucho más a la esencia del Islam. Su doctrina es una variante del wahhabismo, una corriente islámica extremadamente rígida y puritana que predica el exterminio de todos los infieles, incluyendo los musulmanes que rechazan el wahhabismo aunque sean integrantes de otros grupos yihadistas. Su centro de operaciones está en Arabia Saudita, donde existe una suerte de concordato estrecho entre la dirigencia wahhabí y la monarquía saudita (cuyo fundador fue un converso al wahhabismo).

Este incómodo aliado de los Estados Unidos en la guerra contra ISIS se ha gastado miles de millones de petrodólares con el fin de diseminar las ideas wahhabíes en países musulmanes. Los sauditas han financiado mezquitas, centros de indoctrinamiento y medios de comunicación dedicados a hacer proselitismo en nombre del wahhabismo. Al parecer, Abu Bakr al-Baghdadi ha sido uno de los beneficiarios de esta política educativa.

Sin embargo, ante la realidad del reino amenazado por uno de los productos de su estrategia proselitista y de cara a las exigencias de una coalición anti-ISIS que incluye Estados como el saudita que han respaldado fanáticos armados que son parientes cercanos de ISIS, la dirigencia wahhabí en Arabia Saudita no puede reconocer el aporte de sus doctrinas a la formación de Abu Bakr al-Baghdadi. Por eso, el clero wahhabí ha adoptado una postura semejante a la de Obama. Tras un mutismo prolongado sobre las conquistas de ISIS y las ideas religiosas que emplea el grupo para justificar sus actos de barbarie, el gran mufti de Arabia Saudita señaló el mes pasado que “las ideas de extremismo, radicalismo y terrorismo no pertenecen al Islam de ninguna forma, son enemigas del Islam y los musulmanes son sus primeras víctimas, como se ha visto en los crímenes cometidos por el llamado Estado Islámico y Al Qaeda”.

En su arranque de hipocresía el gran mufti demuestra ser un Savonarola pragmático. Un fanático simulador que sabe administrar su desfachatez. Por otra parte es cierto que la lectura del wahhabismo que hace la horda divina de ISIS delata una divergencia con respecto a la doctrina oficial de los sauditas. Como es natural, el wahhabismo de la monarquía insiste en el sometimiento absoluto a la autoridad establecida, sobre todo a la absolutista dinastía Al-Saud.

Pero ISIS quiere acabar con la autoridad establecida, primero en los países musulmanes y después en los territorios que irán conformando su califato. Según sus declaraciones, vídeos internéticos y comunicados en redes sociales, ISIS pretende destruir gobiernos putrefactos que han abandonado el Islam y se han dejado dominar por diabólicos infieles extranjeros. Su culto a la violencia purificadora y a la destrucción de un orden supuestamente viciado por el mundo moderno guarda un parentesco con la prédica de revolucionarios laicos adictos a la lucha armada contra la burguesía decrépita. Es uno de los rasgos que atrae a tantos europeos, estadounidenses y australianos homicidas a las filas de ISIS, una variante del Islam verdadero. Aunque no lo reconozca el Presidente de los Estados Unidos.

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