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Opinión

LAURA D’OCON: Mientras vivas en mi casa, seguirás mis normas

Mientras vivas en mi casa, seguirás mis normas. Cuántas veces hemos oído a nuestros padres decir esta frase, tal vez incluso ustedes mismos, se la hayan repetido a sus hijos. La verdad es que creo que la frase es justa aunque puede traer más de una pelea en las casa. Todos necesitamos normas para que haya un orden, pero también soy partidaria de que la negociación es posible.

Hoy les hablo de las famosas redes sociales que forman parte de nuestro día a día. ¿Qué joven no tienen una cuenta de Facebook, Twitter, Google plus o Instagram, entre muchas otras?

Según una encuesta de Pew Internet & American Life Project junto con Harvard’s Berkman Center, en 2012, más del 94 % de los adolescentes entre 12 y 17 años tienen una cuenta de Facebook en los Estados Unidos, y el número sigue creciendo.

Las redes sociales, como he dicho en otras ocasiones, son un avance y una herramienta, siempre y cuando se usen correctamente. ¿Qué significa correctamente? Desde mi punto de vista pueden usarse para ser más socialmente activo, explorar otros medios de comunicación y presentarte al mundo como un profesional, en vez de alguien que sube cualquier cosa a la Internet.

La gran suerte de las generaciones actuales es que no necesitan un micrófono o alguien que les esté escuchando; pueden compartir sus logros, opiniones e ideas en las redes sociales, y así abarcar a un mayor número de personas y comunidades. Mientras las redes sociales sean una herramienta, y los usuarios manejen sus cuentas adecuadamente y para su beneficio todo marcha bien. El problema llega cuando las personas confunden el uso de estas y se convierten en sus esclavos.

El control parental es una de las muchas aplicaciones que existen para ver o tener acceso a lo que un joven cuelga en la Internet. Esta aplicación permiten al adulto bajo la tutoría de su hijo, controlar por donde navegan sus hijos en internet, que fotografías cuelgan etc.

Frente a la preocupación de muchos padres por el bienestar de sus hijos, esta aplicación les permite averiguar si están haciendo un buen uso de las redes sociales.

Estoy de acuerdo en que debe de haber un control. Pero a veces entrar en la cuenta de un joven sin que este lo sepa no es la mejor manera para erradicar el problema. Todo empieza en casa y con la educación.

La tecnología ha revolucionado la forma de compartir y comunicar los demás, por eso creo que hay que encontrar un balance y una estrategia para que los jóvenes entiendan su uso, sin tener que llegar a un control parental o acceder a sus cuentas.

Los jóvenes deben saber que estas nuevas formas de comunicación pueden beneficiarles en muchos aspectos, pero hay que tomárselas en serio y sobre todo estar bien informado de las repercusiones que puede tener su mal uso.

Cada vez hay más casos de cuentas falsas que tratan de apoderarse de mentes jóvenes, y lamentablemente en situaciones de violación, persecución en la red y violencia. Para esto, existen opciones en las que los usuarios, pueden privar sus perfiles y aceptar solo a las personas que conocen o tiene algo en común, como puede ser otro amigo o una compañía para la que ambos trabajaron.

En los días actuales, es de vital importancia que las escuelas, y sobre todo en casa, se sientan hablar con los jóvenes y establezcan un diálogo de negociación.

Creo que los jóvenes, sí pueden tener una cuenta de Facebook, Twitter o Instagram, pero en seguida que incumplan una de las normas establecidas por los padres, estos deben saber que van a perder la libertad de expresión a través de los medios, porque no saben usarlos.

En el caso de que el niño/niña sea menor de edad, recomendaría una vigilancia cautelosa, haciéndole saber al joven que se le ha dado la herramienta para su beneficio y no para causarle problemas o malentendidos con otros usuarios.

No hay necesidad de un control parental siempre y cuando los chicos sepan hacer un buen uso. Algunos padres tienen las contraseñas personales de sus hijos –y entiendo que las quieran– para así poder seguir de cerca lo que hacen, pero si establecen un diálogo de negociación y una confianza con sus hijos, siempre pueden entrar a la página de Facebook de su niño con su propia cuenta, no la de él, y pedirle una solicitud de amistad por ejemplo.

“¡Mamá!, no me puedo creer que me hayas leído mi diario personal”. Evidentemente este es un ejemplo de la violación de la intimidad de una persona, pero no es el caso de los medios sociales, porque estos son públicos. Por lo tanto, los jóvenes no deberían temer a que sus padres puedan ver lo que publican. Si no hay nada que esconder, no hay nada que temer. En el caso de que sea algo íntimo, o que no quieran que se sepa, sean prácticos y usen un diario o una libreta para sus notas personales, seguro que nadie logrará entrar allí.

Todos tenemos nuestro secretos y una buena forma de que sigan siéndolo es no publicarlos. Muchos son los que no saben, que una vez toman una foto y la envían a alguien o la comparten en la Internet, ya no es privada, ni mucho menos para uso propio. Cualquiera puede acceder y causarle algún que otro disgusto.

Disfruten de la tecnología y las maravillosas herramientas de las que disponemos, para apoyar buenas causas, compartir su hoja de vida en LinkedIn, por ejemplo, o para escribir mensajes positivos y que muchos otros puedan beneficiarse de sus ideas. Conéctense al mundo, que tiene mucho por ofrecer.

Aquí les dejo unos links, para que mejoren su vida social, conozcan empresas, presenten sus proyectos, y si hace un buen uso, les garantizas que muchas personas querrán seguirles en las redes sociales.

www.facebook.com

www.likedIn.com

www.twitter.com (información y actualidad)

Googleplus

Skype (video conferencias)

Youtube (para la creación de un canal)

www.wordpress.com (creación de un blog) entre otras.

Esta historia fue publicada originalmente el 27 de septiembre de 2014, 8:00 p. m. with the headline "LAURA D’OCON: Mientras vivas en mi casa, seguirás mis normas."

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