Siempre elige tener esperanza, no importa lo que pase
La “esperanza” es uno de los sentimientos más ignorados, sin embargo, todos tenemos la capacidad de esta emoción que influye considerablemente en nuestro bienestar psicológico.
Algunas personas contemplan la esperanza sólo en sentido religioso (es una de las tres virtudes cardinales, las otras son la fe y la caridad) y en nuestro rígido enfoque en el materialismo, la esperanza queda estigmatizada como un pensamiento superficial.
La esperanza tiene extensiones tanto espirituales como psicológicas. Espiritualmente, la esperanza tiene que ver con la fe, con confiar y tener seguridad en algo, aunque no lo percibamos. Desde la óptica de la psicología, la esperanza se relaciona con los objetivos; se define como un conjunto de ideas y creencias que nos ayudan a encontrar los medios para alcanzar nuestras metas y nos dan la certeza que tenemos la capacidad para lograrlas.
La esperanza fusionada con el optimismo se convierte en un manantial invaluable de desarrollo personal. A veces la vida te sacude con fuerza y se conglomeran en tu camino más fracasos que éxitos. En circunstancias como estas es fácil perder la esperanza. Estos son los momentos que tienes que recordar el dicho popular que dice: “mientras hay vida hay esperanza”, que tienes que encender esa llama y tratar de mantenerte vivo y no perder la capacidad de ver la luz al final del túnel.
Vivimos tiempos que exigen que conservemos nuestras esperanzas porque al leer o escuchar las noticias aparenta que el mundo está de cabeza. Todos los días despertamos con un menú de escenarios dolorosos y a la vez, en el ámbito personal podemos estar pasando por situaciones económicas perentorias, escenarios familiares difíciles, dilemas espirituales, estados físicos dolorosos, etc. Pero podemos decidir si somos víctima de la situación o responsables de la solución.
¿Cómo desarrollar la esperanza?
Establecer metas objetivas, específicas y asequibles. Tenemos que creer que podemos lograrlas y visualizar las formas de hacerlo. Las metas muy dificultosas nos abruman y pueden hacer que perdamos la esperanza. Es mejor dividirlas en pequeños pasos alcanzables. Aumentar nuestro optimismo, valorando el presente y vislumbrando las oportunidades que trae el futuro.
Elige tener esperanzas, ya que no siempre podemos cambiar las circunstancias, pero si podemos elegir nuestra actitud ante cualquier situación. Las personas “esperanzadas” se consideran más capacitadas para superar los tropiezos que se presentan en la vida. La falta de esperanzas se asocia con el miedo porque nos hace más indecisos, nos inmoviliza y nos frena.
Las personas que tienen más esperanza poseen mayores márgenes de satisfacción con la vida, autoestima y seguridad. Confían más en los demás, se entregan más y son más fraternos con el entorno y con los otros.
“La esperanza es el sueño del hombre despierto”, escribió Aristóteles y en su eje todo acto de altruismo es un acto de esperanza, porque sin esperanza no habría posibilidad de que ser generosos fuera a tener resultados.
Nunca olvidemos que en momentos de crisis la esperanza nos sostiene, nos consuela y nos da impulso para continuar.
Alina Rubi es una astróloga e instructora espiritual que ejerce en Miami. Pueden contactarla al 305-987-3817, astralrain29@gmail.com; Facebook: Rubi Astrologa; Instagram: alinarubiastrology; website: www.abundanciaenergia.com.