Los republicanos son los nuevos lavadores de trapos sucios de Trump
Durante el show inquisitorial de los congresistas republicanos intentando linchar al ex-guardián de los secretos de Donald Trump quedó demostrado, una vez más, que son incapaces de aprender en cabeza ajena. Y no por falta de advertencias.
Como la que les dijo el arrepentido Michael Cohen mientras le atacaban: “Yo hice lo mismo que están haciendo ahora ustedes, protegí por 10 años a míster Trump… Toda la gente que siga a míster Trump como yo lo hice, ciegamente, van a sufrir las mismas consecuencias que yo estoy sufriendo”.
Por supuesto desoyeron el consejo y, en un acto de lento suicidio político, sustituyeron a Cohen como lavadores de trapos sucios de Trump: ¡son sus nuevos fixers! Y aunque tanto los congresistas como los republicanos en general ya lo venían haciendo desde que llegó a la Casa Blanca, defendiendo su indefensible conducta, la semana pasada supuso un nuevo hito en la historia de la infamia, cuando los trumpquisidores doblaron la apuesta interpretando abiertamente su papel de fixers en la audiencia pública de Cohen (que este miércoles volverá a testificar a puerta cerrada).
El guion de la tribu trumpista exigía acribillar al ex abogado del presidente en un burdo intento de desacreditarle por sus embustes del pasado, no porque temieran que les mintiese esta vez, sino por miedo a que dijera las verdades. Y vaya si las dijo.
Tras auto-inculparse de haber “mentido” para “proteger” a Trump, explicando que ése fue el requisito de su job description, Cohen calificó al presidente de “racista, estafador y tramposo”.
Y luego fue esbozando un retrato de la Organización Trump y de la campaña presidencial que parecía un capítulo de los Soprano : un mundo en el que el “jefe” usa lenguaje en “código” que los demás deben saber interpretar y ejecutar, en el que todos deben jurarle lealtad ciega y firmar contratos (NDAs) que les impiden hablar de lo que allí han visto por el resto de sus vidas; un mundo en el que las mentiras y las amenazas son la rutina diaria para servir, encubrir y proteger al “jefe” de historias negativas.
Al menos “500 veces” reconoció Cohen haber amenazado a personas o instituciones por órdenes directas de Trump. Escalofriante, se mire por donde se mire, aunque los trumpistas se nieguen a verlo.
Y para quienes tengan la tentación de creer que Cohen se lo inventó, qué mejor confirmación de su veracidad que el hecho de que el propio Trump no lo haya desmentido. No puede. Y probablemente tampoco quiere. No tanto porque haya cientos de testigos y documentos de esas amenazas, sino porque a Trump le gusta lanzarlas a diestra y siniestra, a la vista del mundo entero. Son su sello de identidad.
Y el arma letal que, según Cohen, estará dispuesto a usar en caso de verse ante el precipicio de tener que dejar la presidencia, ya sea porque pierda las elecciones o porque alguna de las 18 investigaciones judiciales detonen un impeachment.
“Dada mi experiencia trabajando para míster Trump, temo que si él pierde la elección en 2020 nunca habrá una transición pacífica del poder. Y esa es la razón por la que acepté comparecer hoy ante ustedes [en el Congreso]”.
El país ya está alertado.
La posible incitación a revueltas y violencia social es la advertencia más alarmante entre todas las declaraciones, avisos y documentos que Cohen ha aportado públicamente (hay mucha otra información que solo le ha entregado al FBI y a los fiscales con los que colabora en varias investigaciones).
No en vano ya se escucha demasiado ruido de “guerra civil”. Queridos compatriotas, esto es muy serio. Y no hay indicios de que vaya a amainar el discurso maniqueo de los trumpistas de que ellos son los buenos y los demás malos, como una forma de justificar la aniquilación de los “otros”. Un discurso que ha prendido en los rincones más insospechados del país: en las peluquerías, las tiendas, los restaurantes, los centros de trabajo, los encuentros sociales … y hasta en las Iglesias (doy fe de ello, en carne propia).
Cuando la historia se escriba, el 27 de febrero será una fecha señalada. Fue el día en el que Cohen, a pesar de todas sus faltas y delitos de evasión de impuestos, hizo un servicio al país destapando la cloaca que que ya se olía desde la superficie.
A los congresistas demócratas les proporcionó un mapa de pistas a seguir (las que le han permitido decir los fiscales y el FBI). A los republicanos les facilitó una oportunidad de rectificar. Y a los ciudadanos en general una ventana por la que mirar de frente a la realidad y actuar en consecuencia.
Rosa Townsend es periodista y analista internacional. Twitter: @TownsendRosa.