Opinión

La guerra de las mentiras y cómo amenaza a la democracia en EEUU

Decenas de personas se reúnen el miércoles frente a los estudios de Fox News en Nueva York, para protestar las recientes acusaciones de retórica racista por parte del anfitrión Tucker Carlson y las acusaciones de que la red mantiene vínculos demasiado estrechos con la administración Trump.
Decenas de personas se reúnen el miércoles frente a los estudios de Fox News en Nueva York, para protestar las recientes acusaciones de retórica racista por parte del anfitrión Tucker Carlson y las acusaciones de que la red mantiene vínculos demasiado estrechos con la administración Trump. EFE

Piense por un momento que le van a robar, a plena luz del día y, probablemente además, con su consentimiento. Imposible dirá usted, como diríamos todos.

Sin embargo, eso es lo que trama la “industria de la mentira” para las elecciones de 2020, dado el éxito que tuvieron en las de 2016: usurpar las mentes de millones de votantes propensos a creerse noticias que confirmen sus ideas políticas, por muy falsas que sean; y al mismo tiempo propensos a desechar toda información que desafíe sus convicciones, por muy verdadera que sea.

Los psicólogos llaman a este rasgo de la personalidad “prejuicio de confirmación” (confirmation bias en inglés), que afecta con distinta intensidad a una gran parte de la población. Traducido a lenguaje más coloquial sería la tendencia al “autoengaño” por el que las personas buscan todo lo que les reafirme que tienen razón.

Para ello tienden además a relacionarse solo con los que piensan igual; y a leer, ver o escuchar únicamente lo que ratifica sus creencias. Así acaban viviendo en una cámara de eco, fuera de la cual todo el mundo es su enemigo; aislados de la realidad objetiva y vulnerables a que cualquier manipulador les “robe” la mente.

La patología del prejuicio de confirmación ocurre en todas las esferas de la vida humana claro, no solo en la política. Pero en esta época de narcisismo invadida por los embustes, el más peligroso de los autoengaños es el que atenta contra el propio sistema de gobierno, contra la democracia.

Desinformación contra democracia es la guerra que se viene librando desde 2016 y que ahora se intensifica con el inicio de la campaña política para las elecciones presidenciales. Esta vez hay (o debería haber) más consciencia del bombardeo de falsedades, puesto que las agencias de inteligencia han confirmado los ataques de años pasados y alertado de los que se avecinan desde el exterior.

Los bombardeos domésticos, sin embargo, pueden ser igual o más dañinos porque la gente está mucho más desprevenida. El mayor ejemplo es la cadena Fox y su sarta de propaganda, teorías conspirativas, tergiversación de la realidad y demás manipulaciones.

Antes de analizar más en detalle las argucias “foxianas” y similares conviene recordar la reciente declaración del Director Nacional de Inteligencia, Dan Coats: “China, Rusia, Irán y Corea del Norte están aumentando las operaciones cibernéticas para atacar tanto nuestras mentes como nuestra maquinaria [electoral]”. Y asimismo ha advertido que “anticipan nuevas tácticas de fraude y falsificaciones de noticias”.

Con nuevas o con viejas tácticas, la “industria de la mentira” opera siempre explotando las emociones del miedo y la rabia. Lo hizo Rusia fabricando noticias falsas que llegaron nada menos que a las pantallas de 160 millones de estadounidenses, a través de Facebook y otras redes sociales, según Coats y las 17 agencias de inteligencia. Y lo hacen diariamente docenas de websites, como Breitbart o Infowars, o cadenas de televisión como Sinclair Broadcasting, One America News y, por supuesto, Fox News. Esta última convertida abiertamente en la agencia de relaciones públicas y propaganda de Donald Trump.

El caso de Fox es único en la historia de los medios de Estados Unidos. “Es la primera vez que tenemos algo parecido a una televisión estatal”, señala la profesora de la Universidad de Virginia Nicole Hemmer, especializada en historia de la presidencia. “Fox no solo toma la temperatura de los votantes de Trump, sino que eleva la temperatura. Su estrategia es la radicalización a través del miedo. El miedo engancha a los televidentes”.

Igualmente, un análisis de la Universidad de Harvard de millones de noticias concluye que Fox ha dejado de ser la cadena conservadora de noticias que fue hasta la llegada de Trump y ha pasado a ser simplemente un arma de propaganda. El estudio se ha publicado en forma de libro: “Network propaganda: manipulation, Disinformation and Radicalization in American Politics”, muy recomendable para quienes quieran documentarse más en el tema. Como también lo es el informe de Rand Corporation titulado, “Truth Decay: the diminishing role of facts in American life”.

Es probable que no los lean quienes insisten en seguir ciegos a los hechos, a la realidad objetiva. Pero sin esa realidad es imposible tener un debate civilizado de ideas para romper el ciclo tóxico de polarización.

Y aunque la primera responsabilidad es la individual, la de cada uno analizando seriamente sus “prejuicios de confirmación” y desarrollando un pensamiento crítico, la mayor responsabilidad de todas recae sobre quienes crean o moldean la opinión pública, empezando por el gobierno.

Aunque comprendo que es una ingenuidad de mi parte pensar que el señor Trump vaya a impulsar campañas de concienciación sobre la importancia de los hechos frente a las mentiras. O que vaya a instituir campañas de alfabetización mediática, para que el público aprenda a distinguir entre noticias falsas y verdaderas. Pero esa sería la única forma de descontaminar el ambiente político y hacer ¡America Civilizada again!

A falta de un presidente que inspire a la nación solo queda la posibilidad de ponerse un escudo mental para impedir que los mercaderes de la mentira roben las mentes.

Y recordar la sabía máxima del gran senador Daniel Patrick Moynihan: “Todo el mundo tiene derecho a sus propias opiniones pero no a sus propios hechos”.

Rosa Townsend es periodista y analista internacional. Twitter: @TownsendRosa.

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