Opinión

UNASUR y Celac, herramientas de control del castrochavismo

Hugo Chávez (izq.) y Raúl Castro durante la inauguración de la cumbre del CELAC, el 2 de diciembre de 2011 en Caracas, Venezuela.
Hugo Chávez (izq.) y Raúl Castro durante la inauguración de la cumbre del CELAC, el 2 de diciembre de 2011 en Caracas, Venezuela. AP

La propuesta del presidente colombiano Iván Duque de eliminar la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR) debe progresar porque esa entidad como la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) fueron experimentos castrochavistas que progresaron en gran medida por la estulticia de numerosos dirigentes políticos y sociales del hemisferio.

Esta propuesta recibió un buen impulso el jueves, cuando el presidente de Ecuador, Lenín Moreno, anunció que su país se retiraba deUNASUR.

La corrección política de muchas personalidades al sumarse a propuestas populistas u observar en silencio cómplice los proyectos demagógicos de sus pares extremistas, particularmente cuando atacan a Estados Unidos, es consecuencia de muchos de los males que nos aquejan.

Hugo Chávez fue el caudillo más exitoso en la gestión de convocar a dirigentes latinoamericanos a coquetear con el populismo marxista y atacar a Washington, aunque es muy probable que sus propuestas fueran ideadas por Fidel Castro, que comandó por décadas la violencia extrema, a la vez que protagonizó las posiciones más antidemocráticas imaginables.

Castro y Chávez formaron un excelente equipo en el objetivo común de que sus respectivos regímenes sobrevivieran, a la vez que impulsaban la añeja ambición del verdugo de La Habana, apoyada en el dinero que producía el petróleo venezolano, de subvertir el hemisferio para imponer gobiernos afines, además de descalabrar lo más posible al eterno enemigo.

Ambos sujetos que en alguna medida conducen a evocar el trágico y fracasado dúo que integraron Adolfo Hitler y Benito Mussolini, asumieron que la desestabilización requería muchas acciones políticas y sociales, que no era el momento del AK-47 y de las bombas, aunque eso no significaba que las desecharan.

Entendieron que había que mantener la política clientelar que durante años había promovido La Habana entre políticos, intelectuales, deportistas, dirigentes sociales y cualquier frustrado convencido de que era subestimado por sus coterráneos, junto al desarrollo de una estrategia de subversión blanda basada en la desestabilización social y en la generación de caos, todo con el objetivo de socavar la clase dirigente y los valores sobre los cuales se sostenía la nación.

Fueron tiempos productivos para estos dos déspotas. Sus propuestas cosecharon grandes éxitos al provocar la anarquía y el desconcierto en varios países. Compartieron el escenario latinoamericano con populistas ideológicos como Luis Inácio Lula da Silva, viejo aliado de Castro con quien constituyó el Foro de Sao Paulo, además de Dilma Rousseff, Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner, Daniel Ortega, Rafael Correa, Evo Morales y muchos más, algunos de los cuales después de presentarse como notables promotores de la justicia social han resultado ser simples ladrones que robaban el erario público.

Todos prometían el paraíso en la tierra y la salvación eterna a sus respectivos pueblos. La convivencia de tantos iluminados propició un ambiente de fin de los tiempos, algo parecido al desencanto que sufrieron muchos demócratas cuando la extinta Unión Soviética aplastaba a sus enemigos, un contexto que complicó particularmente la actuación de los políticos que rechazaban las propuestas del agotado Socialismo del Siglo XXI.

Castro y Chávez para acorralar a los dirigentes que no les eran afines, conscientes de la ola de respaldo al populismo que se apreciaba en el continente, decidieron crear herramientas hemisféricas manejadas por extremistas que en la peor de las situaciones serían útiles para controlar a los rivales que no estaban totalmente de acuerdo con las propuestas populistas.

Así surgió UNASUR, un instrumento que supuestamente promovía la integración política, económica y social de los países meridionales del hemisferio cuando en verdad era un instrumento de los partidarios del Foro que encarnaba Chávez, listo para presionar e influenciar políticamente en las decisiones de las naciones miembros y también en los aliados del ente subregional.

Incomprensiblemente políticos identificados con vertientes conservadoras incorporaron a UNASUR sus países, un éxito que posiblemente impulsó la formación de un organismo similar, la CELAC, este con proyección hemisférica, aunque vetaba el ingreso de Estados Unidos y Canadá.

UNASUR y el CELAC fueron creados como organismos comprometidos con la solidaridad, gobernabilidad, medio ambiente, cooperación y asistencia, aunque en realidad eran armas para tomar el control de toda América, aparatos ideados para desmontar las democracias y acabar con nuestras libertades y derechos, organismos que se nutren exclusivamente a la falta de coraje de algunos de nuestros líderes.

Pedro Corzo es un periodista de Radio Martí.

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