Opinión

La dictadura castrista y sus ramificaciones

El gobernante cubano Miguel Diaz-Canel (der.), el líder Raúl Castro (2d), la secretaria general de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) Teresa María Amarelle Boué (2i) y el segundo secretario del Partido Comunista de Cuba (PCC) José Ramón Machado Ventura (i), participan el 8 de marzo en la clausura del X Congreso de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) en el Palacio de Convenciones de La Habana.
El gobernante cubano Miguel Diaz-Canel (der.), el líder Raúl Castro (2d), la secretaria general de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) Teresa María Amarelle Boué (2i) y el segundo secretario del Partido Comunista de Cuba (PCC) José Ramón Machado Ventura (i), participan el 8 de marzo en la clausura del X Congreso de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) en el Palacio de Convenciones de La Habana. EFE

Un crítico de cine prominente se pregunta, en una entrada de Facebook, por qué los obreros cubanos no tienen los mismos derechos que los de India que vienen a construir hoteles de lujo en la isla.

Yo, con todo respeto, le comento que necesitan acometer una sola acción, la tarea pendiente de reclamar la libertad, largamente diferida.

En otra entrada de FB, porque ahora algunos parecen ostentar esas facultades sin sentarse en un parque donde buscar la conexión, una realizadora de cine abunda en la importancia del centenario del documentalista Santiago Álvarez, suerte de Leni Reifensthal del castrismo, alabado en cenáculos de la izquierda intelectual internacional, porque la facción prosaica de esta ideología en bancarrota, debe ocuparse de otros menesteres menos sofisticados.

Ahora el hormiguero se ha traslado a Venezuela y los productores de tanta inestabilidad y miseria, tienden sus trampas habituales en lúgubres oficinas de la Plaza de la Revolución.

Los artistas e intelectuales cubanos padecen, luego de 60 años, la costumbre ingrata de una dictadura maquiavélica. El tiempo se consume en premios, agasajos, congresos, festivales, rumbantelas, efemérides y otros malabares de cuarta categoría, sin ninguna repercusión nacional o internacional, porque el pueblo devastado se enreda en agotadoras evoluciones, casi acrobáticas, para conseguir aceite y pan.

Es un panorama lamentable de postguerra, mientras la crápula gobernante mira las ruinas desde cómoda distancia.

Una cubana de Miami, con negocio gastronómico en La Habana, expulsa un empleado, desde aquí, por comentarios contra el régimen.

Un cubano llama a una emisora de radio local, y dice que nuestra ciudad es una “cochiquera”, como afirma con desdén cierto reguetonero, bienvenido por sus numerosos seguidores en nuestra comunidad.

Otro intérprete de la llamada música urbana reta a la policía, con altaneras sinrazones, cuando es conminado a abandonar un escenario público, donde ya es hora de concluir su concierto.

Una intérprete popular en La Habana, que disfruta cantarle loas a la dictadura así como desafiar al exilio en FB, se inventó una visita a los recientes carnavales, cuando en realidad era un video de hace dos o tres años, a manera de provocación, algo que parece disfrutar.

Cuando parecía que ya no volveríamos a padecer otra celebridad como Camila Cabello, nacida en Cojímar, quien nunca ha utilizado su fama para referirse a la tiranía que desangra a su país, mientras invoca públicamente el abuso a los inmigrantes indocumentados, otra cubana, igual de famosa, Ana de Armas, se alista para el reparto de la película que el director francés Olivier Assayas prepara sobre la Red Avispa, basada en el libro de Fernando Morais Los últimos soldados de la guerra fría, versión de la historia que coincide con al castrismo al llamar “héroes” a los cinco espías y terroristas a los luchadores del exilio.

La prensa cubana abunda en epítetos peyorativos sobre Juan Guaidó: “psicópata”, “personajillo”, “ligado al terrorista Leopoldo López” quien “carece de moral y arraigo”.

Mientras la aburrida e inoperante réplica de los Castros, Miguel Díaz-Canel, se refiere a los apagones ocurridos en Venezuela cual hechos inspirados en prácticas fascistas, similares al cerco de Leningrado.

Como si esta alucinación fuera poco para colocar a Cuba a espaldas del mundo y en consonancia con sus déspotas, la embajadora de Granada en la isla acaba de celebrar el 40 aniversario de la revolución de Maurice Bishop, que provocó la intervención norteamericana, donde fallecieron 25 cubanos, a instancias de órdenes absurdas de Fidel Castro, mientras el jefe militar de la partida, el tristemente célebre coronel Pedro Benigno Tortoló, huía despavorido ante los guerreros del imperio.

“Con ustedes tenemos una deuda que nunca podremos pagar” afirmó, en su desvarío, la diplomática.

Siga a Alejandro Ríos en Twitter: @alejandroriostv.

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