Opinión

El costo real del muro fronterizo de Trump

El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, habla durante un mitin en el Coliseum del Condado de El Paso el 11 de febrero de 2019 en El Paso, Texas. Trump continúa su campaña para que se construya un muro a lo largo de la frontera mientras los demócratas en el Congreso piden otras medidas de seguridad fronteriza.
El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, habla durante un mitin en el Coliseum del Condado de El Paso el 11 de febrero de 2019 en El Paso, Texas. Trump continúa su campaña para que se construya un muro a lo largo de la frontera mientras los demócratas en el Congreso piden otras medidas de seguridad fronteriza. Getty Images

La semana pasada, el presidente Donald Trump inició otra batalla para financiar el muro fronterizo con México solicitando $8,600 millones en el presupuesto del 2020. El liderazgo demócrata respondió negativamente, afirmando que el muro es costoso e inefectivo.

Lo cierto es que los demócratas no son sinceros con la ciudadanía en cuanto a los miles de millones que estamos obligados a gastar para mantener albergues, alimentación, cuidados médicos y cuidados infantiles para inmigrantes que se filtran ilegalmente por la frontera y reclaman asilo. Y ni mencionar los costos de educación pública y cuidados de salud suministrados, libres de costo, una vez que los inmigrantes son ubicados en comunidades. El muro se pagaría en dos años. Es una ganga.

Observen lo que nos cuesta un niño centroamericano que cruza la frontera ilegalmente sin un adulto. Nuestro gobierno gasta $775 diariamente por cada niño alojado en un refugio en la base aérea de Homestead, Florida. Ahí ellos reciben cuidados médicos, beneficios escolares y recreación. Como promedio, cada uno vive ahí 67 días hasta que consiguen un patrocinador o “sponsor”. Saquen las cuentas, es casi $52,000 por niño. Los padres americanos apreciarían un cheque del gobierno por $52,000 para mantener a su hijo.

Y hay más costos en el futuro. El número de inmigrantes ilegales el mes pasado marcó un récord: 76,000 en febrero. Estados Unidos y México predicen cientos de miles más en los próximos meses.

Los inmigrantes usan el término “asilo” en su petición de admisión. Cuando lo hacen, el 80 por ciento son aceptados bajo custodia, alojados temporalmente y eventualmente liberados con una cita en las Cortes. Pero en lugar de cumplir con la cita, más de la mitad desaparecen en Estados Unidos. Han convertido el asilo en una burla. El sistema existe para proteger víctimas reales de persecución en sus países, como los cubanos huyendo del régimen de Castro. Ahora son arrollados por centroamericanos escapando la pobreza y buscando una mejora en Estados Unidos.

Desafortunadamente, un juez en una Corte de Apelaciones ha facilitado el fraude. La Novena Corte de Apelaciones, famosa por sus fallos liberales en su jurisdicción en California, dictó que los inmigrantes que no puedan convencer a las autoridades fronterizas de que vienen huyendo de opresión tienen el derecho a comparecer ante la Corte. Esa mala decisión no durará mucho. Otra Corte de Apelaciones falló completamente diferente: la decisión del oficial de la frontera es final. Entrar a Estados Unidos es un privilegio, no un derecho. Mientras tanto, los contribuyentes continuarán siendo burlados por caravanas que buscan asilo.

Aún antes del alza reciente, el Departamento de Seguridad Nacional estaba gastando más de $3,000 millones al año alojando y alimentando a ilegales en la frontera. Esto es el doble del costo en 2011. Añádase a esto los cientos de millones para alojar y alimentar a adolescentes no acompañados en 130 albergues bajo la responsabilidad del Departamento de Seguridad Nacional.

El presidente Trump ha tratado varias estrategias para proteger a los contribuyentes de estos fraudes. Primero, prohibió a los inmigrantes ilegales el pedir asilo, requiriendo que, los que busquen asilo, deben hacerlo solamente en entradas oficiales u “official ports of entry”. Eso hubiera reducido el número considerablemente. Pero en noviembre, un juez federal, también de la Novena Corte, anuló la regulación presidencial.

Entonces Trump creó el arreglo “Quédense en México”, para hacer de ese país la estación de espera de los que buscan asilo (mientras permanezcan en México, Estados Unidos no tiene que alojarlos o alimentarlos, ni tienen derecho a educación pública o cuidados médicos de emergencia a costa del contribuyente estadounidense). El programa, si es exitoso, le ahorrará grandes gastos a los contribuyentes. Es una forma en que México pagará por el muro.

Los demócratas claman que es un malgasto el pagar por el muro. Pero los hechos muestran que no podemos gastarnos el lujo de no construirlo. Como dice la primera página del nuevo presupuesto: “Los contribuyentes primero”.

Correo: AGonzalez03@live.com

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