Una de cada cuatro hispanas en Miami-Dade es pobre
Ya casi termina marzo, cuando celebramos el Día Internacional de la Mujer. Desde siempre he tenido sentimientos encontrados sobre la jornada del 8 de marzo, porque los seres humanos, sin distinción, deberíamos ser honrados todos los días con una vida digna, trabajo y salario decentes, igualdad de género, respeto a las minorías, atención a la salud y el respeto a los derechos humanos. Para asegurar tales derechos en la sociedad existen los gobiernos, eso creemos.
Independientemente de que celebremos cumpleaños o días de santos, los días de la madre y el padre, el del niño y un sin fin de otros momentos, ya he hecho “la paz” con la jornada especialmente dedicada a la mujer. Y he entendido que es un buen momento para recordar al mundo acerca de nuestros derechos.
Más allá de que algunos erróneamente puedan creer que ya arribamos a la tan anhelada etapa de la igualdad de género, la dolorosa realidad es que no es así. Aquí en Estados Unidos, por ejemplo, las mujeres todavía reciben casi un 20 por ciento menos de ingresos que los hombres en posiciones exactamente iguales, pese a que en la actualidad hay más mujeres universitarias que hombres.
Cabe preguntarse: ¿Por qué continúan tan vergonzosas diferencias?
Esta semana tuve la oportunidad de conversar con varios representantes del Condado Miami-Dade, luego de que se diera a conocer ante los comisionados un informe del Centro Metropolitano de la Universidad Internacional de la Florida con estadísticas de 2017.
El estudio “El Estado de la Mujer”, desafortunadamente, no mostró mejoría alguna en las disparidades de género en varios aspectos. En Miami-Dade, por ejemplo aunque más mujeres que hombres consiguen títulos universitarios (19.8 por ciento frente a 17.8 por ciento), ellas ganan todavía casi un 15 por ciento menos.
Salta a la luz una estadística muy preocupante: sin distinción de género, bajo la inflación ajustada, los salarios han caído en los últimos 10 años.
Si tenemos en cuenta cómo se han disparado –y siguen subiendo—tanto los precios de la vivienda como la canasta familiar, el condado pareciera un lugar menos atractivo para vivir. Al analizar el origen racial, la desigualdad económica es galopante: el ingreso de los blancos no hispanos es un 42 por ciento más alto que el de los afroamericanos, y un 37 por ciento superior al de los hispanos.
Lógicamente, muchos de estos resultados guardan relación directa con factores como nivel educativo y experiencia, pero no nos engañemos, en muchos casos la oportunidad brindada por la empresa privada resulta desigual.
Según el informe, solo un 55.6 por ciento de los hombres hispanos mantuvieron un trabajo a tiempo completo en Miami-Dade, una cifra que cae al 38.7 por ciento entre las mujeres. Y aún mas desgarrador es este dato: el 25.3 por ciento de las mujeres hispanas viven bajo la línea de pobreza en Miami-Dade.
Si bien el informe de FIU busca atraer la atención de los gobernantes para mejorar las condiciones de vida de los residentes, debería ser muy urgente para el alcalde condal, Carlos Giménez, los comisionados y asesores (además de los alcaldes municipales) promover programas atractivos de capacitación, viviendas asequibles y, en el caso de las mujeres, condiciones adecuadas para ser madres trabajadoras, así como fomentar ascensos salariales dentro de la empresa privada e incrementar el salario mínimo.
No basta con establecer relaciones comerciales en viajes a Suiza, China y África, tratar de atraer urbanizadores multimillonarios a la zona, mejorar la infraestructura de la ciudad y fomentar conciertos públicos y zonas de esparcimiento (que en muchos casos cuestan una millonada).
No basta con pasearse por las calles saludando a los ancianos para amarrar el voto, cuando la realidad es que buena parte de los residentes en un condado de mayoría hispana continúan malviviendo, con escasos recursos, en muchos casos con dos o tres trabajos para llegar a final de mes, y en el peor de los casos, bajo la pobreza extrema.
@sabinacovo