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Opinión

¿Por qué no está feliz Trump?

Aunque el informe de Robert Mueller aún no es público, el resumen preliminar (y maquillado) del secretario de Justicia, William Barr, reitera que Rusia ayudó a Donald Trump a ganar la presidencia, pero también afirma que él no conspiró delictivamente en la operación. Lo cual representa una indudable victoria para Trump. Es además buena noticia en general, porque lo contrario implicaría tener un agente de Moscú en la Casa Blanca, que habría sido demoledor para la psique nacional.

Y a pesar de que Mueller adopta una posición agnóstica, en la que no lo exonera ni tampoco recomienda encausarlo por “obstrucción de justicia”, el hecho de que sí lo absuelva de “colusión” (al no haber hallado evidencias más allá de una duda razonable) es un regalo político que Trump debería estar celebrando.

Como mínimo, después de dos años insultando a Mueller, calificando la investigación de “cacería de brujas” y dividiendo a la sociedad, ahora debería enviar un mensaje conciliador y unificador de todo el pueblo estadounidense. ¿Por qué sin embargo sólo muestra hambre de venganza?

“Hay gente que ha hecho cosas muy, muy malvadas, yo diría que traiciones contra nuestro país. Sin duda vamos a ir a por ellos, yo les llevo observando desde hace tiempo”, dijo Trump nada más conocer las conclusiones principales de Mueller.

¿Por qué no está feliz? La razón es simple: se ha quedado sin enemigo al desaparecer Mueller de la escena, y urgentemente necesita encontrar uno nuevo. O varios. Cuantos más mejor.

Trump no es nadie sin enemigos, incapaz de sobrevivir en un ambiente apaciguado y de normalidad. Es la historia de su vida y el derrotero abismal porque el que lanzó hace tres años a este país. Necesita un enemigo contra el que proyectar rencor, desprecio, inquina; contra quien luchar para instigar el miedo y la rabia de sus seguidores y convencerles de que él les va a salvar del monstruo.

Mientras encuentra uno de carne y hueso —como lo fueron Hillary Clinton, Mueller o tantos otros— usa de momento a un “mostruo” con el que siempre ha tenido éxito, el éxito del odio, entre sus fans: la prensa. Esta vez nos culpa por informar de los 34 indictments (acusaciones) de la investigación de Mueller, de los 199 cargos, o de las condenas a ocho de sus asesores de campaña (entre ellos Paul Manafort, Michael Cohen, y Michael Flynn). Es decir, de hacer nuestro trabajo, ya sea como reporteros o analistas de opinión.

Pero Trump seguía sin estar feliz (quizá porque ya pocos creen su patraña de la prensa enemiga) y en las últimas 24 horas ha resucitado otro monstruo: “Obamacare”. Para sobresalto de los republicanos y alegría de los demócratas. Quizá lo ha hecho guiándose por las encuestas, en las que el seguro médico es la primera preocupación de los votantes y Rusia la última. Aparentemente no se percató de que tales sondeos también arrojan un voto de confianza muy superior en los demócratas para resolver los temas de salud.

¿Por qué les hace ese regalo a los demócratas? ¿No sabe Trump a sus casi 73 años que equivocarse de enemigo es muy peligroso? El siempre ha usado enemigos como arma de agitación y desvío de atención. Y en este caso sin duda está agitando la emoción de sus rivales y desviando inexplicablemente la atención de su aparente triunfo en la pesquisa de Mueller.

Digo “aparente” porque es importante hacer la salvedad de que nadie ha visto el informe de Mueller y, por tanto, no sabemos qué evidencias existían ni que criterios siguió el fiscal para decir “aunque este reporte no concluye que el presidente ha cometido un delito, no lo exonera”.

Solo sabemos que Barr se ha atribuido la función de exonerar a Trump de obstruir la justicia. Opinión que ya Barr expresó en una carta (no solicitada) en junio de 2018, que en realidad fue una petición de trabajo a Trump, obviamente concedida.

Por definición, los fiscales especiales son nombrados para evitar interferencias políticas. Irónicamente en esta pesquisa la decisión última la ha tomado un político aliado del presidente. Logrando así crear un estado de opinión pública favorable al presidente. Por eso es crucial que se divulgue el informe original.

Mientras tanto será interesante observar la búsqueda de “enemigos” y el manejo que Trump vaya haciendo de los que ya tiene entremanos —“No colusión, no obstrucción”, “Fake news”, “aboliremos Obamacare”— probando cuál le da más resultado para espolear los ánimos.

Y, sobre todo, cuál es más eficaz para desviar la atención de las 12 investigaciones judiciales que siguen abiertas sobre su organización, finanzas, fondos de su comité inaugural, etc. Los fiscales federales y estatales de distintas jurisdicciones están entrevistando testigos y recabando evidencias.

Lo que no es necesario probar más allá de una duda razonable es la irresistible sed de venganza, a cualquier precio, de Trump.

Rosa Townsend es periodista y analista internacional. Twitter: @TownsendRosa.

Esta historia fue publicada originalmente el 27 de marzo de 2019, 4:00 p. m..

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