Los artículos de opinión brindan perspectivas independientes sobre temas clave de la comunidad, separados del trabajo de nuestros reporteros de redacción.

Opinión

SERGIO MUÑOZ BATA: Tarjeta roja a los pillos


Al presidente de la FIFA, Sepp Blatter, se le escapa el balón en un evento celebrado en la ciudad alemana de Munich en el 2005. Blatter dijo que renunciará a su cargo.
Al presidente de la FIFA, Sepp Blatter, se le escapa el balón en un evento celebrado en la ciudad alemana de Munich en el 2005. Blatter dijo que renunciará a su cargo. AP

Señalar a los directivos de la FIFA de fraude, soborno y blanqueo es una verdad de Perogrullo. Hace décadas que la corrupción del organismo que dirige las operaciones del deporte más bonito del mundo es un secreto a voces. Lo sorprendente es que finalmente haya habido alguien que se atreviera a investigarla y exponerla. Habrá que esperar a que el Departamento de Justicia de Estados Unidos, el FBI y la agencia tributaria dentro del Departamento de la Tesorería puedan probar la corrupción de los bribones y se les castigue. Sin embargo, lo maravilloso sería que en América Latina, donde los mismos rufianes han cometido sus crímenes, la justicia local siguiera el ejemplo de la fiscalía estadounidense y limpiara de pillos a sus respectivas federaciones de fútbol y encarcelara a los negociantes que como sanguijuelas se benefician ilegalmente del fútbol.

No olvidemos que hasta ahora once de los dieciocho imputados en el fraude de por lo menos 150 millones de dólares, son latinoamericanos y faltan muchos más que pronto serán imputados. Es un universo que abarca a argentinos, brasileños, uruguayos, estadounidenses, paraguayos, peruanos, bolivianos, ecuatorianos, colombianos, venezolanos, costarricenses y de varios países del Caribe. Es una lista que incluye no solo a federativos sino a promotores, publicistas y banqueros.

No se trata, como Vladimir Putin y Sepp Blatter quieren hacernos creer, de una intervención extraterritorial del “imperialismo norteamericano”. Las autoridades estadounidenses hicieron su investigación porque los delitos por los que han sido acusados los funcionarios de la FIFA fueron cometidos en territorio estadounidense.

Todo empezó en 2011, con una investigación fiscal, a Chuck Blazer, quien fuera presidente de la Federación de Fútbol Estadounidense y secretario general de la CONCACAF, la confederación que controla el fútbol en el hemisferio americano. Al igual que sucedió con Al Capone, al revisar las declaraciones de impuestos de Blazer, la agencia tributaria encontró que sus ingresos legales no justificaban las excentricidades de su estilo de vida. Los gatos de Blazer ocupaban un piso de lujo en las torres de Trump en Nueva York, una extravagancia que ni el propio Trump, otro cretino cuyos excesos suelen ser desorbitados, había igualado.

Enfrentado a la evidencia, al rufián de Blazer no le quedó más alternativa que convertirse en soplón y acceder a grabar a miembros del comité ejecutivo de la FIFA fraguando sus ilícitos negocios. Hoy la investigación rebasa el ámbito de los impuestos para investigar un sistema corrupto en el que participaron varios bancos estadounidenses. Además, en Estados Unidos existe una Ley de Prácticas Corruptas en el Extranjero, que permite sancionar a una compañía norteamericana o extranjera pero que opera en territorio estadounidense, que paga sobornos a funcionarios.

El Congreso de la FIFA en Zurich, que reunía a todos los implicados en el fraude, fue la oportunidad dorada para la justicia estadounidense. El gobierno suizo ya ha endurecido sus leyes para disuadir la corrupción en los organismos internacionales, y está llevando a cabo su propia investigación sobre la forma en la que se otorgaron las Copas Mundiales de 2018 y 2022 a Rusia y Qatar respectivamente. Las redadas hechas en Zurich incluyeron la incautación de documentos por la oficina del fiscal general de Suiza como parte de esta investigación.

El fútbol, con sus aproximadamente 1,600 millones de aficionados, es un negocio que genera unos 50,000 millones de dólares, de acuerdo a las cifras del Observatorio de Fútbol. La inversión de un buen equipo en la Premier League de Inglaterra ronda los 464 millones de euros y el jugador del Barcelona Leo Messi vale unos 220 millones de dólares, casi 90 millones más que Cristiano Ronaldo, del Real Madrid.

Suponer que la investigación estadounidense de la FIFA acabará con la corrupción en el deporte más bello del universo es más que ingenuo. La súbita renuncia de Blatter pronostica que pronto habrá más revelaciones sobre el caso. Eso no significa, sin embargo, que hay que escatimarle apoyo al esfuerzo. Al contrario, lo que hay que hacer es ir poco a poco desenmarañando la trama de la corrupción exigiendo mayor transparencia en organizaciones como la FIFA que, de acuerdo con sus estatutos, debería ser una organización sin fines de lucro.

Esta historia fue publicada originalmente el 2 de junio de 2015, 0:00 p. m. with the headline "SERGIO MUÑOZ BATA: Tarjeta roja a los pillos."

Reciba acceso digital ilimitado
#TuNoticiaLocal

Pruebe 1 mes por $1

RECLAME SU OFERTA