Es inconcebible cerrar la frontera con México
Estamos de acuerdo con el refrán que dice “a grandes males, grandes remedios”. Pero en este caso, la amenaza de cerrar la frontera con México sería “peor el remedio que la enfermedad”.
Sucede que el enemigo común que tenemos en América Latina es el avance de la ideología comunista, y una actitud frontal en contra de los inmigrantes no es sino un caldo de cultivo para esos grupúsculos. Efectivamente, ellos no pierden tiempo en lanzar acusaciones de todo tipo, por ejemplo maltrato, separación de niños, abuso de poder, discriminación, etc. Y esta acción, vista por la gran mayoría latinoamericana, que no son precisamente profesionales o empresarios, resulta contraproducente ya que propaga sentimientos antinorteamericanos por doquier.
Desde luego, esto no significa que se deban complacer peticiones inaceptables o permitir la entrada indiscriminada a través de la frontera. Pero sí se puede establecer un compromiso con los países fronterizos para esquematizar una reforma migratoria integral que involucre a todos los actores.
Ahora, hablar de cerrar la frontera con México puede ser que avive el fuego en vez de aplacarlo. En efecto, cerrar el tránsito vehicular con el socio comercial más cercano a EEUU no parece una acción inteligente. Para empezar, la mayoría de empresas multinacionales que operan en México tienen una importante participación accionaria de EEUU, de modo que las principales afectados en el comercio bilateral terrestre serán los industriales estadounidenses.
Sin embargo, a la luz del nuevo convenio entre Canadá, México y EEUU conocido ahora como USMCA, se favorece a la industria farmacéutica estadounidense ya que se establecen normas sobre la propiedad intelectual de las medicinas; se extendió el tiempo de las patentes. Desde luego, un cierre de la frontera fortalece aún más a los laboratorios farmacéuticos de EEUU ya que entorpece la entrada de medicamentos genéricos a través de la barrera terrestre. O sea, el precio de los medicamentos originales en EEUU continuará siendo uno de los más elevados del mundo.
Una de las principales razones que impulsaron a los industriales norteamericanos para establecer sucursales y factorías en México fue la ventaja comparativa que suponen los bajos sueldos de los trabajadores mexicanos. Ahora, con el nuevo convenio, el salario que ellos obtendrán será equiparable al norteamericano, de manera que esa ventaja desaparece y se traduce más bien en un aumento de precios para productos terminados, que tarde o temprano castigarán al consumidor de EEUU.
En teoría, aquellas empresas estadounidenses que decidan permanecer en México tendrán ahora un costo operacional significativamente mayor, consecuentemente pueden optar por cerrar esas plantas y reubicarlas en EEUU. Desde luego, una vez relocalizadas esas fábricas en EEUU, se prevé un aumento en la producción doméstica, ¿A dónde se exportará si cerramos la frontera y renunciamos a un mercado de 140 millones de consumidores? Los embarques aéreos son mínimos y los marítimos encarecerían demasiado el producto.
Otro aspecto del convenio comercial entre Canadá, México y EEUU (que aún debe ser ratificado por los congresos de los tres países), es la represalia que toma México imponiendo para finales de este mes un arancel entre 15 por ciento y 25 por ciento a los productos de acero y bienes agrícolas de EEUU, como respuesta al incremento estadounidense del 25 por ciento a las importaciones de acero y 10 por ciento a las de aluminio. Este aumento elevará el precio de las hortalizas y vegetales consumidos en EEUU. Y si se llega a cerrar la frontera, ese precio se multiplicará por el costo del transporte alternativo desde México, otro país, o por la alta demanda de los productos cosechados en EEUU.
Sin duda, el problema inmigratorio pone candente las cosas. El jueves pasado el presidente Trump amenazó con aumentar el 25 por ciento de arancel a los autos que ingresan a EEUU, si México no colabora con detener la migración a su país. Nos preguntamos, ¿esos autos son Ford o GM?
Aún con todo, EEUU mantendrá mecanismos de presión. La semana entrante Davis Malpass asumirá como presidente del Banco Mundial. Ello supone que manejará las concesiones crediticias a través del Fondo Monetario Internacional (FMI), a los países deficitarios. Cabe mencionar que Malpass es el subsecretario de Estado para asuntos internacionales y fue recomendado por Trump para ese cargo.
Somos de la opinión que “más vale un buen arreglo que un mal pleito”. La concertación de todos los países involucrados es fundamental en la elaboración de un plan inmigratorio definitivo que regularice las aspiraciones de muchos, de vivir en Estados Unidos.
Benjamín F. DeYurre es un economista y periodista. Twitter: @DeYURRE.
Esta historia fue publicada originalmente el 8 de abril de 2019, 7:03 p. m..