Opinión

Todos temen a Joe Biden

Miami no será sede de la Convención Nacional Demócrata del 2020

Miami finalmente no fue elegida para celebrar la Convención Nacional Demócrata del 2020, en la que se escogerá al candidato de dicho partido a la presidencia de Estados Unidos.
Up Next
Miami finalmente no fue elegida para celebrar la Convención Nacional Demócrata del 2020, en la que se escogerá al candidato de dicho partido a la presidencia de Estados Unidos.

Esto huele a chantajismo. Del más burdo y politiquero, que ya es decir.

¿De qué clóset político han salido las cinco mujeres diciendo que años atrás se sintieron “incómodas” con la efusividad de Joe Biden? Efusividad que además en absoluto no es sexual y siempre ha sucedido a plena luz, durante eventos en los que —irónicamente— el entonces vicepresidente de Estados Unidos intentaba ayudarlas.

Aquí no estamos hablando de toqueteos ni besuqueos ni mucho menos acoso, sino de gestos cariñosos o paternales. Ellas mismas han dicho que Biden “no tiene mala intención”. Exacto. Son ellas las que tienen mala intención; ellas y quienes están detrás tratando de impedir que Biden se postule a la presidencia porque tendría todas las de ganar, tanto la nominación demócrata como las elecciones generales. Por esa razón, y sólo por esa, le brotan enemigos a diestra y siniestra.

Y muchos más le brotarán en esta época de linchamiento instantáneo en las redes sociales. Aunque es improbable que las quejas de las señoras “incomodadas” le hagan daño más allá de forzarle a adaptar sus modales antiguos de calidez humana, a la fría y antiséptica cultura moderna. No hay duda sin embargo de que ha sido un ataque a la yugular: a la mayor virtud de Biden, que es su gran capacidad de conectar con la gente.

En el fondo le han hecho un gran favor, avisándole por dónde pueden llegarle algunos tiros si decide lanzarse a la contienda. Aunque los tiros que le esperan del ala progresista radical de su partido quizá sean los más letales, lo cual tiene a Donald Trump fascinado. ¿Qué mejor espectáculo de sangre y venganza que ver al partido rival devorando al único de su tribu que podría sacarle de la Casa Blanca?

Así es que no es del #MeToo del que más debe protegerse Biden sino del #MeProgre, que es el ala extrema y rígida del progresismo ideológico de los demócratas contra la que hasta el propio Barack Obama ha advertido: “Puede conducir a un paredón circular en el que empiecen a disparar contra los aliados porque uno de ellos se ha desviado de la pureza ideológica”.

Antes de nada conviene aclarar que es al legítimo y necesario movimiento #MeToo al que verdaderamente están perjudicando las “incomodadas” contra Biden. Elevando sus naderías a la categoría de “conducta impropia” no solo están desvirtuado el #MeToo sino hiriendo a las mujeres que SÍ tienen lícitas acusaciones de acoso o asalto sexual en cualquiera de sus formas.

De sobra saben las “incomodadas” quién es Biden. De sobra sabe todo el mundo que es un hombre esencialmente decente, campechano, y también un campeón de los derechos femeninos. Al que en sus 44 años de vida pública lógicamente se le pueden achacar errores pero de otro tipo, como votar a favor de la guerra de Irak o no convocar testigos en las audiencias de Anita Hill.

Lo que hace falta es sentido de proporción. Justo el que posee Biden, un liberal moderado, patriótico, con demostradas dotes bipartidistas y lo más importante: elegible. Pero en el contexto actual es desproporcionado lo que plantean los dos extremos políticos, tanto el que apoya a Trump como el que apoya a Bernie Sanders o Elizabeth Warren.

Históricamente ha sido la centro-derecha o centro-izquierda la que ha gobernado el país. Trump es la excepción a esa regla, pero la tendencia a la moderación forma parte del ADN del pueblo votante y, eventualmente, las aguas regresarán a su cauce. O bien Trump se modera o alguien moderado le usurpará el sillón.

Aunque difícil veo que Trump se modere. Sus hordas quieren sangre y él se la inyecta a diario. Es una relación simbiótica y selvática. Pero no hay que perder las esperanzas, porque divorcios políticos más grandes han ocurrido cuando en la relación mandaban las emociones y no la razón.

Lo cual me lleva a la paradoja Biden. Todo el mundo (republicanos, demócratas e independientes) piensa que puede derrotar a Trump; y al mismo tiempo todo el mundo sospecha que el #MeProgre hará lo posible por impedírselo votando en las primarias por un “rígido” o “purista” ideológico , de los que alerta Obama.

El propio Trump —siempre fiel a su espíritu burlón y despiadado— se regocijaba días atrás con la posibilidad de que un sector de sus rivales le hiciera el trabajo sucio y despejara su camino de reelección: “Parece que los socialistas [del Partido Demócrata] están cargándose al único no socialista. Lo tienen atrapado… a nuestro anterior vicepresidente… ¿Te estás divirtiendo Joe?”.

Y para aquellos que esconden su membresía en la cofradía #MeProgre argumentando que a Biden a sus 76 años se le ha pasado el momento, hay que recordarles que Trump cumple en breve 73, Warren 70 y Sanders tiene 77.

Así es que si vamos a hablar de edad y relevo generacional, qué tal Pete Buttigieg, la estrella ascendente del Partido Demócrata con sólo 37 años y una madurez que ya quisiera el trío de septuagenarios histéricos (Sanders-Trump-Warren). Ah, y también el otro histérico de 46 años, Beto O’Rourke.

En un planeta asediado de peligros, Estados Unidos ya no tiene cupo para locuras, caprichos, extremismos o purismos ideológicos. El próximo presidente debe ser una persona cuerda.

Rosa Townsend es periodista y analista internacional. Twitter: @TownsendRosa.

  Comentarios