Opinión

Se necesita un estatus temporal migratorio que proteja a los venezolanos en EEUU

En otro ajuste de tuercas al régimen de Nicolás Maduro, esta semana el vicepresidente de Estados Unidos, Mike Pence, le pidió al Consejo de Seguridad de la ONU en Nueva York el reconocimiento del líder de la oposición venezolana, Juan Guaidó, como presidente legítimo de su país.

Pence, quien dijo haber sido enviado por el presidente Donald Trump, aseguró que Guaidó “es un Presidente que abraza su papel como líder del mundo libre”. Y reiteró una vez más que “todas las opciones” están sobre la mesa para “obligar al señor Maduro a abandonar el palacio presidencial”.

Sin duda resulta muy útil que Estados Unidos envíe un mensaje claro y determinante a las organizaciones internacionales y a los países que no han reconocido que Venezuela vive en una dictadura. Sin embargo, por lo pronto no parece muy probable que esas entidades ni la comunidad internacional se decidan a ayudar a la gente de ese país más allá de las declaraciones políticas, o del envío de asistencia humanitaria, cuando se pueda, como aquel esfuerzo conjunto que se hizo desde la frontera con Colombia que no prosperó.

Y mientras siguen las apuestas sobre si Estados Unidos va a intervenir o no en Venezuela, como tanto se ha rumorado, y como el mismo Trump ha amenazado, es de extrema urgencia que se ofrezca ayuda concreta y sustancial a los venezolanos que están en territorio estadounidense, como ilustra el ejemplo de Colombia, que sí enfrenta —y gestiona humanitariamente— una emigración en masa del país vecino.

En Colombia no se arresta a los venezolanos por permanecer en el país de manera ilegal a menos que comentan un crimen, y el ejecutivo encabezado por Iván Duque ha implementado diversos planes de acogida, a pesar de que la nación no cuenta ni con la infraestructura y ni con los recursos para absorber una emigración abrumadora.

Mientras, aquí en Estados Unidos, irónicamente Trump, Pence, el senador Marco Rubio, el congresista Mario Díaz-Balart y otros pretenden erigirse en líderes/héroes del exilio venezolano —hablando y posando por doquier—, pero sin impulsar medidas efectivas para ayudar a los miles de venezolanos desesperados que viven con el miedo perenne a ser arrestados por carecer de documentos legales. Para ellos, las noticias no podrían ser peores: esta semana el “líder del mundo libre”, el presidente Trump, se pronunció por modificar y restringir al máximo el sistema de asilo político.

Y mientras los discursos políticos de solidaridad, las llaves simbólicas y homenajes encendidos se multiplican en cada esquina, la triste realidad es que a los venezolanos les siguen negado las peticiones de asilo político en los tribunales (se estima que hay más de 72,000 casos abiertos en espera), se les arresta y se les devuelve al mismo infierno que tanto critican la Casa Blanca, el Congreso, los alcaldes y políticos de todas las clases, en lo que constituye sin dudas uno de los casos más vergonzosos de doble moral que se recuerden.

Solo una pequeña muestra: 25 de los 284 detenidos en una redada de ICE en una compañía tecnológica de Dallas el 3 de abril eran venezolanos. Gente sin papeles que no tendrían que haber soportado tal situación si estuvieran legalmente cubiertos por un Tratado de Protección Temporal (TPS).

Por estos días me asaltaban algunas preguntas.

¿Será que Estados Unidos evalúa ciertamente invadir a Venezuela cuando durante 60 años evitó hacerlo con una dictadura comunista a solo 90 millas de sus costas? ¿Por qué, tratándose de dos dictaduras muy semejantes —y aliadas— en un caso se protege a sus refugiados y en el otro se les persigue? ¿Cuánto de interés electorero doméstico —Florida, y el voto cubano y venezolano en 2020— hay en esos discursos de ensordecedor ruido y mínimas nueces?

Es muy fácil desde afuera condenar a los regímenes dictatoriales. Pero, ¿y a los venezolanos del exilio quién los ayuda?

Aún peor, ¿quién asiste a los que están en Venezuela pasando hambre y sin medicinas, atención médica adecuada y sin electricidad?

Seamos realistas, más de la mitad de los estadounidenses no quieren que sus tropas, su gente, sus hijos y sus nietos sean enviados a otro país. El problema en Venezuela será resuelto desde adentro, y ojalá que la luz, en el sentido más amplio, se haga muy pronto.

Pero si de verdad la administración Trump quisiera hacer algo valioso y necesario (mientras decide si envía o no a Caracas una división de marines o una tropa internacional) debería empezar por proteger de inmediato a los miles de venezolanos que necesitan ayuda aquí en Estados Unidos. Con un TPS. Ahora.

Siga a Sabina Covo en Twitter: @sabinacovo.

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