Opinión

Armar a los maestros no es la respuesta para mantener a nuestras escuelas seguras

Veinte manifestantes a favor del control de las armas protestan para exigir varias medidas, entre ellas la prohibición de rifles de asalto y no darle armas a los maestros, el 6 de marzo de 2018 en el Capitolio de Tallahassee.
Veinte manifestantes a favor del control de las armas protestan para exigir varias medidas, entre ellas la prohibición de rifles de asalto y no darle armas a los maestros, el 6 de marzo de 2018 en el Capitolio de Tallahassee. AP

Cualquier padre o madre que ha llevado a un niño a una escuela durante las últimas dos décadas, en algún momento u otro, ha experimentado el mismo sentimiento.

Desde la masacre de Columbine en 1999 es imposible evitar que, de vez en cuando, un miedo muy en particular surja en su mente: el temor que después de dejar a su hijo o hija en la escuela nunca lo vuelva a ver porque podría convertirse en victima de un tiroteo escolar.

Ese sentimiento tan aterrador se ha reforzado poderosamente durante el último año después de los horrores que presenciamos en Marjory Stoneman Douglas High School en Parkland, Florida, hace poco más de un año. Desde entonces, nuestra determinación colectiva de evitar que algo así vuelva a suceder ha llevado a un acalorado diálogo público sobre cómo proteger a nuestros escolares de la violencia, y de ese proceso han surgido buenas ideas.

Desafortunadamente, también se han propuesto algunas ideas muy malas, y una de ellas está siendo discutida en la legislatura de Florida en este mismo momento: permitir que los maestros traigan armas a las aulas. En sólo días el Senado de la Florida votará sobre el SB 7030, un peligroso proyecto de ley que le permitiría a los maestros estar armados en los salones escolares.

Armar a los maestros es la manera incorrecta de reducir las posibilidades de que nuestros hijos sean víctimas de un tiroteo masivo. Hablemos claramente, si un intruso armado llega a ingresar a una escuela con la intención de hacer daño ya le hemos fallado a todas las personas que están en ese edificio.

Debemos concentrarnos en promulgar políticas que intervengan para evitar que los atacantes puedan venir a una escuela con un arma de fuego del todo, como por ejemplo la verificación universal de antecedentes para los compradores de armas.

Llevar armas de fuego a las aulas con vistas a un posible tiroteo es simplemente introducir otra variable impredecible y potencialmente letal en una situación que ya es caótica de por si.

¿Qué se supone que deben hacer los maestros en caso de un incidente con una persona armada, dejar a los niños solos en el salón mientras persiguen al atacante? ¿Qué tal si confunden a una persona inocente con el atacante y abren fuego, matando o hiriendo a una persona inocente? Y cuando llegue la policía, ¿cómo sabrían las autoridades que el maestro armado es uno de los buenos y no el atacante mismo? Incluso sin una situación de agresor activo un arma en el aula podría aumentar los riesgos para nuestros niños. Las peleas suceden a menudo en los salones de nuestras escuelas, ¿estamos seguros de que queremos un arma de fuego al alcance de la mano en esas situaciones?

Estos tipos de escenarios son muy complicados, inclusive para agentes profesionales de la ley bien entrenados. Es demasiado pedirle a los maestros, cuya verdadera vocación es educar a nuestros niños, que también se conviertan en guardias armados en nuestras escuelas. Deberíamos armarlos con las herramientas que necesitan para formar mentes jóvenes y forjar a los futuros líderes de nuestra sociedad, no entregarles armas y balas.

Es perfectamente comprensible estar angustiado ante la posibilidad de un incidente violento que podría afectar a nuestros niños en las escuelas, pero no podemos permitir que nuestro temor empañe nuestro juicio.

Armar a los maestros de escuela simplemente no es la respuesta, todavía hay mucho más que podemos y debemos hacer para mantener las armas de fuego fuera de las manos de aquellos que quieren hacerle daño a los demás.

Nuestros representantes electos deben saber que nosotros no queremos que los maestros tengan armas de fuego en las aulas. Debemos expresar a la Senadora Anitere Flores nuestro aprecio por su valor votando en contra de la ley. Debemos llamar al Senador Manny Díaz para pedirles que elimine del proyecto de ley SB 7030 armar a los maestros.

Mariella Vasquez es una voluntaria en Miami con la división de Florida de la organización Moms Demand Action for Gun Sense in America.

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