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Opinión

Es hora de que Estados Unidos defienda la democracia en Nicaragua

Un año después de que las calles de Nicaragua se llenaron con estudiantes, jubilados, campesinos y feministas, todos protestando contra el gobierno autoritario del presidente Daniel Ortega, el país está en crisis. En vez de negociar una salida, Ortega sigue aplastando la disidencia. Su gobierno está acusado de llevar a cabo un ataque generalizado y sistemático contra la población civil, incluyendo asesinatos, tortura y detenciones arbitrarias.

Los nicaragüenses se están movilizando nuevamente, y les urge nuestro apoyo. Estados Unidos, a pesar de tener una historia complicada con el país, todavía ejerce la mayor influencia sobre Nicaragua que cualquier otra nación. Este es el momento para que Estados Unidos fortalezca su liderazgo en la región, respaldando la demanda popular de justicia y democracia. La Administración de Trump y el Congreso ya tienen las herramientas para marcar una real diferencia.

Ortega —quien se autoproclamó como el líder de los pobres y oprimidos durante la revolución de Nicaragua en las décadas de los 70 y 80— se encuentra en una posición débil. La economía está en caída; la lealtad dentro de su gobierno al parecer está debilitándose. Los nicaragüenses siguen presionando a Ortega para que realice negociaciones creíbles con la presencia de garantes internacionales, luego de que se suspendió la segunda ronda de negociaciones y en medio de la percepción de que él está tratando de ganar tiempo y consolidar el poder. Los nicaragüenses también demandan reformas electorales y elecciones adelantadas que sean libres, transparentes e inclusivas.

Estados Unidos tuvo un buen comienzo. El miércoles 17 de abril sancionaron a uno de los hijos de Ortega y a un banco que ilegalmente transfería dinero que sostenía al régimen de Ortega. Además, el año pasado EEUU sancionó a Rosario Murillo, junto con otros altos mandos del régimen. El pasado noviembre, el Congreso estadounidense aprobó la fuerte Ley de Derechos Humanos y Anticorrupción de Nicaragua (NICA Act). Esta ley crea un amplio conjunto de sanciones que tienen como objetivo impedir el acceso de Nicaragua a instituciones financieras internacionales, y al mismo tiempo, castigar a las personas responsables de violaciones de derechos humanos o corrupción política. Estas acciones contribuyeron a que Ortega regresara a las negociaciones —aunque no duraron.

Ortega se está aferrando al poder mientras lucha por gobernar —esperando que la comunidad internacional se distraiga y le permita mantenerse en control del país. Las sanciones de Estados Unidos anunciadas el 17 de abril son un paso importante hacia adelante —y ahora es el momento de aumentar aún más la presión. Estados Unidos debe:

En primer lugar, implementar la NICA Act. Estas sanciones podrían potencialmente acelerar el desgaste de la economía nicaragüense, que ya se encuentra en una situación de franco deterioro, sin embargo, algunos nicaragüenses consideran esto como una de las pocas medidas de presión que le obligarían a Ortega a negociar una solución duradera para la democracia y justicia.

En segundo lugar, investigar más funcionarios de alto nivel para emitir sanciones individuales. El Departamento del Tesoro de EEUU debe continuar con las investigaciones a los familiares de Ortega, así como los testaferros sospechosos de mantener al régimen solvente de efectivo, y a los funcionarios del gobierno que supuestamente han contribuido a la violencia y a la represión durante el último año. Imponer más sanciones a un alto nivel enviará un mensaje poderoso y puede presionar para que Ortega regrese a la mesa de negociaciones.

Finalmente, usar la influencia regional de Washington en la Organización de los Estados Americanos. Durante los próximos tres meses, EEUU presidirá el Consejo Permanente de la OEA, diseñado para promover los derechos humanos y la democracia en la región. El Consejo Permanente ya ha tomado una posición firme contra las acciones de Ortega, y Estados Unidos ha argumentado que la OEA debe usar “todas las herramientas y capacidades diplomáticas que tenemos” para restaurar la democracia en Nicaragua. EEUU ahora debe usar su función de presidente para asegurar que la OEA no vacile y mantenga su enfoque en los derechos humanos, la justicia y las garantías en el país.

Tomar estas medidas ya disponibles no solo presionará a Ortega, sino que también colocará a Estados Unidos junto a otras democracias líderes que están preparadas para actuar ahora. Esto mostrará a los nicaragüenses que el mundo está consciente de este aniversario y lamenta los cientos de muertos y encarcelados, y los miles exiliados. EEUU continuará enviando una fuerte señal a Nicaragua y a otros países: la democracia sigue siendo importante en las Américas.

Tracey Gurd está encargada de las áreas de incidencia y subvenciones de derechos civiles y políticos del American Jewish World Service, que apoya a más de 450 organizaciones de derechos humanos en 19 países, incluyendo a Nicaragua.

Esta historia fue publicada originalmente el 19 de abril de 2019, 0:30 p. m..

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