Opinión

Nueva columna: Soy abogada de inmigración en Miami y estoy aquí para ayudar

Delilah Gutiérrez, de 10 años, protesta a favor de los derechos de los inmigrantes, en febrero en San Francisco.
Delilah Gutiérrez, de 10 años, protesta a favor de los derechos de los inmigrantes, en febrero en San Francisco. AP

Durante el último año y medio que he estado trabajando en las trincheras de la ley de inmigración, he estado expuesta a un mundo completamente nuevo. Estudié el sistema de inmigración en la facultad de Derecho, trabajé en una empresa de negocios de inmigración y me consideraba bastante bien informada.

Pero hay mucho más de lo que se ve a simple vista.

Nuestro sistema de inmigración es complejo y confuso, incluso para los profesionales experimentados, por no hablar del migrante asustado y vulnerable. La motivación detrás de esta columna mensual es ayudar a los lectores a navegar por estas vastas aguas, con corrientes que cambian rápidamente y crecientes tempestades de presión. Espero orientar a la gente por el camino correcto, ayudarles a evitar errores y educarlos sobre cómo funciona el sistema.

En mi trabajo como abogada del personal de Catholic Legal Services, he viajado por todo el sur de la Florida, desde Fort Myers, Immokalee, West Palm Beach, Pompano Beach, Doral, Homestead, hasta Cayo Hueso, atendiendo a inmigrantes en clínicas gratuitas los sábados. El programa, financiado por el fondo IMPAC, es una colaboración entre Americans for Immigrant Justice y Catholic Legal Services, y fue creado con el propósito de sacar a la gente de la sombra para buscar asesoramiento real en un espacio seguro.

Yo trabajo en la primera línea. Desde mi escritorio, aprendo de primera mano lo que los libros de texto e informes de noticias nunca podrían enseñarme sobre las realidades de otros países. Porque cuando las sociedades se desmoronan, la gente huye y a menudo vienen a Miami. Y sus historias son las realidades vividas del impacto causado por la agitación política, el colapso económico y la actividad ilegal rampante. Mis sueños de ser un corresponsal extranjero se han realizado de otra forma, porque las historias son reales.

Cuando escuchas historias similares una y otra vez de personas honestas que huyen de sus países de origen por razones de seguridad, comienzas a ver patrones y entender lo que sucede en esos lugares extranjeros. Las lágrimas y los miedos son palpables. Honduras es un lugar de terror según me he enterado. Los indígenas guatemaltecos enfrentan acoso y obstáculos para ganarse la vida honestamente. El sur de México está lleno de pandillas, con nombres como Los Viagra.

Como miamenses que somos, Centro y Sudamérica y el Caribe son nuestro patio trasero. Absorbemos el choque de lo que sale mal. Y como la ciudad está llena de inmigrantes, llena de hispanohablantes y, a veces se parece más a América Latina que a Estados Unidos, es muy fácil para los recién llegados hallarse en comunidades de compatriotas.

Los migrantes de todo el mundo son hábiles para encontrar información, usar sus redes y compartir historias para ayudarse mutuamente mediante canales discretos y subterráneos. Pero el problema que enfrentamos como practicantes es que muchas veces esa información es incorrecta. Los rumores son perjudiciales. Confiar en “mi amigo me dijo” conduce a muchos problemas que pueden afectar sus procesos de inmigración.

Por ejemplo, muchos venezolanos que llegan legalmente a Estados Unidos con visas de turista han llegado a creer que solicitar asilo es sencillo. Quizás es debido a la gran cantidad de personas que lo han hecho por lo que se ha convertido en la solución de referencia para aquellos que tienen los recursos para calificar para una visa de Estados Unidos y escapar de la miseria en su país. He visto a muchas personas confiar sus solicitudes a notarios o asistentes legales, o incluso a abogados venezolanos que nunca se han capacitado en las leyes de Estados Unidos.

Pero la ley de asilo es muy específica y preparar una solicitud no es tarea fácil. Me rompe el corazón ver la cantidad de personas que acuden a mí después de que la oficina de asilo no les concedió el asilo solicitado porque no recibieron la asesoría adecuada desde el principio.

Los cubanos también deben tener cuidado con los rumores. Los procedimientos han cambiado con respecto al curso de acción recomendado y las leyes se modifican mes a mes; por ello es importante hablar con abogados con licencia que puedan asesorarlos en cuanto al curso de acción correcto.

Otro propósito de esta columna es enfocarse en diferentes aspectos del proceso de inmigración. Hay mucha más demanda que la que podemos manejar los abogados que trabajamos sin fines de lucro y pro bono. Muchos recién llegados no pueden darse el lujo de contratar abogados de inmigración privados. Así que quiero empoderar a las personas para que, si necesitan manejar sus casos por su propia cuenta tengan a su disposición cierta información real.

Esta columna también está destinada a crear un canal para que las personas se conecten con información verificada por abogados de inmigración con licencia, ya sea yo misma u otros. Quiero conocer qué preguntas tienen y hacerles saber que hay una comunidad aquí que los guiará y les permitirá saber la manera correcta de proceder, y cómo permanecer seguro y prosperar.

Para mí, la esencia de nuestra sociedad estadounidense radica en su mezcla cultural y su compromiso con la democracia. El maltrato a los inmigrantes va en contra de estos ideales que muchos de nosotros valoramos, y el conocimiento es poder.

Si las condiciones y las leyes han de mejorar, debemos entender cómo funcionan.

Maya Ibars es una abogada de inmigración de Catholic Charities Legal Services, en la Arquidiócesis de Miami. Puede enviarle preguntas a mayaibarslaw@gmail.com.

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