Opinión

Los pavos reales de Coconut Grove: bellos pero incómodos

La población de pavos reales está creciendo en Coconut Grove y otros lugares de Miami.
La población de pavos reales está creciendo en Coconut Grove y otros lugares de Miami. The Miami Herald

Me encantan los animales. No hace mucho presenté un segmento de televisión y escribí una columna sobre el maltrato animal, esa desgracia recurrente en nuestra sociedad, y sostuve que deberían haber penas aún más duras para los abusadores de animales.

En varios estados del país ya se han aprobado legislaciones que convierten en delito mayor los malos tratos contra perros, gatos, caballos, aves y especies salvajes. Aclarado esto, defiendo que debemos imponer mecanismos de control cuando los animales se salen de control.

Me explico: Llego de un viaje de cuatro días y encuentro mi auto todo rallado, con unas singulares marcas de unas patitas particulares. Resulta ser que averiguo, y los hermosos pavos reales que desfilan por mi barrio han hecho una “fiesta” encima del SUV azul que conduzco con aún muy escasas millas.

La camioneta la dejé bien estacionada justo frente de mi casa. No estaba bajo un árbol lleno de nidos de pájaros, en un área donde pernoctan o un camino de aves. Los vistosos pavos fueron los culpables, una población residente desde hace años en Coconut Grove: pavos y pavas, y todas sus generaciones. Son alimentados por algunos vecinos (presumo a prueba de ralladuras) y se comunican de una manera bastante particular con una sinfonía de graznidos que empieza mucho antes del alba.

Hace poco uno de mis hijos, el de 6 años, salió a curiosear cerca de ellos, y un vecino furioso nos reclamó ofendido que los estábamos asustando. Pero créanme que más me asusto yo cuando a las 4:30 de la madrugada me despierta un chillido agudo a tres metros de mi ventana. La primera reacción es que algo muy grave le está ocurriendo a la vecina de al lado, hasta que mi cerebro adormecido manda las primeras señales: se trata de un pavo que ha despertado y se anuncia al resto de la bandada.

Para algunos de ustedes lectores este será un testimonio frívolo, pero cuando uno atestigua cómo se ha dividido la opinión del vecindario en referencia a la saludable población de pavos reales que comparten calles, aceras, parques y cualquier área común entenderán un poco más la naturaleza de esta queja.

Estas señoriales aves de impresionante abanico son originarias del subcontinente indio, muy lejos de nuestra península, pero están protegidas pues la Florida es un territorio santuario para pájaros. Es decir, se les protege pese a no ser una especie endémica.

De más estaría decir que no tengo objeciones a que se les proteja, pero también debe existir algún tipo de control. Según crónicas periodísticas, los pavos arribaron al sur de la Florida para embellecer los patios de algunas mansiones en Coconut Grove, pero ya han procreado a tal magnitud que se ven desde Key Biscayne hasta El Portal.

Para algunos es ya un problema de salud pública. Los pavos excretan en todas partes y a diferencia de los perros, no hay dueños que recojan los depósitos. Hay quienes dicen que lo hacen incluso dentro de sus piscinas. Si tienen dudas los invito a caminar por calles de Coconut Grove sin mirar el piso y en menos de cinco minutos puede que se hayan llevado un desagradable regalo de pavo.

Y no son como los gallos que se anuncian solo al amanecer. Los machos, según la revista “The American Naturalist”, entonan un distintivo y agudo sonido “sexual” para atraer las hembras a toda hora. Y se reproducen rápidamente: cada camada es de cuatro a ocho huevos.

El tráfico es otro problema. Cuando una fila de pavos se atraviesa en el camino no hay quien los haga apurar el paso; he visto el fenómeno y la irritación de los conductores en la avenida Tiger Tail cuando esto ocurre.

En un intento por resolver el problema, en el 2017 el comisionado Ken Russell prometió que iniciaría una campaña educativa para evitar que el público los alimente (usualmente les dan comida de gato). Ese mismo año la ciudad de Miami anunció que los vecinos incómodos podían pedir que se les remueva, siempre y cuando se les traslade a un lugar protegido. Muchos se preguntan, ¿a cuál lugar?

Para los hindúes el pavo real es símbolo de gloria, inmortalidad y sabiduría. Los machos son gallardos con su colorida cola. Verlos andar es todo un espectáculo. Pero vivir entre tantos puede resultar bastante incómodo y costoso. Y nadie te pagará por la piscina sucia o por el arreglo del auto.

Siga a Sabina Covo en Twitter: @sabinacovo.

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