Los demócratas no tienen agenda, solo buscan impugnar a Trump
Después de dos años, $30 millones e innumerables reportes de prensa escrita y electrónica, ha llegado a su fin la investigación acerca del presidente Donald Trump por el investigador especial Robert Mueller sobre la mal llamada “confabulación” con elementos rusos para afectar los resultados de las elecciones presidenciales de noviembre 2016.
La supuesta confabulación rusa es un absurdo, una proposición demente. El hecho que durara tanto ilustra la incapacidad de los demócratas de aceptar que fueron honestamente derrotados en 2016. Aún peor, este episodio lamentable fue producto de un partidarismo extremo por parte de los demócratas y la prensa nacional (perdonen la redundancia).
Mueller identificó las esfuerzos rusos para interferir en las elecciones de 2016 pero declaró inexistente cualquier evidencia de que ciudadanos de Estados Unidos de cualquier persuasión política hubieran participado en eso. El presidente fue exonerado. Mueller no encontró evidencia adecuada de “obstrucción de justicia” por el presidente para recomendar su encausamiento. Hasta ahí llegaba su mandato, recomendar encausamiento o no.
Es decisión del Secretario de Justicia, William Barr, si debe haber encausamiento o no. Y Barr explicó en su reporte al Comité de Asuntos Judiciales del Senado que iniciar un encausamiento por obstrucción de justicia requeriría pruebas más allá de una duda razonable que el presidente ha cometido un acto de obstrucción, con intenciones corruptas y que esas condiciones no existían para respaldar un encausamiento.
James Clapper, el director nacional de inteligencia bajo el gobierno de Barack Obama, acuñó una expresión oximorónica insistiendo que había una “confabulación pasiva” entre Trump y los rusos. El presidente del Comité de Inteligencia de la Cámara, Adam Schiff, aún insiste que la evidencia de confabulación esta bien a la vista y la comentarista liberal Rachel Maddow aún está sollozando.
Ninguno de los hechos refrenará a los demócratas de investigar y tratar de impugnar (impeach) a Trump porque su odio por Trump es tan profundo y tan emocional que se ha convertido en el fanatismo que barre todo lo demás del pizarrón político.
Winston Churchill dijo que un fanático es alguien que no puede cambiar su forma de pensar y no cambia el tema. Los demócratas y la prensa nacional (de nuevo, perdonen la redundancia) encajan perfectamente en esa definición. Están tan obsesionados con su odio por Trump que, aún después que el reporte Mueller no ofreció información alguna, ellos piden más investigaciones de cualquier cosa conectada con Trump y algunos están clamando por su impugnación.
El país sufre algunas crisis con que los demócratas no quieren lidiar. Alrededor de 100,000 inmigrantes ilegales están llegando mensualmente. Eso es un millón y cuarto al año. Aún el ex secretario de seguridad interna bajo Obama, Jeh Johnson, admite que es una emergencia nacional.
Soldados estadounidenses aún pelean y mueren en Afganistán e Iraq. Los estados no están preparados para las interferencias de rusos y chinos y otros en las próximas elecciones, que harán parecer triviales a lo que hicieron en 2016. A los demócratas no les importan ninguna de esas cosas. Para ellos nada de eso es tan importante como investigar e impugnar al presidente porque, ellos parecen pensar que ninguna otra posibilidad puede derrotar a Trump en 2020.
Cualquier duda de que Mueller y su equipo tenían una agenda política anti-Trump fueron borradas por un párrafo en su reporte que dice: “En cuanto a si el presidente puede ser hallado culpable de obstrucción de justicia ejerciendo sus poderes bajo el Artículo II de la Constitución, concluimos que el Congreso tiene la autoridad para prohibir al presidente el uso corrupto en aras de proteger la integridad de la administración de justicia”. Esa fue una clara invitación a impugnar al presidente.
Pero eso no es suficiente para los demócratas. Ellos están convencidos que con suficientes investigaciones de todo lo que huela a Trump ellos pueden encontrar la senda a la impugnación.
Los demócratas no tienen más que impugnación e investigaciones para su próxima campaña. No tienen agenda alguna excepto fronteras abiertas y cambio climático. No tienen legislación alguna en que basar su campaña.
¿Seguirán así y le obsequiarán a Trump otros cuatro años?
Armando González: AGonzalez03@live.com.