Elogio al actor cubano Orlando Casín
Quisiera decir que fue mi amigo personal pero sería inexacto. Eso sí, cuando me tropezaba con el actor Orlando Casín en los pasillos del Canal 41, AmericaTeVe, siempre se estableció un diálogo de respeto y mutua admiración.
El artista era venerado por sus congéneres, se notaba en la pleitesía que se le rendía al pasar. Yo trataba de dejar cualquier apremio para poder conversar. Son de esas oportunidades que supe aprovechar con Reinaldo Miravalles o Miguel Gutiérrez, por solo mencionar a otros dos grandes actores cubanos.
Tanto con ellos, como con Casín, siempre se aprendía algo, aunque la conversación fuera fortuita. El hombre tenía esa conexión cubana que requerimos para conocer de nuestros orígenes.
He buscado para saber cómo la prensa del régimen ha tratado de disipar la noticia de su fallecimiento. En un país más decente y menos cobarde hubiera sido titular. De los medios oficiales, al parecer, solamente a la llamada Jiribilla un libelo online, supuestamente dirigido por Abel Prieto, se le permitió un breve obituario, sin ningún adjetivo laudatorio.
En el resto de las publicaciones silencio cómplice y lamentable.
Valga la pena apuntar que Orlando Casín no necesita ser validado por la dictadura de donde escapó y a la cual criticaba públicamente cada vez que la oportunidad era propicia.
La isla, que él nunca dejó de amar, donde hizo a su público llorar y reír, mediante esmeradas facultades actorales, se perdió una parte de tan rica y diversa carrera por la intolerancia y la oscuridad de un sistema que no puede lidiar con la libertad.
Este silencio era de esperar, el régimen anda alterado vigilando los inquietantes acontecimientos de Venezuela, su último bastión económico, y solamente tiene espacio, en el estrecho ámbito cultural de sus intereses, para celebrar el 60 aniversario de la Casa de las Américas, organización de control cultural continental fundada por Haydee Santamaría, quien luego se quitara la vida, y para asistir, bajo la lluvia, a uno de los tantos y aburridos conciertos públicos del juglar de la dictadura Silvio Rodríguez.
Lo que resulta lamentable es el silencio de quienes escriben sobre cine en Cuba y tienen acceso a los medios sociales. No es para menos, sin embargo, pues hay que tener miedo cuando el más sanguinario integrante de la cúpula castrista, Ramiro Valdés, durante largas y cruentas etapas represivas, ministro del interior, afirma no sin temor: “Todo lo previsto por Fidel, todo lo que él nos pedía, no solo se mantiene aún, sino que nuevas circunstancias han surgido para complicar y tornar mucho más difícil y peligroso aún el panorama. Siglos de historia y de lucha se resumen hoy en una sola palabra: socialismo. El socialismo es la independencia plena”.
Poco que agregar a tanto desatino histórico, e imposición y continuismo, sin el menor atisbo de alternativa. La dictadura perfecta, que ya no es mencionada, en su maldad, ni por la gran prensa de Estados Unidos como el espantapájaros socialista. Lugar que ha ocupado Venezuela.
Quizás me falten otros que no aparecen en mi feed de Facebook, pero lo cierto es que, desde Cuba, solamente he leído textos elogiosos sobre la importancia de Orlando Casín como artista, amigo y maestro, escritos por los actores Héctor Noas y Cristina Obín.
Su presencia no podrá ser eludida ni censurada, pues forma parte de la cultura cubana por siempre. Los momentos de Casín en el cine, la televisión, el teatro y la radio ya sobreviven, gloriosamente, a los testaferros sin importancia que pensaron hacerle daño ignorándolo y prohibiéndole visitar al país donde nació y enriqueció con su arte.
Siga a Alejandro Ríos en Twitter: @alejandroriostv.
Esta historia fue publicada originalmente el 2 de mayo de 2019, 4:37 p. m..