¿A quién le podemos creer en esta ocasión?
El diario The New York Times publicó un artículo el jueves en el que describe los crímenes de uno de los funcionarios mas poderosos del gobierno de Nicolás Maduro, el ministro de Industrias y Producción Nacional de Venezuela, y anterior vicepresidente, Tareck El Aissami.
Según el diario, El Aissami hizo una fortuna no solo invirtiendo con el narcotraficante Walid “el Turco” Makled y valiéndose de su puesto en el alto gobierno desde que Chávez llegó al poder para saltarse a la justicia y las autoridades, sino que incluso tiene nexos con la organización terrorista Hezbolá.
De acuerdo al Times, el poderoso ministro de Industrias planeaba junto a su padre ampliar las redes de inteligencia de Hezbolá en todo el continente y de paso trabajar con ellos en el narcotráfico. Pero lo más llamativo del artículo es que para describir las andanzas de El Aissami el diario cita un expediente preparado por la propia inteligencia del régimen, que durante más de 10 años le siguió los pasos.
El reportaje es una muestra más de hasta dónde llegan los tentáculos criminales y la corrupción del régimen de Nicolás Maduro, que se ha enriquecido también a costa de la riqueza natural de su país y la opresión a un pueblo que hoy por hoy se muere literalmente de hambre.
Pero el artículo del New York Times seguramente no le quita el sueño ni a Maduro ni a El Aissami. A ambos les bastaría tan solo citar lo que ha dicho el propio presidente de Estados Unidos, Donald Trump, del prestigioso diario, para armar su defensa. De hecho, a ambos macabros personajes, les bastaría citar a Trump un par de veces, para contradecir lo que publique toda la prensa de EEUU acerca de ellos. Después de todo, el presidente no se cansa de acusar a los medios del país que preside y a los reporteros que en ellos trabajan, de creadores de noticias falsas.
Y lo peor es que Trump también se ha encargado de desprestigiar a las otras ramas del poder público de esta democracia, como los jueces, las cortes, el Congreso, esos mismos que llevan los casos criminales contra Maduro y sus secuaces, o que tienen la capacidad de autorizar más sanciones.
De igual forma el presidente ha atacado a los líderes de otras democracias libres, como Alemania o Francia, que le exigen a Maduro que detenga la opresión; a Merkel, entre otras, se negó a darle la mano en la oficina Oval, y a Macron lo insultó en Twitter. Bueno, cuando por el contrario, Maduro quiera alabar a uno de sus principales patrocinadores, Vladimir Putin, hay tiene el ejemplo de Trump. Recordemos que el presidente decidió creerle a Putin por encima de sus propias agencias de inteligencia (lo dijo en Oslo), cuando el ruso le afirmó que su país no había intervenido en las elecciones de EEUU.
Ahora que lo pienso, a quién le creemos entonces en esta ocasión. El secretario de Estado, Mike Pompeo, afirmó que fueron los rusos los que detuvieron a Maduro para que no saliera de Venezuela por las protestas del martes, y desde el Kremlin lo desmintieron. ¿Le creemos a Pompeo, a quien debió informar la inteligencia de EEUU, o a Putin, a quien el presidente Trump ya eligió creerle en otra ocasión?
Hay una razón por la que las instituciones se defienden, la prensa seria se respeta y a los aliados se les trata como tales. El valor de la libertad y los beneficios de la democracia, no nacieron espontáneamente ni de líderes que viven atacando sus cimientos, como el actual presidente.
Siga a Pedro Caviedes en Twitter: @PedroCaviedes.