ALEJANDRO RÍOS: El vuelo de Gala
Cruzo con premura las pocas cuadras que separan el Campus Wolfson de la galería de arte en New World School of the Arts. Antes esquivo a dos desamparados que “duermen la mona” en esquinas del downtown y a una muchacha que conversa con sus demonios, mirando al cielo. Esta parte de Miami se ha vuelto una urbe dura, que no cree en lágrimas, como cualquier otra gran ciudad del mundo.
Por un momento, me parece ver a Nicolás Guillén Landrián, el cineasta, pintor y poeta cubano maldito, cámara en mano, filmando su último documental en la misma geografía que tanto desandó, poco antes de morir.
Estoy llegando al viejo edificio que albergó cierta compañía de teléfonos, y hoy bulle de juventud e imaginación, como una de las más importantes academias de arte de los Estados Unidos.
A la entrada está la decana de artes plásticas Maggy Cuesta con la sonrisa del éxito, pues hoy vuelve a inaugurar la exposición de los graduados de enseñanza preuniversitaria (Senior Showcase). La clase del 2015 atestigua su talento.
Recibo un catálogo cuidadosamente editado. En la cubierta, la foto de grupo de los jóvenes creadores en actitudes desafiantes, como corresponde. Gente bella, esperanzada, con la vista en el futuro donde, desde hoy, tramitan su huella en el competitivo universo del arte.
Voy directo a la instalación del cubículo número 13, al final de la galería, en un área más bien privada. La multimedia es de Galina Ríos y se titula Consejos/Triunfos, en español.
Al fondo del espacio que es angosto y largo, hay una pantalla donde se ve un video de Galina lavándose las manos con unos jabones de glicerina transparentes que, sin embargo, contienen figuraciones.
Al costado izquierdo, una repisa exhibe similares pastillas y me acerco para descubrir, con emocionante sorpresa, que los delicados jabones contienen fotos con gran significación en la vida de Gala, como la llamamos en familia.
Me hago el conocedor de arte, pero en realidad estoy disimulando las lágrimas. Las pequeñas imágenes se suspenden en el aire de estos marcos transparentes y son como nubes que exudan cristal donde se asoman, entre otros, su progenitor, el hermano Dimas, la mamá Lidia, así como algunos predecesores rusos, mis padres y otros parientes, en diversas épocas.
Varios espectadores de la exposición se acercan a los jabones y no se explican cómo aquellas imágenes fueron a parar allí. Dice Galina que es un secreto. Entra una mujer con su cámara y no cesa de tomar fotos.
En la pantalla, la novel artista sigue haciendo espuma con la familia sobre un lavamanos de granito. La operación es una verdadera incógnita que no admite la indiferencia. ¿Quiere exorcizar los malos recuerdos relativos a la pérdida de su papá? ¿O se trata de una “limpieza” con los mismísimos orígenes para proteger su integridad? Estas y otras poderosas reflexiones se agolpan en mi corazón.
Salgo de la galería para respirar y llega Galina, con un vestido largo, vaporoso, y parece una princesa rusa. Recibe el abrazo de amigas que la felicitan y le preguntan cómo ideó el asunto de los jabones ilustrados.
Vuelvo a entrar y Maggy me presenta a la profesora de fotografía de Galina, la misma que tomaba instantáneas de su instalación hace unos minutos. Se trata de la reconocida artista cubanoamericana María Martínez Cañas, quien me confía, “tu sobrina es una creadora muy original e independiente”.
Le han crecido alas a la rusa. Estoy seguro que mi hermano la verá pasar cuando vuele a Detroit, donde continuará sus estudios de fotografía.
Esta historia fue publicada originalmente el 3 de junio de 2015, 1:18 p. m. with the headline "ALEJANDRO RÍOS: El vuelo de Gala."