¿Pasa por España la solución a la crisis de Venezuela?
Ahora que el “chavista” español Pablo Iglesias es un mendigo político tras perder 1.3 millones de votos, y poco o nada puede presionar las decisiones del gobierno sobre Venezuela, es el momento de que Pedro Sánchez haga lo correcto y asuma un papel mediador para impulsar la transición de la dictadura madurista a una democracia.
Aunque en la crisis venezolana intervienen muchos factores y actores, España debe aprovechar su posición como interlocutor privilegiado entre Europa y gran parte de América —incluido EEUU—, para recabar apoyo internacional a una transición que priorice la salida de Maduro y la inmediata convocatoria de elecciones libres. Es una oportunidad histórica. Porque históricos son los lazos de unión e histórico el drama que viven los venezolanos.
Y aprovechar también la ventaja de tener una misma raíz sociocultural, que ayuda a entender las sutilezas de lenguaje y formas que pueden hacer triunfar o fracasar una estrategia; y que parece que es lo que se le escapa a Washington.
De ahí los fallos en las negociaciones con los supuestos complotados el 30 de abril. Y la posterior confusión que están generando al pregonar una demagogia belicista (“todas las opciones están sobre la mesa”) al tiempo que Donald Trump le garantiza a Vladimir Putin que “no va a realizar una intervención militar”, y se cree el engaño del ruso que dice que “no pretende involucrarse y solo quiere lo mejor para Venezuela, que es lo mismo que deseo yo [Trump]”.
Para añadir mayor confusión, Estados Unidos está simultáneamente negociando con Cuba (¡con Cuba!) con el fin de que ayude a sacar a Maduro, según el secretario de Estado, Mike Pompeo. ¿Piensa acaso Trump que la dictadura cubana va a matar gratuitamente la gallina de los huevos de oro que les sostiene a flote con el petróleo? ¿Que va a sacar a los miles de agentes y militares cubanos que operan en territorio venezolano? ¿Dónde está la lógica? ¿O es que Trump le está ofreciendo algo secretamente a cambio a La Habana?
Y como era de esperar, ya Trump ha empezado a buscar chivos expiatorios ante el fiasco para instalar a Juan Guaidó. Se queja de que le habían “malinformado” sus propios asesores diciéndole que sería fácil remplazar a Maduro con el joven líder opositor y actual presidente encargado Guaidó; y que él [Trump] les había advertido que no debían subestimar a Maduro porque es un “tough cookie” (un tipo duro).
Sus últimos comentarios contrastan con la bravuconería militarista de los anteriores; y revelan lo que era un secreto a voces para quienes quisieran verlo sin dejarse llevar por emociones políticas: que el eslogan “todas las opciones están sobre la mesa” era solo una fórmula de presión psicológica al madurismo y de pescar votos en el sur de Florida.
La diferencia es que ahora, tras la pérdida de credibilidad de la Operación Libertad, la versión pública y la privada coinciden: el plan es estrechar el cerco con presiones, buscar una salida negociada y dejar que Maduro caiga por su propio peso.
Es la misma estrategia que se viene barajando al otro lado del Atlántico. Y en este contexto es donde España debería usar su posición de interlocutor privilegiado entre los dos continentes para impulsar una solución.
Washington parece estar dispuesto a subirse en ese tren. El enviado de Trump para Venezuela, Elliot Abrams, sigue hablando con Madrid, tanteando los planes de Sánchez. (Y de paso intentando que España acoja a narcochavistas arrepentidos. ¿Y por qué no los quiere acoger Estados Unidos?)
Razón de más para que dada la coyuntura post-30 de abril, dado el rejuego geopolítico Rusia-EEUU en territorio venezolano (¿nostalgias de la Guerra Fría?), y dada la incógnita Washington-La Habana, etc., Sánchez se decida a actuar como un estadista y no se deje influir por personajes nefastos como Iglesias o el ex presidente José Luis Rodríguez-Zapatero, apologista del régimen. Si quiere consejos de alguien de su propio Partido Socialista, mejor que escuche a Felipe González que sabe bien quiénes son y qué hay que hacer con los gánsters de Caracas.
Sería una imperdonable metida de pata si Sánchez desperdiciara la ocasión, por falta de visión o por estar enfrascado en maniobras post-electorales, en busca de votos que le permitan ser investido como presidente. (Aclaración: las democracias de Europa son “parlamentarias” y el partido que logra mayoría de apoyos en el Congreso es el que gobierna; mientras que EEUU y el resto de América tienen sistemas de gobierno “presidencialistas”).
Sánchez y el Partido Socialista (PSOE) ganaron 123 escaños el pasado 28 de abril. Una victoria cómoda pero lejos de la mayoría absoluta de 176 escaños. Lo cual le obliga a pactar, bien sea llegando a un acuerdo estable con otras formaciones políticas o buscando apoyos puntuales. En principio ha dicho que no quiere “casarse” con nadie, pero lo cierto es que va a necesitar a Iglesias como pareja de algunos bailes.
La buena noticia es que Iglesias no está en condiciones para exigir el tipo de música que le gustaría bailar. Y su poco capital político tratará de emplearlo en temas domésticos, que son los que le interesan a los votantes de su Unidos Podemos.
En fin, esperemos que Sánchez —que en el ego y la ambición se parece a Trump— sea capaz de hacerlo bien, aunque sea por ambición.
Rosa Townsend es periodista y analista internacional. Twitter: @TownsendRosa.
Esta historia fue publicada originalmente el 9 de mayo de 2019 a las 3:56 p. m..