¿Cuantas familias más tienen que ser víctimas de un tiroteo?
Esta semana, como casi todas, volvió a ocurrir.
Otro sangriento tiroteo en una escuela, en este caso cerca de Denver, Colorado. El saldo preliminar: un estudiante muerto y otros ocho heridos. Y no fueron más las víctimas fatales gracias a la intervención heroica del joven de 18 años Kendrick Castillo, que enfrentó a uno de los atacantes pagando el precio más alto, el de su propia vida.
Esta misma semana el gobernador de la Florida, Ron de Santis, firmaba una ley para armar a los maestros del estado como un antídoto para enfrentar a los atacantes armados. Ya he expresado mi rechazo a esta medida en columnas previas, pero el desafortunado tiroteo en Denver me hace retomar el tema una vez más. Las caras aterrorizadas de los alumnos y sus padres, y la angustia que generan estas masacres recurrentes, provocan sentimientos de pavor e impotencia en comunidades enteras.
Hace unos días tuve la oportunidad de participar en el caucus (reunión) demócrata hispano del condado Broward para hablar de política latinoamericana, pero antes de abordar la situación en Venezuela y Colombia, escuché a dos legisladores estatales demócratas contar como había estado la sesión en la Legislatura en Tallahaasee donde se discutió el asunto de las armas. Según ellos, una de sus grandes frustraciones fue precisamente esa legislación que permite a las personas que enseñan a nuestros hijos portar pistolas o revólveres.
No fue el único fiasco. La otra gran frustración de estos representantes fue atestiguar el rechazo del otro partido (el republicano) a encontrar una vía efectiva para enfrentar el inmenso problema de las armas de fuego en manos de personas sin control, o con problemas mentales. La única solución a la vista, en palabras de estos políticos, es conquistar el voto hispano en el 2020 para que los demócratas retomen la Casa Blanca y de esa forma traten de cambiar el lamentable escenario en que vivimos.
Llegado a este punto, a nivel federal, la mayoría del Congreso demócrata debería de una vez por todas volver a poner sobre la mesa el tema del control de armas, mientras en el Senado los republicanos en control deberían discutir seriamente el asunto.
Ya no se trata de partidos, ni de lo que la Constitución da por derecho (con sus interpretaciones respectivas), sino de encontrar soluciones reales e inmediatas a las crisis, no medidas populistas y medianamente efectivas. Los votantes deberíamos castigar a los legisladores que se niegan a terminar con esta crisis de violencia (en muchos casos influenciados por el dinero de la Asociación Nacional del Rifle [NRA], y en otros porque probablemente envían a sus hijos a escuelas privadas con seguridad reforzada y no temen a masacres estudiantiles). No tendrían que ocurrir tiroteos ni dentro ni fuera de las escuelas. Sin excusa.
Entra las minorías, muchos hispanos y afroamericanos desafortunadamente no tienen el dinero para enviar a sus hijos a centros escolares mejor custodiados y deben vivir día a día bajo el temor perenne a la violencia escolar. O residen en barrios de menos recursos, y por ende, con menos custodia policial.
Además, ¿qué mensaje le estamos enviado a nuestros hijos, “corre o metete debajo de un pupitre si escuchas balazos mientras estas en la escuela”, un lugar que debería ser seguro por derecho humano?
Otra de las grandes preguntas que salieron a relucir durante el caucus en Broward fue el rechazo a la línea antiinmigrante que predomina en el Partido Republicano, y cómo hacer entender a comunidades enteras de hispanos que el Partido Demócrata de Estados Unidos (en su gran mayoría) no es socialista como algunos, empezando por el Presidente Donald Trump, se han lanzado a afirmar falsamente.
Ni Bill Clinton ni Barack Obama son socialistas, y recordemos que Bernie Sanders siempre fue independiente, no demócrata. El hecho de que un partido trate de abogar un poco más por la gente y menos por las empresas no quiere decir que reverencie el marxismo. Dicho esto, tanto republicanos como demócratas están pasando por verdaderas crisis de identidad desde hace años. Y los únicos perjudicados al final somos nosotros, el público y la gente, y no las instituciones.
Basta ya de otorgarle un cheque en blanco a la NRA para que se siga inflando de dinero. ¿Cuantas familias más tendrían que ser víctimas de la tragedia antes de que se imponga la cordura?
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Esta historia fue publicada originalmente el 9 de mayo de 2019 a las 9:01 p. m..