Opinión

La misma ceiba ampara a México y Cuba

Turistas visitan la zona arqueológica de Tulum, en el estado mexicano de Quintana Roo.
Turistas visitan la zona arqueológica de Tulum, en el estado mexicano de Quintana Roo. EFE

Regreso de otro viaje de ensueño por las culturas prehispánicas y a veces se me olvida lo atribulada que resulta la entrada a los Estados Unidos.

Primero una cola cuantiosa para el aparato que chequea el pasaporte, te toma una foto, y extiende el recibo que luego necesitas para otra sobrecogedora línea final atendida por apenas tres aduaneros.

El joven oficial que me interpela, resulta ininteligible, y no me da el welcome home, que tanto disfrutaba, mi hermano Franky.

El puerto de entrada es un lugar duro, la primera línea de defensa y hay que cuidar nuestro (¿último?) reducto, pero un poco de gentileza con quienes pagamos el sueldo de estos inspectores, nunca viene mal.

Ya en la cuneta para pedir el Lyft, un cubano, algo pícaro, reparte tarjetas de presentación a quienes él considera coterráneos necesitados de gestiones migratorias urgentes.

Viajamos otra vez a la Riviera Maya y nos hospedamos cerca de Tulum, otro sitio arqueológico pendiente, luego de visitar Chichen Itzá el año pasado.

En el resort Tulum Dreams, de esmerada y exquisita atención, abundan turistas europeos, americanos y numerosas familias mexicanas en un estado de concordia y entendimiento envidiable para las revolturas nacionalistas que acosan a tantos lugares del mundo.

Se sirven comidas de la variada y distinguida gastronomía mexicana y es curioso constatar como a visitantes de Estados Unidos, sobre todo, les cuesta trabajo asimilar otras tradiciones.

La primera idea era visitar la ciudad amurallada de Tulum, la única junto al mar Caribe, pero lo gira que nos propuso la organización Alltournative, que mantiene una interesante relación sustentable con humildes comunidades maya, se extendió a otro sitio arqueológico

de gran importancia: Cobá donde sobrevive, en medio de la jungla, el templo más alto de la zona: 42 metros y que aún se puede escalar.

Además, disfrutamos del almuerzo en una aldea, así como visita y baño en un cenote, previa santificación del chamán local.

Afortunadamente contamos con la simpatía y sabiduría del guía Rodolfo Díaz (Rudy), quien no escatimó en anécdotas y explicaciones de complejos procesos históricos, mediante la más sencilla conversación.

A grandes rasgos, supimos que el llamado juego de pelota era a muerte y los guerreros jóvenes ofrendaban sus vidas en pleno esplendor y nunca en la vejez, cuando las hazañas podían haber sido olvidadas.

Numerosas ciudades, muy agresivas entre sí, se disputaban el poder militar, económico y social e hicieron carreteras de cientos de kilómetros para comerciar los más variados productos, desde largas distancias, sin caballos ni carretas.

Desde aquel entonces, en Cobá se fiscalizaba la entrada y salida de integrantes de otras tribus. La edificación para esos menesteres oficiales todavía existe.

En Tulum, por ejemplo, quedan huellas del enorme muro en forma de serpiente que protegía a la ciudad y de unos pequeños templos, rodeando el principal, donde el viento fuerte producía el sonido que les advertía de la proximidad de los huracanes para que se protegieran en

los cenotes.

Resulta asombrosa la similitud de la devastación sufrida por el planeta desde tiempos inmemoriales a nuestros días. Los mayas talaron tantos bosques en sus predios, para asuntos relativos a la arquitectura, que luego causaron mortales sequías.

Fue curioso constatar que consideraban a la ceiba como uno de sus árboles sagrados, mientras en Cuba, los yorubas le otorgaban similares atributos.

Lo cual me hizo pensar: a la sombra del mismo árbol y en una jungla tan tupida como la de Cobá, hay cubanos que ahora mismo disputan su libertad camino a Estados Unidos.

Siga a Alejandro Ríos en Twitter: @alejandroriostv.

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