Opinión

Evo Morales quiere eternizarse en el poder y esto debe preocupar a todos

En los últimos años, el mundo por fin ha tomado medidas contundentes para contrarrestar el desafío del autoritarismo creciente en América Latina. Por ejemplo, las democracias del mundo han desconocido al régimen usurpador de Nicolás Maduro en Venezuela, donde este caudillo ha logrado aferrarse al poder mediante el fraude electoral y la represión violenta, y condenado al régimen de Daniel Ortega en Nicaragua por su masacre de casi 500 manifestantes el año pasado.

Pero a medida que estas crisis han ido captando la atención del mundo, también se ha instalado de manera desapercibida esta misma clase de autoritarismo en mi país, Bolivia. Y como en Venezuela y Nicaragua, la situación en Bolivia debe preocupar al mundo entero.

Nuestro presidente, Evo Morales, está siguiendo al pie de la letra el manual del dictador. Primero, eliminó los límites al mandato presidencial. La Constitución de Bolivia limita al presidente a dos mandatos en el cargo, pero para eludir esta restricción, Morales convocó un referéndum vinculante en el 2016 para legitimar su candidatura a un cuarto mandato. Pero Morales sufrió una derrota inesperada en las urnas —los bolivianos rechazaron el referéndum. A pesar de ello, el partido de Morales —el Movimiento al Socialismo (MAS)— luego impugnó los límites al mandato presidencial ante las cortes, y el Tribunal Constitucional —cuyos magistrados fueron nombrados por Morales personalmente— concedió el recurso, empleando el argumento absurdo que todo límite al mandato vulnera los derechos humanos.

Morales ya lanzó su candidatura para las elecciones presidenciales que se celebrarán este octubre, y si gana, estaría encaminado a eternizarse en el poder. Ya empezó a prepararse para esta posibilidad —siguiendo el ejemplo de Maduro y Ortega, Morales ha encarcelado a muchos de sus principales opositores políticos y críticos. Esto me consta —yo soy uno de los cerca de 80 presos políticos en Bolivia.

Como Alcalde de la ciudad de Cochabamba y un principal líder opositor, yo planeaba postularme como candidato para enfrentar a Morales este año en las elecciones presidenciales. Debido a ello —y a mis críticas del gobierno— ahora estoy preso.

El año pasado, me reuní con oficiales de la Unión Europea y las Naciones Unidas en Europa para denunciar los intentos de Morales de eternizarse en el poder. Poco después, el gobierno de Morales me acusó falsamente de direccionar dos licitaciones municipales para que se adjudicaran contratos a ciertos empresarios. Sin embargo, yo nunca me he reunido ni he tenido contacto alguno con estas personas ni tampoco he recibido ni un centavo de nadie por este presunto crimen; el gobierno no afirma lo contrario. Además, el gobierno ha suspendido a tres jueces que han fallado a mi favor, e incluso inició un proceso penal contra uno de ellos. Y aunque no he sido condenado por ningún delito, he sido detenido y suspendido como Alcalde por más de un año.

El gobierno ha perseguido de la misma manera a docenas de otros líderes opositores con la ayuda de los tribunales, los cuales Morales ha llenado con aliados políticos. Mostrando un descaro absoluto con respecto al estado de derecho, el régimen de Morales ha usado repetidamente una ley anticorrupción para procesar a líderes opositores, incluso cuando los presuntos delitos ocurrieron antes de que se aprobara la ley. Pocos miembros del partido de Morales han sido procesados.

Morales también ha atacado a los medios de comunicación, proponiendo una “ley contra la mentira” dirigida contra las noticias desfavorables sobre su gobierno. Cuando los bolivianos han salido a las calles para protestar la candidatura de Morales, las masacres estudiantiles, y la corrupción y vínculos de su gobierno con el narcotráfico, Morales a veces ha respondido con represión violenta. Morales incluso gastó $7 millones de fondos del gobierno para construir un museo que alaba su vida en su pueblo natal de Orinoca, donde más del 90 por ciento de la población vive en la pobreza.

Queda claro que el régimen de Morales pretende silenciar a sus críticos —pero el pueblo no dejará que esto suceda. Y yo seguiré denunciando los abusos del Gobierno, incluso en mi propio caso. Recientemente mi abogado internacional presentó una petición contra Bolivia ante el Grupo de Trabajo sobre la Detención Arbitraria de las Naciones Unidas, pidiéndole que declare que el gobierno boliviano me está deteniendo en violación de sus obligaciones en el marco del derecho internacional.

Pero mi caso no es más que un pequeño ejemplo que muestra que Morales no es el líder democrático que dice ser. De hecho, Morales ha empezado a llevar a Bolivia por el mismo camino que llevó a Venezuela y Nicaragua a la dictadura y desintegración —y a menos que el mundo actúe rápidamente, lo logrará.

La comunidad internacional debe defender la democracia y los derechos humanos en Bolivia. Recientemente, el Senado de Estados Unidos dio un paso importante en este sentido al aprobar unánimemente una resolución que critica la candidatura inconstitucional de Morales. Deben seguir este ejemplo otras asambleas legislativas. La Organización de los Estados Americanos debe tratar la decisión ilegal del Tribunal Constitucional que supuestamente autorizó la candidatura de Morales para otro mandato de la misma manera que trata decisiones semejantes en Venezuela. Y todos los países democráticos deben advertirle a Morales que, si asume otro mandato presidencial, se desconocerá la legitimidad del mismo. El mundo debe solidarizarse con el pueblo boliviano y sus aspiraciones democráticas antes de que sea demasiado tarde.

José María Leyes es un líder opositor boliviano y el Alcalde de Cochabamba.

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