Las carencias del programa GED para estudiantes inmigrantes
Durante un mes, y en dos escuelas del distrito escolar, tuve la oportunidad de impartir clases de ESOL (Inglés para hablantes de otras lenguas) en el programa de GED en español. Lo que descubrí confirma que hay una flagrante práctica de exclusión que bordea o cala la ilegalidad.
Como expliqué en mi primer artículo publicado el 26 de febrero, ese programa garantiza, en corto tiempo, un certificado de enseñanza media superior. Para adolescentes inmigrantes, se imparte en instalaciones del High School regular. Así, comparten el recinto, el mismo horario y uniforme. Nada más.
Conocí las preocupaciones e intereses de esos jóvenes, indagué sobre cómo habían llegado al programa y qué pensaban de este.
Inequidad en uniformes
Los estudiantes de High School transitan durante tres años por un currículo integral con numerosas asignaturas, además de otras complementarias. Asimismo, tienen la posibilidad de tomar disciplinas avanzadas (Advacement Placement), que otorgan créditos para el College. Además, después de que un estudiante termina su jornada escolar, puede optar por recibir tutorías.
Nada de esto ocurre en el GED en español. Se trata de un curso básico de cuatro asignaturas, a la que se añade Inglés (ESOL). Concebido originalmente para adultos, por lo general trabajadores, permite obtener en 2-3 años el certificado de graduación.
El estudiante de High School se desenvuelve dentro de un ambiente en el que predomina el idioma inglés. Todas las asignaturas —con la excepción de idioma extranjero— son en esa lengua.
En el GED en español, la enseñanza del inglés se basa en el sistema English for Results, diseñado para cinco niveles. Pero el método está concebido para adultos (no para adolescentes) y su fuerte es el aspecto conversacional, así que el inglés académico ocupa un lugar secundario. Con unas pocas horas de inglés a la semana y escuchando español dentro y fuera de clase no se consiguen muchos avances.
Curiosamente, la falta de dominio del inglés no es impedimento para graduarse. Puede que alguno no sepa construir una oración en ese idioma, pero si aprueba matemáticas, estudios sociales, ciencias y artes del lenguaje (¡en español!), se llevará a casa el certificado. ¡Es como si nunca hubiera salido de Bogotá, Tegucigalpa o La Habana!
Pude conversar con la senadora demócrata Annette Taddeo acerca del particular. Taddeo busca que el Senado de la Florida, durante la sesión legislativa de enero de 2020, apruebe un proyecto de ley para cambiar radicalmente la situación de los jóvenes inmigrantes.
“No es justo que se corten las oportunidades a jóvenes por no tener, en cierto momento, dominio del inglés. Al contrario, hay que ayudarles para que lo aprendan, cosa que no ocurre ahora”, señala.
Si Taddeo hubiera llegado de Colombia por estos días, la habrían condenado sin remedio al GED en español. No hubiera sido lo que hoy es; no hubiera logrado tanto en su vida, de lo que puede enorgullecerse en la actualidad.
“El programa es gran injusticia. De hecho, es inconstitucional, pues la Constitución de la Florida exige que las personas con menos de 18 años reciban una educación equitativa y esta no lo es”, concluye.
En las escuelas públicas, los estudiantes reciben libros gratuitamente. Pero, como el GED en español se considera un “programa para adultos”, se espera que los matriculados los adquieran por sus medios. A estos adolescentes, muchos de los cuales no trabajan, se les aplica el mismo requisito. ¿El resultado? Pocos disponen de textos escolares.
Abandonados y al garete
Los estudiantes de High School reciben la atención de profesionales que les orientan acerca de su futuro académico o les aconsejan desde el punto de vista psicológico. Nada de esto ocurre en el GED. Y, créanme, muchos de los que conocí necesitarían con urgencia esa ayuda.
Estos estudiantes han quedado fuera de la mira de las estructuras burocráticas (desde los directivos de escuelas a los funcionarios del distrito escolar) y sus calificaciones no cuentan en las estadísticas. Forman parte de minorías, pero nadie los considera bajo ese criterio en la evaluación y registro de sus avances o retrocesos. Son fantasmas.
Una excursión a una escuela vocacional, a principios de diciembre de 2018, les puso en contacto con una decena de atractivas carreras técnicas, de corta duración e incentivos materiales. Para mi sorpresa, la mayoría no se sintió entusiasmada.
Aspiran, dicen, a una ocupación más prestigiosa —o a una escuela de más brillo—. Evidentemente, no se han enterado de que uno de los objetivos del GED es que puedan ingresar en centros vocacionales y armarse con una profesión que les asegure una vida digna y un salario decoroso. Tal vez pequen de falta de realismo. ¿Y qué adolescente no lo padece?
No quiero ser pájaro de mal agüero —estoy convencido de que algunos que conocí conseguirán títulos de asociado, bachelor y más—, pero la mayoría desistirá y no podrá evitar la sensación de fracaso. No es el fin del mundo, pero pudiera evitarse. A los que vienen detrás les ocurrirá lo mismo, si dejamos las cosas como están.
El “paquete de enseñanza” preparado para estos adolescentes, recién inmigrantes, es inferior y, por tanto, no garantiza que tengan igualdad de oportunidades. El programa GED en español no es la solución para ellos y debe cerrarse.
Periodista y profesor de Nova Southeastern University. Correo: emilscj@gmail.com.
www.sehablaespanolblog.wordpress.com.
Esta historia fue publicada originalmente el 29 de mayo de 2019, 2:20 p. m..