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Opinión

DORA AMADOR: Apología de la fe

Me desperté a la 1:30 de la mañana y no he podido dormir más. Durante las horas de la madrugada comprendí dos cosas, que me han transformado. Fue como si mi entendimiento se aclarara para recibir verdades que alteraron mi conciencia. Un despertar interior, del espíritu. He tenido tiempo de pensar en todo esto con paz, pero sobre todo, con la alegría de quien recibe un tesoro.

Estaba leyendo sobre los sorprendentes aportes que el papa Francisco ha hecho al bimilenario Magisterio de la Iglesia. Al llegar en algún momento de la lectura a la palabra “libertad”, algo me detuvo que me inquietaba y me movía a adentrarme en el significado de esa palabra. No era la libertad política lo que mi corazón presentía; no era el libre albedrío, era algo de mucho más alcance y trascendencia.

¡Ay! ¡Y ahí estaba lo que Dios nos ha querido comunicar y yo, que tantas veces lo he leído y lo he dicho no había comprendido hasta ahora. Evangelio de Juan 8, 31-32: “Jesús decía a los judíos que habían creído en él: Ustedes serán verdaderos discípulos míos si perseveran en mi palabra; entonces conocerán la verdad, y la verdad los hará libres”.

¿Cómo conocer la verdad me hace libre? La respuesta fulgurante me fue dada: Dios está a cargo de mi vida, él me la dio, él me la va a quitar, él sabe todo lo que me pasa, y lo que siento y lo que me preocupa. El proyecto que trazó para toda mi existencia en esta tierra me es desconocido, pero está delineado, fraguado, entonces yo dependo absolutamente de él.

Supongamos que alguien muy querido está grave, y puede morir pronto. El pensamiento no me abandona, estoy preocupada, sufro día tras día presintiendo la muerte que se avecina. El sufrimiento me desborda. Pero de repente me doy cuenta de que no puedo hacer nada, todo está en manos de Dios, y ¿quién soy yo para intervenir en los planes que tiene el Señor para con ella? ¿Y si le ha llegado su hora, como me llegará a mí la mía?

De repente Dios me hace libre, porque todo lo dejo confiada en sus manos, no tengo nada qué hacer en esta situación desesperada. Al comprenderlo, va disminuyendo la desesperación. Soy libre, la verdad revelada por Dios me libera de lo que acontezca. Esa es la verdadera libertad de los hijos de Dios.

Sucedió otra cosa muy importante que engrandeció mi percepción de la religión, la espiritualidad, mi fe, mi comprensión de que todas las religiones son válidas y hay un solo Dios misericordioso y fiel.

“(Eugenio Scalfari): Francisco no discute sobre los dogmas y habla lo menos posible de ellos. A veces los contradice de manera directa. Una vez me dijo: “Dios no es católico”. Y explicó: “Dios es el Espíritu del mundo. Hay muchas lecturas de Dios, tantas cuantas almas de quien piensa en Él, para aceptarlo cada una a su manera o a su modo para refutar su existencia. Pero Dios está por encima de estas lecturas.

A mi sucesiva pregunta sobre aquellas alarmantes afirmaciones, el Papa Francisco precisó: “Nosotros, los cristianos, concebimos a Dios como Cristo nos lo reveló en su predicación. Pero Dios es de todos y cada uno lo lee a su manera, y por eso digo que Dios no es católico, es universal”. (Entrevista con Eugenio Scalfari, 29 de diciembre de 2013)

“La única manera de que la vida de los pueblos avance, es la cultura del encuentro, una cultura en la que todo el mundo tiene algo bueno que aportar, y todos pueden recibir algo bueno en cambio. El otro siempre tiene algo que darme cuando sabemos acercarnos a él con actitud abierta y disponible, sin prejuicios. Esta actitud yo la definiría como humildad social, que es la que favorece el diálogo. Sólo así puede prosperar un buen entendimiento entre las culturas y las religiones, la estima de unas por las otras sin opiniones previas gratuitas y en clima de respeto de los derechos de cada una. Hoy, o se apuesta por el diálogo, o se apuesta por la cultura del encuentro, o todos perdemos. Por aquí va el camino fecundo”. (Encuentro con la clase dirigente del Brasil, 27 de julio de 2013).

El 23 de mayo, la diócesis de Phoenix (EEUU) organizó una jornada de oración con pastores evangélicos. Francisco se unió con ellos por medio de un mensaje en video:

“Hoy reunidos, yo desde Roma y ustedes allí, pediremos para que el Padre envíe el Espíritu de Jesús, el Espíritu Santo, y nos de la gracia de que todos sean uno, “para que el mundo crea”. Y me viene a la mente decir algo que puede ser una insensatez, o quizás una herejía, no sé. Pero hay alguien que ‘sabe’ que, pese a las diferencias, somos uno. Y es el que nos persigue. El que persigue hoy día a los cristianos, el que nos unge con el martirio, sabe que los cristianos son discípulos de Cristo: ¡que son uno, que son hermanos! No le interesa si son evangélicos, ortodoxos, luteranos, católicos, apostólicos… ¡no le interesa! Son cristianos. Y esa sangre se junta. Hoy estamos viviendo, queridos hermanos, el “ecumenismo de la sangre”. Esto nos tiene que animar a hacer lo que estamos haciendo hoy: orar, hablar entre nosotros, acortar distancias, hermanarnos cada vez más”. (VIS, Vatican Information Service, 25 de mayo de 2015, Francisco reza con los pastores evangélicos pentecostales de Phoenix por la unidad de la Iglesia).

Esta historia fue publicada originalmente el 4 de junio de 2015, 0:00 p. m. with the headline "DORA AMADOR: Apología de la fe."

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