Opinión

Escuelas anticomunistas para las generaciones de relevo

Una mujer sostiene una bandera venezolana con la imagen del ex presidente Hugo Chávez y el líder cubano Fidel Castro durante una huelga de hambre este jueves, 6 de junio de 2019, en Caracas.
Una mujer sostiene una bandera venezolana con la imagen del ex presidente Hugo Chávez y el líder cubano Fidel Castro durante una huelga de hambre este jueves, 6 de junio de 2019, en Caracas. EFE

La forma de garantizar que tanto Cuba como Venezuela tengan generaciones de relevo capaces de continuar la combatividad y eventualmente asumir el liderazgo tras la caída de sus tiranías respectivas, es la creación de una asignatura colegial o curso especial que divulgue los males del comunismo, a la vez que predique las virtudes del libre mercado.

En días recientes, en una intervención pública que realizamos ante un numeroso grupo de cubanos, venezolanos y nicaragüenses, esta idea afloró de forma natural y fue acogida con beneplácito por los asistentes, quienes aprobaron su originalidad y evaluaron positivamente sus beneficios.

Resulta ser que la divulgación de ideas socialistas no puede ser exclusiva de grupúsculos, que en centros de enseñanza media y superior, se dediquen a prodigar una teoría obsoleta basada en los ideólogos comunistas del siglo XIX, Carlos Marx y Federico Engels. Por ejemplo, Marx teorizaba, “el ser social no determina la conciencia social, es la conciencia la que determina su ser”. En otras palabras, si mucha gente piensa de una manera parecida, tu terminarás por pensar igual. Evidentemente, la forma de que muchos piensen igual, es forzándolos, o sea a través de la represión, que es una característica de los sistemas comunistas.

Por lo demás, cuando Marx escribió “El Capital”, existían jornadas de trabajo de hasta 12 horas para niños, y no se conocían los sindicatos, el seguro social y el salario mínimo. En ese entonces, el camino era fértil para una nueva teoría que trataba de explicar el “materialismo histórico mediante la aplicación de una dialéctica concreta”. Pero con el transcurrir del tiempo, las cosas fueron cambiando y convirtieron en obsoleta esta teoría; sin embargo, los dictadores, aprovechadores y manipulares de oficio, se dieron a la tarea de utilizar esta elucubración mental, agregándole circunstancias que se actualizaban cada vez y que se adaptaban a cada país en particular.

Su objetivo era influir en las mentes más jóvenes, inexpertas y sin mucha preparación académica, a fin de tener un ejército de fanáticos capaces de seguir propagando “la explotación del hombre por el hombre y la necesidad de una dictadura del proletariado”.

Estos seguidores no se percataban que estaban siendo utilizados por personajes siniestros, cuyo objetivo era enriquecerse, a la vez que reprimían, esclavizaban y asesinaban a su población, no sin antes haberla sometido a la más espantosa penuria y pobreza. Ejemplos sobran para afirmar estos hechos: Joseph Stalin en la URSS y Mao Zedong en China asesinaron a millones de personas y empobrecieron a sus naciones.

Ya en tiempos contemporáneos, los Castro en Cuba y Chávez y Maduro en Venezuela, han reprimido fuertemente a la población mientras ellos han vivido a cuerpo de rey, enriqueciéndose a más no poder a la vez que sus países se caen a pedazos hundidos en la miseria y desesperación.

Y es que el “lavado de cerebros” nunca ha cesado. Cuando en noviembre de 1999 el niño cubano Elián Gonzalez llegó en una llanta a las costas de Fort Lauderdale, en travesía donde su madre perdió la vida, sus tíos lo acogieron en la ciudad de Miami y lo colmaron de atenciones y regalos. Su padre desde Cuba lo reclamó y lo convirtió en un fanático castrista. El teniente coronel Hugo Chávez por años se dedicó a convencer a sus compañeros de armas de las bondades del socialismo. Esto lo llevó a la intentona de golpe de Estado contra el presidente Carlos Andrés Pérez en febrero de 1992, y terminó por convertir a Venezuela en la pesadilla que es hoy.

Ante toda esta problemática, se impone que los amantes de la libertad hagan lo mismo que los comunistas pero en sentido contrario. Es decir, divulgando los beneficios del sistema de mercado versus los males de esa absurda ideología.

Desde luego, ante el fracaso de su sistema, los comunistas han tenido que abrazar al capitalismo, como en el caso de Rusia y China y ahora más recientemente Cuba con su Ley de Inversión Extranjera, que busca atraer capitales foráneos, algo que Venezuela aún no ha explorado basado en su riqueza petrolera y minera.

Lo cierto del caso es que los hijos y nietos de los exiliados cubanos y venezolanos que viven en EEUU, mayormente se han mantenido alejados de la tragedia que viven los países de sus padres. Es necesario cultivarlos y enseñarlos para mantener viva la llama de la libertad. No podemos permitir que se extinga.

En ese sentido, un curso especial dictado por institutos de prestigio y con docentes calificados sería muy productivo. ¿Cuántos de los magnates cubanos y venezolanos estarían dispuestos a financiar un proyecto de esta envergadura? Además de ser necesario, esto sería algo verdaderamente patriótico. Hablaríamos menos y actuaríamos más.

Benjamín F. DeYurre es un economista y periodista. Twitter: @DeYURRE.

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