Opinión

Para defender su residencia en Canadá la rapera Telmary elogia al castrismo

La cantante cubana Telmary Díaz y el cineasta canadiense Ron Chapman durante el estreno del documental sobre la música cubana “The Forbidden Shore” (La Orilla Prohibida), en el teatro Tower de La Pequeña Habana, Miami, en marzo del 2016.
La cantante cubana Telmary Díaz y el cineasta canadiense Ron Chapman durante el estreno del documental sobre la música cubana “The Forbidden Shore” (La Orilla Prohibida), en el teatro Tower de La Pequeña Habana, Miami, en marzo del 2016. Archivo/El Nuevo Herald

La pasada administración estadounidense puso punto final al decreto presidencial “pies secos, pies mojados” que privilegiaba la inmigración cubana aunque pareciera una medida algo rocambolesca y criticable, pero como dice el refrán uno no sabe lo que tiene hasta que lo pierde.

La presidencia actual está tratando de blindar la frontera sur mexicana, donde ahora mismo se encuentran varados miles de cubanos, redujo al mínimo las operaciones de su embajada en La Habana, ante misteriosos ataques acústicos a sus diplomáticos, y va reduciendo otras prebendas de los llamados “intercambios” de pueblo a pueblo.

En el ínterin, y ante la indiferencia mediática del mundo, todo parece indicar que medio centenar de cubanos en camino a Estados Unidos murieron ahogados en la selva del Darién debido a una inesperada inundación.

La otrora válvula de escape se reduce a la mínima expresión. Los ánimos se crispan en la isla cuando la esperanza de dejar atrás todo el desastre que conlleva el castrismo disminuye, y otro llamado período especial se avizora en el horizonte.

Sin embargo, más que la confrontación con Estados Unidos, a la crisis que están respondiendo con denuedo los castristas, accionando sus cómplices y tontos útiles habituales, es a la disminución de operaciones consulares canadienses en la isla, algo con lo cual ciertamente no contaban.

Ahora lo que fuera el confiable gobierno del joven Justin Trudeau, ha reaccionado igual que la administración de Trump con respecto a los inexplicables ataques sónicos sufridos en La Habana por sus diplomáticos, y la dictadura se siente totalmente consternada.

A la cháchara de la embajadora cubana Josefina Vidal en los medios de prensa canadienses, hace poco más de una semana, han seguido estrambóticos actos de protesta tanto en Toronto como en Montreal por parte de la comunidad castrista del país norteño.

Las protestas cubanas en Canadá no encierran violencia policial, como es el caso de México, y cuentan con el concurso de organizaciones socialistas locales. Son manifestaciones en democracia, como nunca han podido ocurrir en la isla.

Una de las más recientes en la ciudad de Toronto contó con la activa presencia de la rapera cubana Telmary, quien reside en Canadá por compromisos laborales, según aclara la prensa oficial de la isla. La intérprete y compositora, quien dice representar un pueblo que sufre, “pero lo que hace es bailar”, llevó la voz cantante en la protesta, con cierta altanería, frente a oficinas del gobierno canadiense:

“Me encuentro en representación del pueblo cubano que está aquí, en Toronto, y ahora mismo estas medidas nos afectan a todos, tanto a los artistas como a las familias cubanas que vivimos aquí, que somos de la comunidad de Toronto. Que el consulado canadiense esté cerrado es injusto. Imagínese mandar a un abuelito a un tercer país a buscar un visado para que venga a visitar a su familiares. Realmente es una medida extrema, pero, además, es indignante, cuando Cuba es uno de los países que acoge a 1.5 millones de canadienses al año, y es uno de los lugares más seguros para ellos. Es por eso que estamos aquí y sé que la gente se va a ir sumando. Aquí estamos alzando la voz representando a Cuba”.

Telmary olvida sus comienzos cuando era una suerte de cantante protesta. Al menos así se presentó en Miami hace algunos años. Usurpa la representación del pueblo cubano y habla de injusticia, abuelitos maltratados, medidas extremas indignantes y hasta chantajea, como la embajadora Vidal, refiriéndose al turismo seguro de Cuba para los canadienses.

Es una ecuación muy rara, oportunista y militante, donde parece describir los atropellos de la dictadura que defiende.

Siga a Alejandro Ríos en Twitter: @alejandroriostv.

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