La pregunta no es si Miami sufrirá un nuevo desastre natural, sino cuándo
Estacionamientos y autos bajo el agua, antiguas casas de La Pequeña Habana y zonas aledañas completamente inundadas o perdidas en su totalidad, el río Miami desbordado, la bahía de Biscayne extendiéndose tierra adentro, y un calor brutal más de la mitad del año agobiando a la gente.
Todo ello combinado con intensas lluvias y tormentas eléctricas. La naturaleza en su expresión más violenta haciendo daño sobre todo a los más vulnerables: los chicos y los ancianos.
Suena apocalíptico, pero en realidad una situación así pudiera estar más cerca de nosotros de lo que se cree. Cerca de nuestras casas, de nuestras escuelas, hospitales, de nuestro trabajo y de nuestras zonas de esparcimiento. Nuestro llamado paraíso costero se podría convertir en un infierno terrenal. Tanto para la salud como para el bolsillo.
Según un informe que presentó el Instituto de Planeación Urbana (ULI por sus siglas en inglés) el pasado viernes ante la Comisión de Miami, la gran pregunta para nuestra ciudad no es si ocurrirá un nuevo desastre natural o de que índole será, sino cuándo. Si durante el pasado huracán Irma enfrentamos inundaciones de 3 a 6 pies, para el 2060 se espera un ascenso del nivel del mar de entre 2 y 2.5 pies de manera permanente. A ello súmele que si el calentamiento urbano es la principal causa de muerte en Estados Unidos, Miami será la ciudad que más se calentará en el futuro.
Resulta muy notorio que la ciudad de Miami haya recibido inversiones en bienes raíces de más de $13,000 millones desde el 2009 (de acuerdo con Real Clear Analytics), convirtiéndose así en la segunda área urbana de mayor crecimiento en todo el país. Pero, ¿cuánto se ha invertido en infraestructura pública y privada para mitigar fenómenos como el crecimiento del nivel del mar y el calor extremo?
El informe del ULI fue solicitado por la Agencia de Desarrollo Urbano de la ciudad y tiene como objetivo servir de guía para distribuir los presupuestos acordes al desarrollo reciente y a los planes futuros de crecimiento. Las zonas más propensas a afectaciones climáticas son las cercanas a la bahía y al río, pero si tenemos en cuenta que las inundaciones penetrarán de 5 a 20 cuadras tierra adentro casi toda la ciudad se vería afectada por los desastres naturales.
¿Queremos convertirnos en una ciudad verdaderamente global y segura? ¿O en una ciudad invivible por sus altos costos y la falta de sostenibilidad?
De nada sirve que Miami sea el puente entre Latinoamérica y Estados Unidos, y que los inversores hayan contribuido activamente todos estos años, si no se invierte en la planeación urbana correcta a futuro. La misma crítica va para los sistemas de transporte público de Miami-Dade, para las autoridades que emiten permisos en zonas de múltiples construcciones, y para los responsables de la falta de áreas verdes en algunos vecindarios.
¿Estamos construyendo ciudades para un futuro o para el presente de los bolsillos de los interesados?
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