Sigue creciendo el poder de influencia de los hispanos
Los hispanos de Estados Unidos están a la cabeza de una estadística económica determinante. Un reciente informe publicado por la revista especializada de real estate Curved asegura que los hispanos serán el 56% de los nuevos compradores de casa en el 2030 en toda la nación.
A partir de tal pronóstico, la publicación asegura que el futuro de una de las industrias más pujantes del país está en manos de la minoría de mayor crecimiento a nivel nacional. Una minoría que además está siendo determinante en tiempos electorales, y que cada vez lo será más.
En el 2017, por ejemplo, unos 167,00 hispanos compraron casa, lo que representa un 20% de aumento respecto al año anterior. Y aunque muchos analistas aseguran que el mercado de bienes raíces está lento, no necesariamente es el caso para los hispanos.
Entonces, se estarán preguntando, ¿dónde están comprando? Porque la realidad es que los precios de las viviendas en grandes ciudades no alcanzan para el promedio de los salarios de la mayoría de los hispanos, por lo cuál no les aprueban los préstamos.
Según el informe publicado en Curved, las zonas rurales de estados en los que los hispanos están creciendo, como Oklahoma, Georgia, Utah, Kansas y Texas, son las más concurridas. Olvídense por ahora de Miami, donde el precio de las propiedades no baja desde hace un par de años y donde los compradores internacionales marcan la pauta, aunque hay algunos pueblos de la Florida que todavía ofrecen viviendas asequibles.
El crecimiento en ventas tiene mucho que ver con la estabilidad laboral que encuentran los inmigrantes en Estados Unidos. Un esquema en el que, aunque no ganan mucho, si tienen un historial crediticio sano pueden lograr el tan anhelado sueño de ser propietario de su vivienda, así sea con un préstamo a 30 años y apoyado por incentivos gubernamentales para primeros compradores.
Es cierto que muchos estudios auguran que especialmente las mujeres hispanas se volverán más pobres a través de los años por la desigualdad de género y falta de oportunidades en el país. De hecho un nuevo informe de la ONU ubica a Estados Unidos por debajo de 10 países desarrollados del mundo en este tema. Pero también en el 2017 según cifras del censo, los hispanos bajaron en el índice de pobreza nacional por más de un punto porcentual. Y hoy en día la Asociación Nacional de Corredores Hispanos de Bienes Raíces indica que el 46% de los miembros de esta minoría son dueños de sus propiedades.
Todos estos índices se registran justamente cuando la población de Estados Unidos está en constante cambio, y en momentos de alarmante polarización e intolerancia racial por la retórica antiinmigrante del presidente Donald Trump y de otros actores políticos. Una realidad económica objetiva que debería activar de inmediato una alarma roja y sonora en las plataformas de esos actores políticos.
Los hispanos están poblando las zonas rurales de Norteamérica en rápido crecimiento, esas mismas zonas en las que tradicionalmente han vivido por generaciones blancos estadounidenses.
Tienen la capacidad de votar y las mismas necesidades que otros residentes, con el valor añadido de que están marcando pauta en un sector económico clave. Si resulta cierto que los estadounidenses votan con la “economía” en el corazón (ya lo dijo Bill Clinton: “Es la economía, estúpido”), sería olímpicamente idiota que algunas figuras en el poder continúen con la retórica antihispana y antiinmigrante que tanto se oye por ahí. A menos que realmente lo sean.
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