Opinión

Recordando a Pavarotti, el genio de la música

Luciano Pavarotti participa en una conferencia de prensa el 11 de abril de 2002 en el Intercontinental Hotel del downtown de Miami. Lo acompañan Judy Drucker, la soprano Annalisa Raspagliosi y Charlie Cinamon.
Luciano Pavarotti participa en una conferencia de prensa el 11 de abril de 2002 en el Intercontinental Hotel del downtown de Miami. Lo acompañan Judy Drucker, la soprano Annalisa Raspagliosi y Charlie Cinamon. Archivo/El Nuevo Herald

Ron Howard es un director de cine americano totalmente confiable. No le pertenece una estética, el sello que pocos artistas ostentan, pero sabe seducirnos con historias diáfanas, sin complejidades, que nos llegan fácilmente al corazón.

En la cerrazón y la desesperanza cubana de hace unos cuantos años, cuando llegaron las primeras reproductoras de video y dependíamos de aquellas copias estropeadas por el clandestina de conseguirlas, su filme Cocoon (1985) hizo historia.

Howard comenzó desde niño actuando en reconocidas series de televisión de los años sesenta, luego se hizo de una carrera cinematográfica coronada por el Oscar en el 2001 con A Beautiful Mind.

Recientemente le ha dado por hacer documentales sobre figuras populares de la música. The Beatles: Eight Days a Week, y este año Pavarotti sobre el tenor que tendió un puente complejo y definitivo entre lo culto y el universo pop.

Ambos documentales expresan su facilidad para desentrañar la grandeza de la excelencia artística y su estrecha relación con el público y aunque la fórmula del éxito sigue siendo una suerte de misterio, Howard organiza de tal modo estas carreras para nuestro disfrute, que logramos entender el valor del término “clásicos”.

El documental Pavarotti, que no ha contado con la publicidad que merece, regresa esta semana al Teatro Tower, del Miami Dade College, y no hay que ser un conocedor y devoto de la ópera para asumirlo como la historia de un genio, desde sus modestos e inciertos comienzos en Modena, Italia, hasta la consagración como el más importante tenor de la segunda mitad del Siglo XX.

Ron Howard tuvo acceso a verdaderos tesoros audiovisuales y numerosas entrevistas de familiares, colegas y amigos de Pavarotti, como sus tres hijas, su primera esposa, una de sus amantes, y la última cónyuge, 34 años menor, quien también le diera una hija y lo acompañara hasta el final de su vida en el año 2007.

Cuando la cultura occidental se feminiza, impelida por movimientos sociales y políticos supuestamente llamados a corregirla, el documental de Ron Howard, es un canto a la masculinidad tradicional, con una banda sonora muy poderosa y seductora.

Durante un encuentro público, hay una mujer que piropea, sin recato, las dimensiones físicas de Pavarotti y las compara al poder de su voz y el propio cantante confiesa que aprendió la técnica del canto apretándole el diafragma a una famosa soprano con la cual compartió sus primeras presentaciones.

El líder de la banda U2, Bono, de quien se hizo amigo entrañable, lo considera una fuerza irresistible de la naturaleza.

Pavarotti alternó, con éxito, recitales y óperas. De sus presentaciones en solitario, proviene el hecho de sostener un pañuelo, al no saber qué hacer con las manos.

Luego del famoso concierto de los llamados Tres Tenores, en los Baños de Caracalla, Roma, que diera como resultado la grabación más lucrativa de la música clásica, Pavarotti hizo cada año presentaciones benéficas con intérpretes de rock y otros géneros de la música popular, criticados por los puristas clásicos.

Durante uno de esos conciertos en Londres, frente a la princesa Diana, llueve sin parar y los paraguas entorpecen el espectáculo. Entonces él les pide que cierren las sombrillas y ocurre la magia, el público anegado en agua, obedece su reclamo y disfruta el concierto sin chistar.

El documental abunda en anécdotas similares y es pródigo en piezas musicales históricas completas, sin intromisiones.

Son casi dos horas en la intimidad de la leyenda, un verdadero privilegio que permite disfrutar sus éxitos y sentir sus pesares en una vida espléndida, prácticamente una ópera.

Siga a Alejandro Ríos en Twitter: @alejandroriostv.

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