Opinión

Marco Rubio: Revirtiendo las políticas fallidas de Obama y Biden en Venezuela

El gobernante venezolano Nicolás Maduro habla con el entonces vicepresidente de Estados Unidos, Joe Biden, durante la ceremonia de juramentación de la presidenta brasileña Dilma Rousseff, el 1 de enero de 2015 en Brasilia.
El gobernante venezolano Nicolás Maduro habla con el entonces vicepresidente de Estados Unidos, Joe Biden, durante la ceremonia de juramentación de la presidenta brasileña Dilma Rousseff, el 1 de enero de 2015 en Brasilia. AP

Tras apenas un mes del inicio de su administración, el presidente Donald Trump envió un mensaje claro a las dictaduras autoritarias y socialistas en Latinoamérica al imponer sanciones a quien es la mano derecha del dictador venezolano Nicolás Maduro.

Mark Feierstein, quien se desempeñó como el principal asesor para Latinoamérica en el Consejo de Seguridad Nacional del Presidente Barack Obama, elogió la acción de la administración Trump diciendo que era un “paso necesario para aumentar la presión contra el régimen en Venezuela, señalándoles a los altos funcionarios que sufrirán consecuencias si continúan participando en corrupción masiva, abuso de derechos humanos y [el desmantelamiento de] la democracia”.

A comparación de la administración anterior, Trump indicó que haría que los regímenes corruptos y criminales de América Latina fueran responsabilizados por destruir las aspiraciones democráticas y de autodeterminación de su pueblo, también por socavar el estado de derecho y por participar en violaciones de derechos humanos. Sobre Venezuela, escribió recientemente Feirstein, “los instintos de Trump a menudo han estado correctos” elogiando a la administración republicana por sabiamente buscar “construir alianzas multilaterales, al imponer sanciones y al coordinar con los miembros demócratas en el Congreso”.

A medida que la situación en Venezuela se deterioraba en el año 2014, la administración del presidente Obama optó por tomar un enfoque diferente al oponerse vehementemente a la Ley de Defensa de los Derechos Humanos y de la Sociedad Civil venezolana del 2014. El proyecto bipartidista, del cual fui coautor, trató de imponer sanciones financieras y prohibiciones de visados contra funcionarios del régimen de Maduro que eran responsables del uso letal de fuerza contra los manifestantes y quienes violaron derechos humanos a principios de ese año.

La administración de Obama combatió ese esfuerzo bipartidista al desplegar a la entonces Subsecretaria de Estado Adjunta para Asuntos del Hemisferio Occidental, Roberta Jacobson, a presionar a miembros del Congreso a que se opusieran a este proyecto de ley. Jacobson erróneamente le afirmó a senadores que los miembros del grupo de la oposición venezolana, Mesa de la Unidad Democrática (MUD), querían que Estados Unidos suspendiera las sanciones. Maduro incluso elogió sus comentarios como un “acto de buena fe”.

Después de que los miembros de la MUD reprocharan las falsas afirmaciones de Jacobson, el Departamento de Estado se vio obligado a emitir una corrección, señalando que: “Deseaban aclarar que la oposición no ha sugerido específicamente que nos abstengamos de imponer sanciones contra individuos”, agregando que “algunos miembros de la oposición lo han alentado”.

Aunque la legislación bipartidista finalmente se convirtió en ley, la administración de Obama simplemente se doblego con diálogo y diplomacia ante el régimen de Maduro. Como después diría Lilian Tintori, la esposa del líder opositor venezolano Leopoldo López, burócratas en el Departamento de Estado de la administración Obama “terminaron promoviendo un diálogo que no funcionó”.

Una restauración pacífica del orden democrático en Venezuela no puede suceder si los funcionarios de EEUU, como los de la administración anterior, tergiversan activamente los deseos de los miembros de la oposición. Incluso Feierstein, el ex asesor de Obama, reconoció que una transición democrática “requerirá que la oposición venezolana re-movilice a sus seguidores y que los esfuerzos diplomáticos de Estados Unidos llevaran a los gobiernos de la región a aislar a Maduro”.

Por alguna razón, el gobierno de Obama nunca intentó aislar a Maduro y apoyar plenamente a la oposición venezolana. Con 3.4 millones de venezolanos en el exilio, una inflación descontrolada y hambruna, está claro que la política de la era de Obama resultó en un fracaso catastrófico para América Latina. Lo dicho anteriormente plantea la pregunta de por qué el vicepresidente de Obama, Joe Biden, ahora está criticando la política de la administración Trump, la cual formó una coalición internacional de más de 50 países que reconocen al presidente interino Juan Guaidó como el líder legítimo de Venezuela.

El gobierno de Obama y de Biden tuvo muchos años para evitar la actual crisis humanitaria en Venezuela y para hacerle frente a la amenaza a la seguridad nacional que afronta nuestro país a manos del régimen de Maduro, pero no fue así. De hecho, la administración anterior agravó aún más los problemas en Venezuela al ignorar el rol que juegan enemigos como Cuba, Rusia, Hezbolá, el ELN y las FARC.

Poco después que el gobierno de Trump impusiera sanciones contra Tareck El Aissami en el 2017, el comité editorial del Washington Post escribió que Maduro se había “escondido detrás de los llamados al ‘dialogo’ con la oposición”.

Como el presidente Trump y su equipo no estaban satisfechos con el fracaso del status quo que heredaron, Maduro ya no puede esconderse. A medida que la nueva administración continúa revirtiendo la fallida política de la administración de Obama en Venezuela, debemos permanecer alertas.

Los tiranos en nuestro hemisferio y en el mundo están ansiosos por tener una nueva administración en Estados Unidos y con ella el regreso del falso diálogo.

El senador republicano Marco Rubio es el presidente del Subcomité del Senado Relaciones Exteriores para el Hemisferio Occidental, Delincuencia Transnacional, Seguridad Civil, Democracia, Derechos Humanos y Asuntos Globales de la Mujer.

  Comentarios