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Opinión

Ros-Lehtinen: mis observaciones al recordar el Holocausto

Una decena de personas se detiene para guardar silencio en la ciudad de Tel Avid, el 2 de mayo, mientras sirenas suenan durante dos minutos por todo Israel para recordar a las seis millones de víctimas judías del Holocausto.
Una decena de personas se detiene para guardar silencio en la ciudad de Tel Avid, el 2 de mayo, mientras sirenas suenan durante dos minutos por todo Israel para recordar a las seis millones de víctimas judías del Holocausto. AFP/Getty Images

Me gustaría compartir tres observaciones que aprendí durante mis años en el Congreso estadounidense sobre el tema de recordar el Holocausto y la remediación.

Mi primera observación es que hacer cualquier cosa relacionada al Holocausto, más que solo emitir palabras, es difícil.

▪ Mientras más grande es el horror, mayor es el daño.

▪ Mientras más grande el daño, mayor es la presencia de individuos, corporaciones y gobiernos.

▪ Mientras más involucrados, más grande es el sentido de culpa.

▪ Y mientras más sentido de culpa, más aumenta el deseo de evitar ajustes de comportamiento y remedios a las injusticias del pasado.

Consideremos que el gobierno alemán no ha cumplido la promesa del Canciller Adenauer del 1951 donde se comprometió que Alemania se encargaría de las necesidades de los sobrevivientes del Holocausto.

Aunque algunos individuos en Alemania han tomado pasos limitados para cumplir esta promesa, esas acciones han resultado inadecuadas. El gobierno alemán ha suministrado apoyo mediante programas de asistencia económica y ha mejorado el cuidado médico.

Pero el Ministro de Finanza alemán admite que el nivel de cuidados ha sido insuficiente, especialmente para los que necesitan cuidado intensivo y a largo plazo.

Mientras honramos a las víctimas del Holocausto, debemos hacer todo lo que está a nuestro alcance para ayudar y apoyar aquellos que han sobrevivido las atrocidades más excesivas de la historia.

Es nuestra obligación moral ayudarlos y demostrarles lo mejor que puede ofrecer la humanidad y así asegurarles que si pueden vivir el resto de sus días con dignidad.

La injusticia extensa conlleva también un sentido profundo de culpa que muchos no están dispuestos a admitir. La injusticia extensa también conlleva costos de remediación que muchos no están dispuestos a pagar.

Así es que:

▪ Si desea ser amigo de todos, no puede realmente apoyar a los sobrevivientes del Holocausto.

▪ Si solo quiere tomar acciones que no tengan costo, no puede realmente apoyar a los sobrevivientes del Holocausto.

▪ Si no quiere cambiar el mundo, no puede realmente apoyar a los sobrevivientes del Holocausto.

Mi segunda observación es que:

▪ Recordar, realmente recordar, es en sí difícil.

▪ Recordar nos angustia.

▪ Recordar es psicológicamente traumático.

▪ Recordar es tan difícil debido a lo que tenemos que recordar. En el caso de las generaciones más jóvenes, primero tienen que aprender, después creer, y entonces recordar.

No solo las cantidades. No solo los hechos horrorosos.

Sino tenemos que recordar que el Holocausto no es una anomalía única en un solo país, sino el producto de siglos de odio que no termino en 1945.

Tenemos que recordar que el Holocausto fue llevado a cabo por decenas de miles de personas “ordinarias”, que fue aceptado como consistente con la ley, y que fue tolerado por una sociedad entera.

Tenemos que recordar que el Holocausto en contra del pueblo Judío puede suceder una vez más. Existen figuras internacionales enfocadas en repetir esas acciones. El genocidio en contra de otras minorías étnicas ha sucedido en nuestros tiempos.

¿Quién quiere reconocer estas verdades?

¿Abrir los ojos a la realidad del asesinato sistemático ejecutado por decenas de miles de individuos “ordinarios”?

¿Reconocer la crueldad en el mundo cuando es más agradable creer con optimismo en la justicia en un mundo realísticamente injusto?

Mi tercera observación es que nunca debemos de pasar por alto la capacidad humana del mal, tanto la comisión del mal intencionado y la banalidad del mal cometido por personas sin pensamiento. Hasta que no tengamos un mejor entendimiento de la naturaleza humana, estamos obligados a usar el concepto del mal. No somos lo suficientemente sofisticados todavía para abandonar el concepto del bien y el mal.

Ni la planificación metódica de la Conferencia Wannsee en el 1942 para estructurar la “Solución Final a la Pregunta Judía”, ni la implementación de rutina por decenas de personas “normales” se puede comprender sin entender la capacidad del mal en el corazón humano.

“La línea que divide el bien y el mal corre por el corazón de cada ser humano,” nos señaló Alexander Solzhenitsyn en su Gulag Archipelago.

En El corazón de las tinieblas (Heart of Darkness) Joseph Conrad nos advierte que “la mente del hombre es capaz de cualquier cosa — porque está llena de todo…”.

Tenemos el deber de sonar la trompeta para recordar al Holocausto en la lucha entre el bien y el mal, porque “si la trompeta suena con incertidumbre, ¿quién se preparará para la batalla?”.

Cada uno de nosotros debemos responder con una voz fuerte en contra de las fuerzas de la negación, del olvido y de la incomprensión. Cada uno de nosotros debemos responder como lo hizo Isaías:

Y oí la voz del Señor diciendo “¿A quién enviaré, y quién irá por nosotros?”. Entonces yo dije, “Aquí estoy, envíame a mí”.

Todos seamos esa voz que exclamó: envíame a mí, envíame a mí.

Ileana Ros-Lehtinen fue durante casi 30 años una congresista republicana que representó a la Florida. Envíele sus preguntas a: HeraldIleana@gmail.com, o en Twitter: @Roslehtinen.

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