Opinión

La sorprendente Bogotá, una ciudad nueva

La estación del Tunal surte orgullo a los colombianos.
La estación del Tunal surte orgullo a los colombianos. Wikimedia Commons

Hace unos días, 80 bogotanos, hicimos un recorrido por la ciudad con el propósito de visitar tres de las múltiples e importantes obras de la alcaldía de Enrique Peñalosa.

Tomamos Transmilenio en el Portal del Virrey rumbo a la terminal del Tunal. Los buses que hoy estrena Bogotá, modernos y cómodos, funcionan con gas natural comprimido, uno de los combustibles más limpios. La información sobre la bajísima polución que producen es fácil de encontrar en las redes. Es lamentable que políticos como Gustavo Petro lo nieguen, tratando de engañar a la gente.

La terminal del Tunal haría orgullosa a cualquier ciudad del mundo, por su diseño, eficiencia y limpieza. Incluso, la educación ciudadana que se observa. Aquí cargan y descargan ordenadamente buses cada minuto.

Pasamos a visitar el colegio Rogelio Salmona. Esta hermosa edificación entró en servicio en marzo y es uno de los 30 colegios completamente nuevos que la alcaldía se propuso construir, de los cuales entregará 12 terminados, nueve en obra, y otros nueve listos para licitar. Recordemos, desde 2011 Bogotá no tenía colegios nuevos.

El Salmona, administrado por los salesianos, reconocidos educadores, es impecable. En los comedores, patios de deporte y relajación, salones de estudio, teatro y en la encantadora área de los chiquitos, se respira tranquilidad, alegría y disciplina. Los espontáneos saludos y sonrisas de los estudiantes nos dieron una inmensa tranquilidad sobre la calidad de educación que allí se imparte.

El programa de enseñanza pública administrada por colegios privados de gran experiencia es realmente exitoso; la calidad de la enseñanza se nota en todo. Los bachilleres tienen su propio gobierno democrático, con elecciones y gobernantes, parte de la educación en cívica y participación ciudadana.

A estos colegios nuevos se suman las remodelaciones y mejoras hechas a 398 colegios ya existentes. Y los edificios nuevos construidos luego de la demolición de edificaciones obsoletas; de ellos, 28 terminados y seis en obra.

De regreso al Tunal, tomamos el magnífico Transmicable que nos puso a “volar” sobre el barrio Simón Bolívar, en excelentes cabinas (163), cada una para 10 personas sentadas. Este sistema recorta a la mitad el tiempo de transporte de los usuarios, 3,600 por hora/sentido.

El barrio está embellecido por los colores con que, con la ayuda de la alcaldía, los habitantes han pintado sus casas y los imaginarios grafitis que decoran muchas de sus paredes.

La mayor garantía para el sostenimiento, buen uso, conservación y continuidad de todas las nuevas obras es la participación de una ciudadanía educada y empoderada para respetarlas y hacerlas respetar. Educación ciudadana es la clave del éxito de los proyectos.

El ciudadano debe reconocer el beneficio aportado a su bienestar por cada obra y defenderla como propia, como defiende las mejoras que hace en su hogar. Un ciudadano comprometido, no importa su ideología política, su origen o su capacidad económica, es la mejor garantía de continuidad y progreso.

Los invito a todos a hacer este recorrido, sin agenda política, sino ciudadana, a enamorarse de esta nueva Bogotá, con infraestructura digna y eficiente para todos.

La clave radica en la continuidad, y si futuros gobiernos la detiene, nada se habrá logrado.

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