Opinión

La historia no debe reescribirse

Fotografía de archivo del 20 de noviembre de 2014 de flores sobre la tumba del exdictador español Francisco Franco en un mausoleo en el Valle de los Caídos, cerca de Madrid
Fotografía de archivo del 20 de noviembre de 2014 de flores sobre la tumba del exdictador español Francisco Franco en un mausoleo en el Valle de los Caídos, cerca de Madrid AFP/Getty Images

La Guerra Civil Española fue una contienda fraticida en la que se cometieron crímenes por ambos bandos, dejó más de 500,000 muertos, significó la fracción moral del país, y provocó heridas que tardaron muchos años en cicatrizar.

Al menos, eso es lo que se pensaba. Hasta que la Ley de Memoria Historia, aprobada por el gobierno socialista de José Luis Zapatero, que permitía las exhumaciones de fosas comunes y condenaba los desmanes del franquismo, demostró que no estaban cicatrizadas del todo.

Y que, al margen de los gravísimos problemas políticos que ahora abruman a España, el continuo hallazgo de cadáveres pertenecientes al bando nacional en fosas en las que se esperaba encontrar víctimas republicanas, no ha hecho sino reabrir viejas heridas.

Sobre todo cuando los vuelven a tapar y los dejan enterrados. Pero aun así, con cada fosa excavada, la verdad está saliendo a la luz. Que es esta: no solo fueron los nacionales quienes fusilaron prisioneros; los republicanos también lo hicieron.

Pobre España. Como si no bastasen las divisiones provocadas por los separatistas catalanes, ahora también están las ocasionadas por algunas asociaciones de izquierda que han logrado alzarse con la representación de las víctimas. No la de todas, claro; solo las del bando republicano, que son las únicas que desentierran. Las otras, las del bando nacional, continúan sin ser identificadas en las fosas comunes.

Es por eso que España es hoy, otra vez, una nación dividida entre buenos y malos. Esto no ocurrió de la noche a la mañana. Una parte de la culpa la tienen los políticos, como Pedro Sánchez, quien recientemente aprobó un decreto en el que se autorizaba la exhumación de los restos del general Francisco Franco del mausoleo del Valle de los Caídos, lo que generó un intenso debate que solo ha contribuido a que se reabran heridas que se creían cerradas.

También comparten la culpa los escritores de izquierda porque siempre, a través de su literatura, han tratado de hacer aparecer a los combatientes republicanos como revolucionarios inmaculados y a los nacionales como unos asesinos sin alma.

Como lo ha hecho la escritora Almudena Grandes en sus “Episodios de una guerra interminable”, una saga histórica de seis novelas en la que ha reescrito, a través de la ficción y siempre desde su parcializado punto de vista izquierdista, la historia de la posguerra franquista.

En una de ellas, la titulada El lector de Julio Verne, relata el dilema de un niño, hijo de un guardia civil, que se debate entre el amor por su padre y la admiración por el guerrillero Tomás Villén, que se había alzado en la Sierra de Jaén después de concluida la Guerra Civil.

Grandes no escatima detalles en la escena del asalto final por parte de la guardia civil al escondite del guerrillero. Tampoco en los de su muerte; ni en los del escarnio al que fue sometido su cadáver.

Está bien que ella, por pura solidaridad ideológica, rescate esos olvidados episodios en los que combatientes republicanos son asesinados y los incluya en sus novelas. Lo que no está bien es que no haya intentado rescatar también, aunque solo fuese mencionándolos de pasada, otros episodios que ocurrieron en esa misma provincia de Jaén, como el de los 127 curas asesinados por combatientes republicanos.

Es poco probable que ella no conociese ese episodio. Cómo no iba a saberlo si los nombres de los sacerdotes fusilados están grabados en sendas lápidas colocadas en las paredes del presbiterio y el coro de la Catedral de Jaén.

Sí, España es otra vez una nación divida por los fantasmas del pasado. Y solo dejará de serlo cuando los políticos socialistas dejen en paz a los muertos y los escritores de izquierda dejen de reescribir la historia.

Escritor cubano residente en Miami

  Comentarios