Opinión

Los abusos a los consumidores desprotegidos de la Florida

Uno de los peajes del sistema SunPass en la Florida, ubicado en NW 107th Avenue North, Miami.
Uno de los peajes del sistema SunPass en la Florida, ubicado en NW 107th Avenue North, Miami. Archivo/el Nuevo Herald

A pesar de existir numerosos organismos que supuestamente defienden al consumidor en Estados Unidos, estos realmente se encuentran desprotegidos y son víctimas de verdaderos abusos.

En el sector público existen varias agencias federales y estatales que prestan el servicio de protección al consumidor. En la Florida contamos con el Departamento de Agricultura y Servicios al Consumidor, el Departamento de Servicios Financieros, la Oficina del Fiscal General, la División de Instituciones Financieras, la Oficina Reguladora de Seguros y la Comisión de Servicios Públicos.

La pregunta lógica que se desprende de todos estos organismos es la función que realmente cumplen ya que a menudo se ven serias situaciones de abuso al consumidor. Por ejemplo, veremos tres casos.

1. Los peajes: En Miami simplemente ya es insoportable la cantidad de peajes que pululan por doquier enrareciendo el trafico y congestionando las vías. Prácticamente todas las autopistas tienen o tendrán cajeros electrónicos capaces de esquilmar el bolsillo del consumidor convirtiendo a la Florida en el estado con mas peajes en la nación. Incluso, en alguna de ellas como la Florida Turnpike ya están planteados nuevos peajes por lo que el cobro allí será doble. En otras palabras, allí no se salva nadie. Esto es algo novedoso en la nación y quién no acepte que se trata de un abuso al consumidor, no está hablando con sinceridad, así de simple.

Aquí es donde precisamente surge una interrogante elemental: ¿qué están haciendo todas estas entidades para proteger al consumidor? Más bien parece que están en su contra.

2. Los “late fees”: Por años hemos sostenido que los late fees, services fees, reconnection fees y otras geniales nomenclaturas no son sino un abuso a los consumidores. Por supuesto, vivimos en una economía de libre mercado y cada empresario tiene la opción de decidir como manejar su negocio. Entendemos que entre la pericia empresarial entran en juego una serie de factores que determinan un balance positivo en la cuenta de ganancias y pérdidas, y que a los efectos, se convierten en mayores dividendos a la hora de compensar a los accionistas corporativos. Pero resulta que este tipo de estratagemas a menudo terminan en un engaño para el consumidor.

Por ejemplo, muchas veces vemos que un pago es enviado a tiempo, pero misteriosamente llega tarde propiciando un recargo por pago tardío. Peor ocurre cuando se trata de tarjetas de crédito. Resulta ser que el interés de mora es calculado sobre el saldo deudor atrasado que ya tenía otros intereses. Sin duda, la amortización normal del principal más intereses, no debe incluir los intereses de mora previos.

La mayor desfachatez ocurre en los cobros por reconexión cuando un usuario de servicios básicos le reinstalan en segundos un servicio que había sido previamente suspendido, y por ello le cobran una módica cifra que oscila entre $15 y $45 por ese “arduo” trabajo de reconexión.

Y es que los geniales cerebros financieros encargados de la cobranza en las grandes corporaciones nunca dejan de innovar con nuevas maniobras. Por ejemplo, en muchas ocasiones que el usuario pretende pagar por teléfono, el sistema tiene algún “desperfecto” motivo por el cuál su llamada es transferida a una amable operadora que le cobra unos $5 por el “trabajito”. Si esa empresa tiene unos 300 millones de clientes en su conglomerado, potencialmente esos $5 se pueden convertir en $1,500 millones en un solo mes. ¡Vaya genialidad!

3. Las camaritas: Las camaritas instaladas en los semáforos es otro “negoción” que afecta a los consumidores. En los mínimos $158 que cobran por infracción, también cobran la empresa de tecnología, el Estado y la Ciudad respectiva. Debería cobrar solo la ciudad para que el costo fuera menor.

Después de haber visto apenas tres casos en los cuáles el consumidor es azotado por costos cada vez más crecientes, nos preguntamos si una verdadera Unión de Consumidores es necesaria toda vez que el salario mínimo no aumenta. La Unión que existía, en el 2012 derivó en un negocio conocido como “Consumer Reports”, que publica las fallas y virtudes de muchos productos. Sin embargo, es solo una alerta que no cambia las cosas.

En la Florida, y más específicamente en Miami, se requiere con urgencia una Unión de Consumidores que realmente proteja al consumidor y que no acepte las imposiciones de la legislatura estatal.

Parece que para estos casos en nuestra democracia, no hay otro remedio que la protesta pacífica pero multitudinaria.

Benjamín F. DeYurre es un economista y periodista. Twitter: @DeYURRE.

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