Opinión

Por la radio cubana: de la mano de Eduardo González Rubio

El locutor cubano Eduardo González Rubio, en una foto de archivo de enero del 2006.
El locutor cubano Eduardo González Rubio, en una foto de archivo de enero del 2006. Archivo/El Nuevo Herald

Tuve un tío que se dedicaba, de manera prolija, a grabar novelas en Radio Progreso, la Onda de la Alegría, durante los años sesenta.

Acceder a los estudios, con tecnología de punta, heredada del capitalismo, aire acondicionado y la comodidad de las inversiones inmobiliarias llamadas a perdurar, era para mí una experiencia ciertamente mágica.

Fantasmas del pasado, como Carlos Badías y Gina Cabrera, sobrevivían como talento y se quejaban por todas las molestias políticas que comenzaban a entorpecer su trabajo artístico, pero todavía leían los guiones con un profesionalismo distinguido.

Ese estudio de grabaciones esmerado y otros, no fueron sustituidos por el progreso de una urbanización con mejores edificaciones, sino que se destruyeron, paulatinamente, por la desidia de un régimen irrespetuoso y taimado con los logros del pasado, que nunca pudieron superar.

He recordado este capítulo de mi vida, como una suerte de Cinema Paradiso, el extraordinario filme italiano que atañe a la nostalgia y el recuerdo, leyendo el libro Pegado al micrófono, Eduardo González Rubio, escrito por mi amigo e incansable investigador de nuestro acervo cultural, Omar Claro.

Aquel muchacho deslumbrado y curioso que fui, en medio de notorios estudios de radio que le debemos a la productividad de la república, desbancada en 1959, no podía ni soñar, paradojas de la vida, con el privilegio de presentar alguna vez este libro sobre una leyenda de la paradigmática industria cubana de las comunicaciones, las noticias y el entretenimiento.

El nuevo título de la bibliografía de Omar Claro, reincide en la astucia exitosa de sus obras anteriores: explora todos los ángulos posibles de una figura cimera de la cultura cubana, en la más amplia acepción del término, hurga en su contexto social y personal para, de tal modo, entregar una labor que se bifurca en historia, anécdotas, sumamente divertidas, e investigación minuciosa.

Pegado al micrófono, se lee como una epifanía, de la mano de este profesional excepcional, González Rubio, quien conoce los secretos del arte de la voz y el don de la comunicación, sin afeites, sin trucos, ni acento neutro, con dominio pleno de la palabra y su insospechada capacidad para crear un universo en el imaginario del radioyente.

El elogio de Eduardo González Rubio, deviene tributo al esplendor y la funcionalidad de la libertad, a la vez que enlaza, esperanzadoramente, a distintas generaciones de la creatividad cubana, como ha seguido ocurriendo a pesar del cisma castrista, considerando que Omar Claro nació en 1962, y el famoso locutor está a unos pasos de su ejemplarizante novena década de vida.

A veces hemos mirado con suspicacia los llamados puentes o el intercambio cultural, sobre todo cuando provienen de la perturbación totalitaria, sin embargo el hecho de que hoy existan en Miami emisoras de radio colombiana, venezolana o haitiana, por solo mencionar tres naciones prominentes, es debido al rico caudal técnico y artístico de la radio cubana, entre las primeras y mejores del continente, que arribó a estas costas para volver a germinar de la mano de sus laboriosos y perseverantes fundadores, quienes se resistieron a la derrota que les auguró la dictadura de donde escaparon. Este es el más fecundo de los intercambios culturales que uno se pueda imaginar.

Pegado al micrófono, es un testimonio sobresaliente de la inderrotable cubanidad cuando se mueve libre. Leyendas de la radio como Eduardo González Rubio desbrozaron el camino de los medios de comunicación en español de Estados Unidos y Omar Claro hace un loable intento en su libro de resumir esta hazaña que servirá como cartografía para futuros exploradores.

Twitter: @alejandroriostv.

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