Opinión

La gestión emocional como ventaja competitiva

En un panorama laboral altamente competitivo, la preparación académica y las destrezas técnicas resultan esenciales, pero formarse emocionalmente contribuye de forma decisiva al éxito.
En un panorama laboral altamente competitivo, la preparación académica y las destrezas técnicas resultan esenciales, pero formarse emocionalmente contribuye de forma decisiva al éxito. Getty Images

Tener un máster o hablar con fluidez un segundo idioma es un plus a la hora de destacarse en el mundo laboral, pero la verdadera ventaja competitiva está en ser un maestro en gestión de las emociones.

Las personas que saben reconocer sus emociones y las de los demás, que son capaces de gestionarlas en función de la situación o del contexto, son las que triunfan en todos los ámbitos, especialmente en el empresarial.

En un panorama laboral altamente competitivo, la preparación académica y las destrezas técnicas resultan esenciales, pero formarse emocionalmente contribuye de forma decisiva al éxito. Los reclutadores de talento empresarial lo saben, y buscan personas que sepan manejar sus emociones: esas son las que perduran en las empresas, las que avanzan en el desarrollo profesional y las que generan valor en las corporaciones.

Las personas emocionalmente competentes son así:

▪ Saben hablar de sus emociones y son capaces de establecer matices sin considerarlas simplemente buenas o malas.

▪ Reconocen las emociones de los demás, tanto por lo que dicen como por lo que callan.

▪ Practican la escucha activa, miran a su interlocutor y se interesan por él.

▪ Son conscientes del efecto que ellos mismos producen en su entorno.

▪ Se muestran empáticos; es decir, se ponen en el lugar del otro.

▪ Sienten curiosidad vital, les gusta aprender, investigar, enterarse del porqué de las cosas.

▪ Se adaptan a los cambios con flexibilidad porque asumen que la vida está en constante transformación y buscan soluciones creativas a los nuevos problemas.

▪ Reconocen que no son buenos en todo y no se sienten frustrados ni hundidos cuando comenten errores; los superan y aprenden de sus fallos.

▪ Pueden decir no siempre que sea necesario, porque dan importancia a establecer límites tanto para los demás como para sí mismos.

▪ Disfrutan de su soledad. Tener habilidades emocionales no significa ser el más sociable del mundo ni dejarse incluir en todos los grupos de WhatsApp.

▪ Se cuidan: llevan una vida sana, hacen ejercicio, duermen lo suficiente, disfrutan del tiempo libre con amigos o en pareja, se regalan actividades placenteras.

▪ Tienen espíritu de equipo, desean colaborar, valoran a los demás y gestionan bien la resolución de conflictos.

Todo esto se puede aprender y contrastar, por ejemplo, en eventos de entrenamiento como la Escuela de Emociones, diseñado para mejorar las habilidades. Y, por supuesto, el aprendizaje será siempre una gran ventaja competitiva.

Siga a Estrella Flores-Carretero en Twitter: @EstrellaFloresC. http://www.ieieamerica.com/.

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