La trampa racista de Trump
Donald Trump no estaría incendiando el país con tanto odio racial si él no tuviera tanto miedo. A perder la reelección. Y a lo que pueda pasarle a su imperio cuando ya no sea presidente.
Que haya recurrido al racismo como salvavidas político es triste, pero no sorprendente. Primero por su afinidad con el supremacismo blanco; segundo porque al núcleo duro de sus seguidores les gusta, o no les importa; y tercero porque no tiene otro argumento para inflamar las pasiones de su tribu. Ya no puede achacar los males al “pantano” de Washington porque desde que él lo dirige es más profundo y huele mucho peor.
Además de solidificar su base, Trump está apostando a que los demócratas muerdan el anzuelo de sus diatribas racistas y pueda acusarles de defender fronteras abiertas y una agenda socialista. Por eso eligió hace días a las cuatro congresistas demócratas del ala progresista y al jefe del comité del Congreso que le investiga. Todos tienen en común el color de la piel.
Quizá no lo haya visto en Fox News, pero apostar por el odio en general, y en particular por el racismo, es muy arriesgado. Para Trump. Porque el fuego que pretende avivar en el 30% de los votantes, enardece también en su contra al otro 70%, por mucho que en Fox le escondan la verdad. Y la verdad es que puede acabar atrapado en su propia hoguera.
Pero desde su óptica, la fórmula del odio al inmigrante no europeo, al musulmán o al hispano le funcionó tan bien para llegar a la Casa Blanca que ahora quiere repetirla. Y como el odio es una droga, quizá la más potente de todas, para que surta efecto tiene que ir elevando las dosis. La dosis actual es de racismo contra afroamericanos y otros grupos de color.
¿El lema de 2020? Make America White Again (Hacer America Blanca de Nuevo). ¿Y los nuevos gritos de guerra trumpistas? “Regresa a tu país”, “Que se vayan”. Por cierto, muchos de los que vociferan tales consignas forman parte de los grupos que aborrece Trump, por ejemplo algunos hispanos.
Si Trump pensaba que sus arengas racistas y divisivas le servirían también como herramienta de intimidación política, se habrá llevado una sorpresa con la contundente réplica de Joe Biden en el debate de las primarias demócratas:
“Señor presidente, aclaremos algo: nosotros amamos América, no nos vamos a ir, estamos aquí para quedarnos, y ciertamente no se la vamos a dejar a usted”.
Todo un ejemplo de elegancia, sabiduría y decencia. El problema es que Trump no conoce ninguna de las tres. Hubiera entendido mejor una respuesta chabacana y vengativa, pero Biden no va a descender a esa cloaca.
Y hablando de cloacas, un reciente editorial del periódico The Baltimore Sun fustiga a Trump por haber insultado al congresista que representa a Baltimore, Elijah Cummings, y por calificar la ciudad como “la peor” del país, “la más sucia … infestada de ratas”. El título del editorial lo dice todo: “Es mejor tener algunas ratas que ser una de ellas”.
El mensaje de ése periódico debería tomarlo el señor presidente como un indicio de que la prensa ha aprendido la lección y en 2020 no va a bailar al ritmo que él le toque, como hizo en 2016. Probablemente lo ha sabido interpretar, porque instintos no le faltan. En concreto el de supervivencia lo tiene muy agudizado.
Y las últimas encuestas públicas hablan de mortalidad política. Muy mal agüero pinta cuando la última encuesta nacional de sus fans en Fox News le situa 10 puntos por debajo de Biden, 39% a 49%, resultados similares a los que arrojan otros sondeos.
Lo normal sería que tratara de levantar el vuelo intentando ampliar su base de votantes. Pero eso requería cambiar el mensaje a uno esperanzador y su movimiento de odio no se lo perdonaría. Quizá no conozca el viejo refrán: “odiar es como tomarse un vaso de veneno y esperar que sea otro el que se muera”.
Periodista y analista internacional. Twitter: @TownsendRosa.