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Opinión

La falsa narrativa que vincula al Partido Republicano con el racismo

El presidente Donald Trump saluda a sus seguidores en un mitin el 17 de julio de 2019 en Greenville, Carolina del Norte.
El presidente Donald Trump saluda a sus seguidores en un mitin el 17 de julio de 2019 en Greenville, Carolina del Norte. NYT

Este artículo fue publicado originalmente por The News & Observer de Raleigh, Carolina del Norte, el 31 de julio de 2019.

¿Por qué los demócratas acusan implacablemente al presidente Donald Trump de ser racista?

Por la misma razón que los perros ladran, los patos graznan y los niños gritan hay viene el lobo: porque eso es lo que hacen.

Antes de Trump, los demócratas lanzaron la misma despreciable crítica contra Mitt Romney: el vicepresidente Joe Biden advirtió a los afroamericanos que Romney “los volvería a encadenar”.

Lanzaron ataques similares contra John McCain, a quien el representante John Lewis comparó con George Wallace y los Bush. En el año 2000, la organización NAACP publicó un anuncio en el que culpaba a George el joven por el asesinato de James Byrd, un afroamericano encadenado a un camión y que murió arrastrado por supremacistas blancos.

Y así ha ocurrido con la mayoría de los republicanos desde la época de Richard Nixon.

Por supuesto, los demócratas no siempre han lanzado sus escandalosos ataques contra los republicanos. Durante gran parte de su historia, el partido utilizó exactamente las mismas tácticas para deshumanizar a los negros. Para que los apoyaran, los demócratas asustaron a los votantes a través de afirmaciones falsas e imágenes viles, creando una imagen siniestra del votante afroamericano.

Las caricaturas interminables que sus secuaces en los medios ahora muestran a Trump como un miembro del Ku Klux Klan son solo versiones modernas de las caricaturas que retratan a los afroamericanos como violadores violentos. Los demócratas siempre han usada la raza como carta política.

Los demócratas se esfuerzan por negar esa historia, pretendiendo que abandonaron al instante su pasado racista en la década de 1960. La historia que cuentan es que a sabiendas entregaron su dominio sobre la región Sur de Estados Unidos para promover la causa de los derechos civiles.

Pero eso es una tontería.

De hecho, los demócratas continuaron controlando la mayoría de los estados del sur, que ahora describen como focos de supremacía blanca, durante décadas. Carolina del Norte, por ejemplo, no eligió una legislatura bajo pleno control republicano hasta 2010.

Tenga en cuenta que Biden recientemente se metió en problemas porque describió su alianza con los segregacionistas demócratas durante la década de 1970.

Sí, el Sur se ha vuelto mucho más republicano en las últimas décadas. Pero lo que ignora esa falsa narrativa demócrata es que la región se volvió cada vez más hacia el Partido Republicano a medida que se alejaba de su pasado racista.

No fue el racismo republicano, sino la adopción de altos impuestos y la regulación por parte de los demócratas lo que llevó a los votantes a los brazos del Partido Republicano.

Ahora, hablemos de Trump. Sí, usa un lenguaje insensible. Pero una persona imparcial, mientras espera que el presidente sea más preciso, debería ver que él no es racista. El racismo es el amplio rechazo de los grupos; Trump critica a individuos y organizaciones específicas con los que tiene un problema en particular.

No desprecia a los atletas negros, solo a los jugadores que se niegan a defender el himno nacional.

No atacó a todas las mujeres de color, solo a cuatro miembros del Congreso, el llamado “Squad” (Escuadrón), que lo insultaron a él y a Estados Unidos.

Él ha condenado explícita y repetidamente a los supremacistas blancos, neonazis y otros enemigos, incluso en sus comentarios groseramente mal caracterizados después de la violencia de 2017 en Charlottesville, Virginia.

Nada de este contexto es importante para aquellos empeñados en destruir a este presidente.

Si bien todos podríamos querer que Trump elija sus palabras con más cuidado, ¿qué consecuencias hay para los críticos que lo acusan a diario de ser un supremacista blanco y un nazi, un cleptócrata mentalmente desquiciado con deseos incestuosos, todo en un simple esfuerzo por anular su elección?

Columnista invitado de The News & Oberserver. Correo: jpederzane@jpederzane.com.

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