Opinión

¿Superará la inteligencia artificial a los humanos?

El robot Pepper te recibirá en el HSBC de Brickell

Pepper, un robot desarrollado por el gigante japonés de las telecomunicaciones SoftBank, recibirá a los clientes en el HSBC de Brickell, en Miami.
Up Next
Pepper, un robot desarrollado por el gigante japonés de las telecomunicaciones SoftBank, recibirá a los clientes en el HSBC de Brickell, en Miami.

Se calcula que para 2025 más de la mitad de las tareas serán realizadas por Inteligencia Artificial (exactamente el 52%, según el Foro Económico Mundial). No hay que ver esta revolución laboral como un problema; en mi opinión, estamos ante una oportunidad.

La automatización de las tareas afecta a empresas y trabajadores, a la sociedad entera. Nos guste o no, se trata de un proceso inevitable e imparable.

Los reclutadores dicen que hay aspectos en los que un robot no puede sustituir a un humano. Son esos momentos que ocurren cada día en los que un compañero necesita que otro le tienda la mano, un empleado brinda una solución satisfactoria a un cliente insatisfecho, un jefe de equipo disipa un clima de tensión amenazante y otro eleva la imagen corporativa con una buena respuesta en Twitter. Pero ¿podremos en el futuro hacer seres con Inteligencia artificial que puedan sustituir nuestra parte más humana?

Son muchas las competencias emocionales propias del hombre y que ahora damos prioridad en las empresas:

1. Comunicar cara a cara. En un mundo donde la comunicación electrónica gana terreno cada día, es muy importante saber conversar en persona con los demás. Se trata de una habilidad esencial, en la que Siri, Cortana o Alexa por ahora no podrán sustituir a una persona con capacidades de escucha activa. Pero, ¿llegará?

La comunicación personal implica mirar al otro, prestarle atención, no interrumpirle, ofrecerle respuesta, enriquecer la retroalimentación, detectar sus emociones y saber gestionar las propias.

2. Solucionar problemas. Un robot puede estar programado para responder a multitud de situaciones, y las personas con habilidades emocionales encuentran soluciones sin dejar al margen el efecto que estas tendrán sobre las personas. Eso es lo que verdaderamente va a impulsar la productividad empresarial. Pero, ¿qué pasará si a través de los algoritmos, creamos máquinas programadas para crear dicho efecto?

3. Ser flexibles. El mundo es cambiante. Trabajamos sujetos a miles de variables, en equipos multidisciplinares y multiculturales. Las personas que saben adaptarse rápidamente a los cambios, que son flexibles y que encuentran soluciones creativas a los retos, no necesitan que nadie las programe para nuevas situaciones. Pero ¿qué ocurrirá si los robots se programan para buscar nuevas formas de adaptarse y soluciones?

Según escribo, me viene a la mente la compañía de robótica Boston Dynamics, creadora de sofisticados ingenios que han puesto a prueba nuestras emociones. Sus grabaciones, en las que los humanos maltratan a los robots, deberían dejarnos tan indiferentes como el sufrimiento de un balón de fútbol durante un partido. Pero no es así. Nos cuesta ver al cuadrúpedo BigDog recibir patadas o al humanoide Atlas soportar una paliza.

Boston Dynamics nos arranca una sonrisa al final de sus vídeos cuando aparece para aclarar que “ningún robot ha sufrido daño durante el rodaje”. El sentido del humor es una de las mayores diferencias entre humanos y robots. Cultivémoslo.

Es un buen ejercicio constatar que empatizamos con los robots, a pesar de que no debería ser así: sentir pena de una máquina o acatar sus órdenes puede resultar muy peligroso. Reflexionemos.

Twitter: @EstrellaFloresC. http://www.ieieamerica.com/

  Comentarios