Opinión

Cuba hecha añicos y la penosa adulación del tirano

Dos personas caminan frente a un edificio que colapsó por las lluvias, en noviembre de 2013 en La Habana.
Dos personas caminan frente a un edificio que colapsó por las lluvias, en noviembre de 2013 en La Habana. AP

La celebración oficial del nacimiento del dictador Fidel Castro, cada año, suele poner a prueba el execrable nivel de adulación que caracteriza, penosamente, a una parte de la clase artística e intelectual de la isla.

Por suerte, los más recientes saraos ocurren en su ausencia, lo cual ha contribuido a la sanidad material y espiritual de la nación. Algunos de los escritores y artistas con dignidad, en medio del atropello totalitario, optan por el silencio.

Ya no se sufre su falsa modestia, cuando los pioneros, arrobados ante su presencia paterna, le cortaban un cake para conmemorar la ocasión, porque solía confesar en sus entrevistas, sobre todo a periodistas extranjeros, que estaba en contra del culto a la personalidad.

Tal vez, desde las confesiones de Amaury Pérez, reconociendo en la prensa que Fidel Castro era su “padre putativo”, ningún otro cantante había logrado subir la cota de lisonja, como lo hizo en esta ocasión el intérprete Francis del Río, ex integrante del grupo Interactivo.

Estas fueron algunas de la sandeces escritas en su muro de Facebook: “Un día como hoy, hace ya 93 años, nació uno de los hombres más importantes del género humano.

“Fidel Castro Ruz significa para todos los cubanos dignos que nacieron dentro del proceso de La Revolución, y que se respetan, un ejemplo de liderazgo en función de su pueblo y del mundo entero. Un día como hoy, lamentablemente, muchos no lo reconocen como tampoco reconocieron a Martí, a Maceo, a Bolívar, a El Che, a Lenin y a muchos otros líderes políticos en su momento”.

Estas opiniones y otras emitidas por Del Río, que no vale la pena enumerar, parecen bruscas y disparatadas al cabo de 60 años de ignominia. Sobre todo porque provienen de una persona joven.

Sin embargo, corresponden a la misma filosofía, tal vez con ciertos giros culteranos, de otros defensores intelectuales del castrismo, como el recientemente fallecido Roberto Fernández Retamar, quien cargaba como un fardo pesado el no haber peleado en la Sierra Maestra ni en el llano citadino y era agraviado por su jefa en Casa de las Américas Haydee Santamaría, debido a ese cargo de conciencia, ya expuesto por Ernesto Guevara en sus escritos doctrinarios al referirse a los intelectuales cubanos.

Ciertamente ya no quedan muchos comisarios de la generación de Retamar, aunque los abogados del dictador siguen tratando de hacer valer su figura de soslayo, como lo formulara recientemente la funcionaria Lola Calviño, en un programa de televisión, al referirse a sus encuentros con el sátrapa voluntarioso en casa de Gabriel García Márquez, cuando se ideaba la Escuela de Cine de San Antonio de los Baños.

Sus íntimas anécdotas y conversaciones con Castro, en un nivel de vida vetado a la gran mayoría de sus coterráneos, y el hecho de echar de menos aquellos tiempos de unidad ideológica, cuando ella debía lidiar con representantes de la policía política para dirigir la mencionada escuela, expresan un compromiso directo con la represión que diera al traste con tantos proyectos culturales en las antípodas castristas.

Ni Retamar, ni Calviño, ni Miguel Barnet, ni Fina García Marruz, ni Abel Prieto, ni Silvio Rodríguez, entre otros juglares de la dictadura, ostentan una obra mayor que les perdonará o disipará, en el futuro lejano, su complicidad con un régimen que ha hecho añicos los valores de la República.

La venganza del pueblo acosado y maltratado por una ideología impuesta a sangre y fuego, sin alternativa, será el olvido. Investigadores pertinaces, tal vez, busquen en sus obras algunas respuestas a la debacle. Durante el deshielo cubano, en la fiesta de libertad que nos mereces, no esperen piedad los secuaces de tantos desafueros.

Twitter: @alejandroriostv.

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