El empresario: factor clave en la recuperación de Cuba y Venezuela
Mucho se ha dicho sobre el papel primordial que jugarían los empresarios en la reconstrucción democrática de Cuba y Venezuela, tras lo cual también le tocaría el turno a Nicaragua y Bolivia, que caerían como fichas de dominó una vez desaparezcan los dos primeros. Pero poco se ha dicho acerca de lo que están haciendo ahora los empresarios para ayudar a propiciar esa caída.
Primero hablaremos acerca del espíritu que caracteriza a los empresarios. En el término más amplio, el empresario es un individuo que en forma personal o colectiva aporta capital y trabajo para producir bienes y servicios, los cuáles serán ofrecidos en venta con objeto de lograr un beneficio.
Hay empresarios sagaces, que con su visión y tenacidad logran amasar una fortuna en un tiempo relativamente corto. Sin embargo, la pregunta es ¿qué los impulsa a seguir expandiéndose aún cuando económicamente tengan la vida resuelta? Por ejemplo, un empresario con $60 millones neto, sigue invirtiendo. Su capital teóricamente aumentará a unos $200 millones, digamos en los próximos 10 años. ¿Acaso ahora ese empresario vivirá mejor, se alimentará más, tendrá mayores casas y autos más lujosos?
La respuesta probablemente es no, entonces, ¿qué lo impulsa a aumentar sus negocios? Pudiera ser un aspecto psicológico. Tal vez pretenda que su nombre sea cada vez más reconocido e incluso, que eleve su posición entre la lista de los más adinerados. Apartando estas motivaciones que indudablemente también existen, a la mayoría de los empresarios les gustan los retos y quieren ser vencedores en ellos. Les apasiona salir triunfantes en sus empresas.
Tal vez muchos piensen, ¿pero es inteligente seguir asumiendo riesgos cuando ya dispones de una fortuna? No, solo que el empresario apuesta a ganar y tiene el convencimiento del triunfo. Lo importante de ese espíritu emprendedor es que en el proceso crean empleos, desarrollan a la sociedad y hacen crecer la economía del país.
Es por eso que el empresario no debe tener las manos atadas para establecer sus negocios, como ocurre en los regímenes comunistas donde la economía no funciona porque los individuos no tienen interés.
Existen importantes puntos de inversión ahora para los empresarios, donde habrá mucho por hacer, por ejemplo en Cuba y Venezuela una vez desaparezcan sus tiránicos regímenes. Desde luego, también hay mucho que se debería estar haciendo ahora mismo para participar en esos negocios.
En el área de Miami, y en otras regiones de EEUU y del mundo, existen organizaciones cubanas y venezolanas que se reúnen regularmente con objeto de denunciar los atropellos que sufre la población en esos países, a la vez que se discuten diversas y creativas formas de colaborar con la libertad de ambos países. Lo que llama la atención de esto es que Cuba ya va por 61 años y Venezuela por 20 y hasta ahora “no se le vé el queso a la tostada”.
Quizás, principalmente los empresarios cubanos y venezolanos, y también otros, pudieran contribuir más activamente en el finiquito de estas dictaduras. Por ejemplo, una forma de colaboración bien efectiva por su alcance, sería la producción de una película de Hollywood con director y actores galardonados donde se visualice la cruda realidad de esas dictaduras, que muestre las golpizas, las ejecuciones, la represión y la miseria generalizada que caracteriza a esos regímenes.
También, otra alternativa que seguimos mencionando sería la creación de una asignatura elemental y secundaria donde se destaque las virtudes de la democracia, comparándolas con el ineficiente y tiránico modo de producción en Cuba y Venezuela. Este curso de anticomunismo mantendría encendida la llama de la libertad a la vez que combatiría el lavado de cerebro que continúan haciendo los marxistas en los centros de enseñanza de todo el mundo.
Evidentemente, con un capital más generoso, destinado igualmente a actividades proselitistas dentro de esos países, el derrumbe del bloque comunista latinoamericano estaría más cercano.
Aunque es aventurado decirlo, se estima una inversión inicial de unos $100,000 millones en Cuba y unos $45,000 millones en Venezuela para recuperar ambos países. La propia reactivación de los registros mercantiles y la posterior emisión de bonos de la deuda pública allí, garantizarían los fondos para la reconstrucción. Desde luego, sería un campo muy fértil para los emprendedores.
En las Iglesias cristianas los fieles suelen aportar una contribución conocida como el “diezmo”. Tal vez entre los empresarios cubano-venezolanos una cantidad similar sería muy significativa a los fines de la libertad de sus países.
¿Quién le pone el cascabel al gato?
Economista y periodista. Twitter: @DeYURRE.