Opinión

La Habana no aguanta más, es una ciudad en ruinas

La Habana es una ciudad en donde se han reconstruido varios edificios importantes, especialmente en La Habana Vieja, pero en muchos sectores la mayoría de las viviendas y edificios están en pobres condiciones.
La Habana es una ciudad en donde se han reconstruido varios edificios importantes, especialmente en La Habana Vieja, pero en muchos sectores la mayoría de las viviendas y edificios están en pobres condiciones. Orlando Sentinel

No, no es el título de la famosa canción de Los Van Van, aquella que aludía a la llegada de unos inesperados parientes a La Habana en la cual, según el estribillo, ya no cabía más gente.

La Habana no aguanta más, es cierto; pero no por el arribo de personas de otras provincias, como decía la letra de aquella guaracha, sino porque literalmente se está derrumbando.

Hace unos meses cayó parte del edificio Aurora, cerca del Parque Trillo en el barrio de Cayo Hueso, convertido hace unos años en un solar en el que malamente conviven decenas de familias.

Ahora, hace apenas unas semanas, fue uno ubicado en la calle Monte casi frente al Capitolio Nacional y a solo unas cuadras del Parque de la Fraternidad.

La Habana de hoy, a la que Alejo Carpentier describió alguna vez como la “ciudad de las columnas”, se ha quedado sin ellas. Y también sin balcones, portones ni ventanas.

En las antiguas mansiones de El Vedado han desaparecidos sus vitrales y cedidos sus techos; mientras que en las de La Víbora la hierba mala se apodera de sus jardines y la basura se acumula en sus aceras.

Es verdad que el Centro Histórico de La Habana Vieja, con todos sus palacios, castillos y edificios emblemáticos, ha sido restaurado; pero en el recién remozado Hotel Saratoga, donde vivió parte de la emigración española de la postguerra civil, no han albergado a ninguno de los damnificados del derrumbe. Ni tampoco en el antiguo Palacio de los Condes Monte Hermoso, en la Plaza de San Francisco, hoy convertido en un hotel de cinco estrellas para disfrute del turismo internacional.

Es verdad también que a la Plaza de la Catedral le han devuelto su viejo esplendor colonial; pero en los barrios de Jesús María y Los Sitios, las casas siguen desplomándose con cada aguacero.

La Habana, quién lo duda, es una ciudad en ruinas. Algunos han llegado a compararla a veces con el Berlín de finales de la Segunda Guerra Mundial. O con el Londres de los bombardeos nocturnos de la Luftwaffe alemana.

¿Es una comparación exagerada? Es posible. Lo cierto es que La Habana, detenida en el tiempo, se deshace a pedazos. Su futuro, como alguna vez predijo el fallecido arquitecto Mario Coyula, se avizora apocalíptico: “La Habana podría terminar, en una visión dantesca, como un gran anillo de basura consolidada o como un cráter vacío que en el centro alguna vez tuvo una ciudad”.

Este año han sido reportados más de 700 derrumbes en toda la isla. Las escenas, captadas en los celulares, se han vuelto cotidianas: se cae un techo, una pared y un balcón; por suerte sin ocasionar víctimas.

Los moradores comienzan entonces a retirar los escombros por su cuenta en un esfuerzo por salvar sus pertenencias —un escaparate por aquí, una colchoneta por allá— mientras esperan por los camiones y las grúas.

Los videos, subidos a las redes sociales, siempre terminan con una pelea entre los airados vecinos y los funcionarios del gobierno que acuden al lugar prometiendo que “todo se va a resolver”.

Al final, nada se resuelve y los pobres inquilinos quedan atrapados entre los escombros, sus muebles rotos y las falsas esperanzas de un futuro mejor.

El discurso político de la dictadura cubana está agotado. Después de 60 años, la justicia social es una utopía que se desvanece entre los excesos de los hijos de Fidel y los nietos de Raúl.

Y entre los cubanos que reciben remesas y los jubilados que languidecen en el cuartucho de un solar del barrio de Atarés. O entre los que recibieron un iPhone 7 desde Miami y los que todavía cocinan con reverberos.

Si, La Habana se derrumba poco a poco. Y, al parecer, no hay nadie que pueda apuntalarla.

Escritor cubano. Correo: manuelcdiaz@comcast.net.

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