Opinión

Contrastes turísticos en El Caribe

Foto sin fechar de la actriz y princesa Grace Kelly tocando un piano. Hoy día el instrumento está en exhibición en el hotel Breezes en Las Bahamas.
Foto sin fechar de la actriz y princesa Grace Kelly tocando un piano. Hoy día el instrumento está en exhibición en el hotel Breezes en Las Bahamas.

Por los años 80, el autor cubano Jaime Sarusky, me encargó escribir los textos promocionales de un libro, que a la sazón, celebraba las virtudes geográficas y sociales del Caribe a propósito de un festival sobre la región que se celebraría en La Habana.

La semana pasada, durante una breve incursión de apenas dos días a Bahamas, de donde nos separan solo 35 minutos de vuelo en avión, pude disfrutar, finalmente, aquella sucinta investigación que diera como resultado el mencionado libro conmemorativo del evento.

Nos hospedamos en el legendario Hotel SuperClubs Breezes, erigido sobre el terreno donde estuviera Westbourne, la residencia del millonario minero canadiense Sir Harry Oats, quien en 1940 tuviera como huéspedes al Duque y la Duquesa de Windsor durante algunos meses.

El Príncipe Eduardo fue nombrado Gobernador de las Bahamas, luego de abdicar como Rey para casarse con la norteamericana Wallis Simpson, divorciada en dos ocasiones, en todo un controversial capítulo de la realeza británica.

Resultó curioso constatar que las áreas comunes del hotel, dependían de la brisa marina y no de nuestro socorrido aire acondicionado. Circunstancia que había olvidado como posible. La adaptación fue casi inmediata e insospechada.

Las aguas de Cable Beach, en la isla de Nassau, son transparentes y sin sargazos, como uno se imagina el Caribe.

Disfrutando las primeras horas en el mar tropecé con dos matrimonios de compatriotas, pasándola bien.

La pareja de la tercera edad decía no regresar a Cuba, por principios, y prefería la alternativa que ahora disfrutaban.

La otra, de mucho menos edad, integra las huestes pícaras que nutren con su indiferencia y complicidad la larga y agobiante dictadura cubana.

Trataban de convencer a los mayores que deleitarse en las preciosas playas cubanas no tenía connotaciones políticas de ninguna índole. “Vayan, no se dejen intimidar por el qué dirán, mi padre fue preso político y ya ven”, decía la proselitista mujer, mientras los ancianos no parecían muy convencidos de aportar su granito de arena al sostenimiento de los militares que lucran con el turismo cubano.

La animada conversación de mis coterráneos en la arena blanca de Cable Beach también derivó al mito de que todos estos destinos turísticos en el Caribe existían y habían progresado por el agobio castrista.

Es verdad que la inoperancia económica y social de la dictadura ha tratado de animar nuevas inversiones de tan importante industria durante los últimos años, cuando perdieron los tradicionales réditos de mantenimiento, rusos, entre otros.

No conozco si el excelente servicio que suelo recibir en la Riviera Maya, Santo Domingo y ahora en Bahamas es comparable al que pueden ofrecer mis compatriotas, acomplejados por servir a personas que parecen superiores, por el solo hecho de trabajar, como ellos, y poder decidir a dónde pasarán sus vacaciones.

Ni hablar de que al regresar a sus hogares, carecerán de productos elementales como jabones, cremas y el papel sanitario que acaban de dispensar, sin descontar el alimento siempre tan escaso y de precios incongruentes.

En el hotel Breezes de Bahamas pude ver turistas locales y de muchos otros rincones del mundo. Una australiana, confesó haber volado durante 20 horas para recrearse en la calidez de aquel sitio.

Pero regreso a la esencia del turismo, el solaz esparcimiento y descubrimiento de otras geografías e historias.

Al explorar el pintoresco hotel, encontré un piano en exhibición junto a la foto de la actriz y luego Princesa Grace Kelly, palpando su teclado. Resulta que cuando se casó con el Príncipe Rainiero III de Mónaco en 1956, pasaron la luna de miel en el yate Deo Juvante, regalo de bodas de Aristóteles Onassis, donde Kelly disfrutaba haciendo música en el mencionado instrumento.

La leyenda cuenta que los dueños de Breezes Resorts, compraron el yate en 1987 que incluía el legendario piano y decidieron ponerlo en exposición como curioso atractivo.

Twitter: @alejandroriostv.

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