Opinión

La Amazonia se quema y el mundo se asfixia

Qué dolor terrible ver las imágenes de satélite del pulmón del mundo quemándose a velocidades inimaginables.

En Brasil, los incendios han avanzado un 83% desde que el Presidente Jair Bolsonaro empezó a ignorar los problemas del medioambiente. La cifra de incendios le quita a cualquiera el aliento: ¡74,000 en un año! La deforestación, según registra la BBC, creció un 270% comparada con periodos anteriores.

La selva arde y muere, y los pronósticos de cómo impactará esa tragedia al mundo aún no se comprenden en toda su magnitud.

Las caritas de mis niños al ver lo que está pasando en esos bosques, al imaginar lo que podría ocurrir con su futuro, con su propia salud (porque entienden este problema perfectamente, digo, para algo se enseña Ciencias en las escuelas) son para llorar.

Es justo en momentos así cuando aborrezco a todos los que no creen que el cambio climático, o dicen estar preocupados por el calentamiento global pero permanecen cruzados de brazos. O tiran a la basura esfuerzos globales para rescatar al medioambiente, como el presidente Donald Trump, que una de las primeras cosas que hizo fue precisamente retirarse del Acuerdo de París. De hecho, Estados Unidos es el único país industrializado que no forma parte de dicho pacto para mitigar los efectos del dióxido de carbono que recalientan el planeta.

Ello por no mencionar a algunos representantes del Partido Republicano extremo, como el senador de la Florida, Rick Scott, cómplice de los daños ambientales que han sufrido nuestros suelos y nuestras aguas durante los últimos años.

Pero volvamos al caso patético de Bolsonaro. Este individuo, que debilitó los controles para que las industrias mineras y agrícolas pudieran expandir sus tentáculos robándole terreno a la selva, ahora tiene la osadía de culpar de los incendios a organizaciones no gubernamentales que, según él, estarían buscando dañar su imagen para sabotear a su gobierno.

ONG defensoras de la ecología a las que el gobierno extremista brasileño quitó los fondos y estarían tan molestas, es por ello que decidieron quemar la selva amazónica. Esa es la patraña que Bolsonaro espera que nos creamos.

El Doctor Carlos Nobre, una de los principales expertos brasileños en cambio climático, asegura que al ritmo de deforestación actual, en los próximos 20 o 30 años una gran parte de la Amazonia estará arruinada. Eso significa que más de la mitad de las selvas actuales quedarían reducidas a sabanas, en un proceso trágicamente irreversible.

Carente de respuestas ante tan dramática aseveración, Jair Bolsonaro solo atinó a responder con sarcasmo que él no es Nerón. Probablemente no lo sea, pero si continúa con sus políticas que directa o indirectamente están avivando los incendios en el Amazonas, entonces seguramente pasará a la historia como una figura más dañina para el mundo que el despótico emperador romano.

Escritora colombiana. Twitter: @sabinacovo.

  Comentarios