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Opinión

El auge del socialismo en la cultura de la dependencia

Programas como GoFundMe utilizan las redes sociales para pedir dádivas a familiares, amistades y extraños a beneficio de la causa que usted decida, escribe Anólan Ponce.
Programas como GoFundMe utilizan las redes sociales para pedir dádivas a familiares, amistades y extraños a beneficio de la causa que usted decida, escribe Anólan Ponce. Fuente: gofundme.com

Uno de los efectos negativos de los programas de bienestar social es que tienden a crear una peligrosa cultura de dependencia que aleja a la persona de la responsabilidad individual, la noción de que cada uno es responsable de sí mismo, de sus éxitos y fracasos.

La idea proviene del siglo XVII cuando el individualismo se colocó al centro de la vida política, económica y social del mundo entonces en proceso de industrialización. Los principios de “laissez-faire” sostenían que el mercado debe ser libre para regularse a sí mismo, y que la intervención del gobierno en la economía y la sociedad causa más daño que bien.

Al mismo tiempo, la creencia era que “todo es posible para quienes trabajan y muestran iniciativa, porque Dios ayuda a quienes se ayudan a sí mismos”. La autoayuda era considerada la mejor manera de progresar, y cualquier asistencia al necesitado debía ser una que alentara independencia y responsabilidad individual, no dependencia y pereza.

Ahora parece que nos hemos alejado del concepto, y una cultura de dependencia ha penetrado todos los estratos sociales. Pruebas de ello son visibles en programas del muy creativo sector privado que a diario toma nota de nuestras costumbres, consumismo, y tendencias, y ha creado novedosas maneras para prosperar en la cultura de la dependencia, aprovechando la falta de responsabilidad individual.

Me refiero a programas como GoFundMe que utiliza las redes sociales para pedir dádivas a familiares, amistades y extraños a beneficio de la causa que usted decida, ya sea un familiar enfermo, cesantía laboral, o el deseo de enviar a su hijo a Australia para estudiar la vida de las abejas. Homefundit que recientemente mereció un artículo en este periódico, es otro programa novedoso que facilita la compra de una vivienda a través de una campaña de recaudación en las redes sociales que le permite reunir el pago de entrada entre sus familiares y amigos.

Este traspaso de responsabilidad individual al entorno personal o a la sociedad en pleno a través de Facebook, Twitter o Instagram equivale a mendigar de puerta en puerta. Años atrás resultaba algo vergonzoso, inconcebible si se tenía empleo; pero hoy no existen barreras, bochorno, o estigma asociado con ello porque aceptamos la cultura de la dependencia, nos creemos víctimas, y nos vamos acostumbrando a pedir.

En este ambiente es normal que el concepto de un ingreso básico universal o ingreso garantizado, cobre popularidad. La pequeña localidad de Stockton, California, lo ha sometido a ensayo con un programa piloto por 18 meses. Este programa garantiza, sin compromisos tales como requisitos de empleo o sobriedad, una entrada mensual de $500 a 130 familias. La ciudad de Chicago parece que muy pronto hará lo mismo, excepto que la suma será mayor: $1,000 mensuales a 1,000 familias. La fuertemente subsidiada ciudad de Newark que solamente en fondos estatales para educación percibe ya casi un billón de dólares anuales, coquetea con la idea.

A nadie parece importarle que el mismo experimento falló en Finlandia y en la ciudad de Ontario, Canadá. La idea prende porque caminamos ahora por el fértil terreno de la dependencia, el mismo que ha hecho posible que el socialismo no sea ya una “mala” palabra en Estados Unidos.

Por ello abiertamente lo promueven los candidatos demócratas a la presidencia, intentando seducirnos con su larga lista de “regalos” si llegan al poder: educación, seguro médico, y medicinas gratis; viviendas a bajo costo, etc. La plataforma demócrata socialista se asemeja a esos complejos turísticos que anuncian “Todo Incluido” en prominentes letras.

Les falta aclarar que estos “regalos” del socialismo tendrán un alto costo que no es precisamente el aumento en impuestos que recaerá sobre los que han hecho del arduo trabajar, el ahorro y la responsabilidad individual el mantra de sus vidas. A cambio de sus “regalos”, el socialismo nos despojará de nuestra independencia, anulará los incentivos y aplastará nuestra ambición, privándonos también de nuestro orgullo en el éxito obtenido.

Y al igual que en el cuento de Franz Kafka, La metamorfosis, un día despertaremos convertidos en un gigantesco insecto, una cucaracha; corriendo por las paredes con rumbo desconocido, ingiriendo desperdicios podridos.

Todo por haber intercambiado nuestra responsabilidad individual y la independencia que conlleva por la dependencia del socialismo y su miseria compartida.

Escritora y activista de derechos humanos.

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